No hay insumisión de Mas, sino un pacto con Rajoy

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, durante el Consell Executiu, en el que se decidió, ayer, prorrogar los presupuestos para este 2013. / Toni Garriga (Efe)

Artur Mas anunció ayer su decisión de prorrogar los presupuestos de Cataluña para 2013. Estaba cantado, además de atado y bien atado. Pese a que en Cataluña Mas y CiU tratan de teñir de tintes rebeldes o, cuando menos, insumisos la decisión, existe un acuerdo -como ya adelantó en su día cuartopoder.es-  entre los gobiernos catalán y español para que los catalanes se desmarquen del objetivo de déficit impuesto por el ministro Cristóbal Montoro y, más allá del ruido en los primeros días posteriores a la toma de esta decisión, no haya represalias económicas, tal como reclaman para estos casos organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El guión está escrito desde la pasada primavera: el gobierno de Mariano Rajoy no podía permitirse  defender ante las comunidades autónomas que gobierna un trato de favor claro y evidente hacia los "díscolos catalanes", mientras imponía un "trágala" al resto de autonomías. Y el gobierno de Mas no podía permitirse otro ajuste adicional de alrededor de 2.600 millones de euros. Por eso, Cataluña y sus gobernantes han simulado un gran disgusto por la decisión de Montoro de limitar su objetivo de déficit a un 1,58% de su PIB y han reclamado los 750 millones de euros que, de acuerdo con el Estatuto catalán aprobado por las Cortes Generales el Estado tiene que pagar a Cataluña por infraestructuras no realizadas pero sí comprometidas en el presente ejercicio. En el manual de las quejas también han reclamado, como hizo el propio Mas en su comparecencia de ayer, un nuevo modelo de financiación. En su guión estaba culpar de todo a Rajoy y su gobierno, pero ser cauteloso con las palabras, para evitar poner en guardia a organismos internacionales, que podrían exigir al ejecutivo español que intervenga a una Comunidad que se rebela contra la legalidad vigente.

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En el gobierno catalán saben que no habrá intervención y que el gobierno español va a seguir ayudando a la Generalitat a afrontar pagos de intereses de la deuda contraída con bancos alemanes, como ha venido haciendo hasta ahora sin apenas hacer ruido; o a devolver el importe de los "bonos patrióticos" que emitió en su día. Aunque las relaciones siguen siendo tensas y no hay acercamiento alguno en materias tan sumamente delicadas como la intención del gobierno de Mas de convocar una consulta sobre el papel de Cataluña, dentro o fuera de España,  hay pequeños puntos de encuentro en estas cuestiones. Y, en este caso, el encuentro consiste en pactar el supuesto desencuentro y limitar daños en ambos bandos.

Este acuerdo se ha cocinado en Madrid, donde se han celebrado reuniones periódicas (en temporadas han llegado a producirse semanalmente) entre miembros de los partidos. Además, durante todo ese tiempo, después de que Rajoy y Mas escenificaran su desencuentro en el  Palacio de la Moncloa, las conversaciones entre el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y el conseller de economía,   Andreu Mas-Collell, son fluidas. Y,  a juzgar por los resultados, fructíferas.

Con todo, CiU evita el mencionado recorte adicional de 2.600 millones de euros, pero también se quita de encima un incómodo debate presupuestario en el Parlament, en el que su actual socio, ERC, no le inspiraba demasiada confianza y amenazaban, incluso, con hacerles perder la votación y obligarles a retirar los presupuestos por la fuerza. Por eso, todos los departamentos del gobierno de la Generalitat trabajan desde la pasada primavera con la idea de la prórroga presupuestaria, en lo que se refiere al control de sus gastos. Está por ver si con esta estrategia logran sacar adelante sus cuentas y su deuda, para poder normalizar sus números, ya en 2014. Seguramente será más fácil que lo logren a que consigan un Oscar por su actuación.