Rajoy no pagó a Trías Sagnier los 40.000 € de la minuta por trastear al juez Pedreira

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Cubierta del libro de Ernesto Ekaizer.

Mariano Rajoy Brey tenía tanta confianza en la probidad, las sólidas coartadas y las firmes tapaderas de su tesorero Luis Bárcenas Gutierrez que, por si acaso, aceptó los buenos oficios del letrado y exdiputado del PP Jorge Trías Sagnier con el juez Antonio Pedreira para que le mantuviera informado del proceso. ¿Presiones al instructor de los aforados con las manos en la trama Gürtel? ¡No, por Dios! ¿Orientaciones para desviar los temblorosos pasos del magistrado de los pagos al “preimputado” L.B. o Luis el cabrón, al que Mariano colocó de senador por Cantabria y ascendió a tesorero del partido, y a la esposa de éste, Rosalía Iglesias, mujer desmemoriada e ignorante de su fortuna? ¡Ni por asomo, vamos!

Con el argumento de que a Rajoy le interesaba conocer de primera mano la suerte procesal de Bárcenas, el periodista y logógrafo de Trías Sagnier en este caso, Ernesto Ekaize, ha escrito un libro de actualidad y a posteriri sapientia, titulado El caso Bárcenas (Editorial Espasa). Sus 243 páginas en un tipo de letra generoso y con interlineado de vía ancha recorren dos años y medio de vicisitudes del tesorero del PP. Es el tiempo que va desde su preimputación como beneficiario de la 'trama Gürtel' a la aparición de su fortuna en cuentas numeradas en Suiza y la inmediata revelación de los sobresueldos que, con cargo a las mordidas o “donativos empresariales”, distribuía entre los principales dirigentes del PP. Ya se sabe que según los llamados “papeles de Bárcenas” trincaban todos, desde Francisco Álvarez Cascos a Javier Arenas, pasando por Jaime Mayor Oreja y acabando en Rajoy y María Dolores de Cospedal. Todos, menos José María Aznar, que sólo pedía dinero a los empresarios para echar a Felipe González.

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El libro de Ekaizer aporta algunos detalles nicomédicos (por detrás) dignos de mención. Uno es la minuta de 69.600 euros (con IVA) que el diputado y responsable de libertades públicas del PP, Federico Trillo Figueroa, actual embajador en Londres, cobró al partido por “coordinar las defensas” de los altos cargos imputados en la Gürtel. ¿Defensa de los imputados cuando el PP ejercía al mismo tiempo la acusación particular como damnificado? ¿Cómo se explica? Los estrategas del campamento barceniego sospechaban que a Trillo sólo le interesaba defender a Francisco Camps y los suyos. En contraste, la minuta de 40.000 euros que Trías Sagnier endosó al PP por su influencia ante Pedreira quedó impecune.

Cuando Rajoy acepta los buenos oficios de Trías Sagnier ante el juez instructor del Tribunal Superior de Justicia de Madrid ya ha pronunciado su famosa frase: “Estoy seguro de que nadie podrá probar que Bárcenas no es inocente”. Es el 2 de abril de 2009 y, poco tiempo después, el entonces jefe de la oposición le confiesa a Trías en su despacho: “En realidad van a por mí. Por eso ponen tanto empeño en centrar los ataques en Luis Bárcenas. Pero no lo van a conseguir. Quieren presentar esto como una nueva Filesa. Pero no es así, no hay financiación ilegal, te lo aseguro”. No sólo Rajoy conoce el poder derivado de las prácticas B de Bárcenas; también la suerte del tesorero preocupa muchísimo a su amigo Cascos y, desde luego, a la actual ministra de Sanidad y directiva del PP, Ana Mato, y a Javier Arenas.

Cuenta Ekaizer el gran interés de Mato por las novedades e impresiones que sobre Pedreira les transmite Trías. Y explica cómo Arenas introduce a “un propio” en el peregrinaje que realiza Trías al despacho del juez. Se trata del abogado Pedro Gómez de la Serna, que ha sido asesor de su campaña en Andalucía en 2008 y ha trabajado con Mayor Oreja y el propio Rajoy en el Ministerio del Interior como director ejecutivo de Infraestructuras Penitenciarias. En la actualidad es portavoz del PP en la Comisión Constitucional del Congreso.

El peregrinaje de Trías al despacho del juez Pedreira es constante, incesante; Ekaizer lo documenta, fecha tras fecha, hasta que el juez, un hombre enfermo que quiere instruir sin interferencias políticas, pega el carpetazo, primero, a la imputación de la mujer de Bárcenas y después a la del propio Bárcenas por “la inconsistencia” de las pruebas contra él. Cierto es que el archivo provisional que ordena Pedreira carece de eficacia, pues lo dicta cuando ya no es competente y el sumario ha vuelto a la Audiencia Nacional. Y lógicamente, más allá de la desbordante algazara de algunos dirigentes indocumentados, Rajoy no paga victorias pírricas.

En cambio, la estrategia de Trillo de arremeter contra la investigación que dirige el juez Baltasar Garzón, lleva a los abogados del empresario de medios de comunicación Ulibarri, implicado en la trama Gürtel, a acusar al juez de ordenar escuchas supuestamente ilegales entre los letrados y sus clientes. Garzón es alanceado y expulsado de la carrera judicial por sentencia del Tribunal Supremo. Su procedimiento para evitar la destrucción de pruebas y la fuga de dinero es tan lógico y legítimo que Pedreira prorroga todas las escuchas que aquél había ordenado. Pero nadie se rasga las vestiduras ni las considerara ilegales.

Trías Sagnier, que también mantiene al corriente a Bárcenas y a sus abogados Bajo y Trallero sobre sus contactos con Pedreira y es invitado a un fantástico viaje de aventura intercontinental por el tesorero, recibe en su despacho de manos de Bárcenas las 14 páginas fotocopiadas del libro de contabilidad secreta con los pagos ocultos de los empresarios y los sobresueldos a los dirigentes. Es la bomba con la que el extesorero amenaza a Rajoy, ya públicamente, cuando los datos de la comisión rogatoria a Suiza, inicialmente ordenada por el juez Garzón, llegan a la Audiencia Nacional y desvelan la fortuna del personaje, inicialmente beneficiado por la amnistía fiscal del Gobierno de Rajoy.

Si el líder del PP pagó y amparó a Bárcenas durante dos años, el roldanesco impacto de su fortuna en Suiza le convirtió en un sujeto indefendible. La publicación en el diario El País de los papeles con los pagos y sobresueldos a la cúpula del partido le transformó en innombrable. El libro no despeja si la burlesca peineta de Bárcenas en Barajas, al regreso de un viaje de esquí y aventura en Canadá, iba dirigida a las personalidades estercolarias de su partido, a los medios de comunicación o al conjunto de los ciudadanos honrados, machacados por la crisis por haber vivido “por encima de nuestras posibilidades”, al decir de gobernantes y dirigentes sobrecogedores.

El libro de Ekaizer no olvida a la lideresa Esperanza Aguirre. Ella pidió a Rajoy que echara a Bárcenas y el relato recoge el testimonio del tesorero, según el cual, él mismo influyó en su pupilo y actual presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, para que se adjudicase la contrata de la seguridad de la Ciudad de la Justicia a la empresa Serysegur. Se trataba de “echar una mano” a dos amigos de “la familia” política, el exconcejal de Madrid Ignacio del Río y el exdirector de innovación tecnológica del PP, Álvaro de la Cruz, que fue jefe de gabinete de Cascos. Ambos llevaban las riendas de la empresa de seguridad y consiguieron la contrata por 400.000 euros. En cambio no obtuvieron la del edificio de la Puerta del Sol, sede de la presidencia madrileña, porque Segur Ibérica les ganó la partida. La secretaria del consejo de administración de ésta era Marta Gil de Biezma, prima de Esperanza Aguirre.

Más allá de algunas puyas vengativas, destaca en el relato la habilidad de Trías Sagnier para meterse en el charco y bogar entre el instructor judicial, la dirección del PP y el campamento barceniego. Trías, que no conocía a Bárcenas, aunque sí a su amigo el senador Luis Fraga, sobrino del presidente fundador del PP y vinculado a las cuentas suizas; que tampoco conocía al juez Pedreira, al que luego acompañaba en almuerzos y paseos, y que tampoco tenía trato con Rajoy, aunque luego acudía a su despacho y resultó que los hijos de ambos coincidían en el autobús del Colegio Inglés… En fin, Trias Sagnier, un hombre de Aznar.

2 Comments
  1. Ciro says

    Aunque todo o casi toda la corrupción pepera haya prescrito, no sé a qué están esperando para hacer un culebrón y ponerlo en alguna televisión, aunque sea en la sexta

  2. Ana says

    Amigo Ciro, recordaría demasiado al Padrino.

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