La ‘vieja guardia’ del PSOE se siente despreciada por Rubalcaba

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José Acosta, en una imagen de archivo. / congreso.es

La frase de un ex presidente autonómico socialista que abandonó el cargo cuando aún ganaba elecciones para dar paso a otra generación resume bien el estado de ánimo de la que comúnmente se define como 'vieja guardia' del PSOE: “Desde que me fui, me han hecho invisible”. Y se refiere a la cúpula del partido. Sobre todo desde que manda Alfredo Pérez Rubalcaba.

La mayor parte eran guerristas. Pero el sentimiento de ser menospreciados lo tienen también algunos que no lo fueron como el ex presidente madrileño Joaquín Leguina. Entre ellos lo tienen claro y todos han vuelto a ser amigos aunque tuvieran diferencias. Con Leguina, hombres como Juan Carlos Rodríguez Ibarra, José Luis Corcuera, Juan Barranco –ahora segundo de Tomás Gómez- o José Acosta viven ese sentimiento de falta de respeto a sus opiniones por parte de la dirección actual, aunque ya empezaron a experimentarlo con la anterior de José Luis Rodríguez Zapatero gracias, afirman, a la labor de zapa del ex secretario de Organización y ex vicesecretario general José Blanco.

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Caso singular entre ellos es el de José Acosta, el hombre que desde el aparato de la Federación Socialista Madrileña (FSM) forjó la organización socialista madrileña durante décadas, formando triunvirato con Leguina y Barranco. Perseguido por su fidelidad a Alfonso Guerra y por haber condenado a Zapatero, considerándolo un “traidor” a quien siempre le promovió (el exvicepresidente del Gobierno) y al propio partido, se le apartó de las listas electorales y se le negó una “jubilación” política digna como es habitual no sólo en el PSOE sino en todos los grandes partidos parlamentarios, sin distinción de ideologías.

Discreto, recordando siempre que su partido era más importante que su persona, hace más de un año que abandonó la militancia en el PSOE, aunque se ha negado siempre a cuestionar públicamente a sus nuevos dirigentes para evitar que sus adversarios de la derecha utilizaran sus manifestaciones contra el partido del que formó parte toda su vida. Cuando se le pregunta por qué se fue, siempre responde en privado: “Este ya no es mi partido. Es otra cosa de la que no me gusta formar parte”.

Pero en realidad está en la línea de otros exdirigentes que se quitaron de en medio para no ser un tapón generacional pero jamás pensaron que ello supondría su silenciamiento hasta la “invisibilidad” de la que se lamentan algunos de ellos. Indignados, precisan, pero sin rencor. Exdirigentes que todavía siguen militando en el partido pero consideran que vive una deriva hacia otro modelo de organización y de programa más basado en los partidos norteamericanos que en los socialdemócratas europeos. Partidos como el Demócrata de los Estados Unidos en los que sólo se acuerdan de la militancia, indican, cuando hay elecciones y a la que se mantiene hibernada el resto del tiempo.

“Desde las primarias es otro partido”, coinciden en señalar todos ellos. Sobre todo, añaden, lo será con las primarias abiertas que se avecinan porque ese modelo de elección del candidato deja fuera a los militantes e incluso potencia a un líder que puede ser no elegido por ellos sino por los simpatizantes o los ciudadanos que lo voten pagando simplemente un euro. Algo en lo que, por cierto, coincide incluso alguno de los candidatos que ya ha hecho público su deseo de serlo, aun a sabiendas de que las primarias abiertas son ya inevitables. “Hay que fijar muy bien, previamente, quién puede ser candidato aunque luego le voten dos millones de ciudadanos, como en el caso de Hollande”, matiza. “Si no, con ayuda de la derecha, puede salir elegido un chiquilicuatre y la habremos liado”, concluye.

La vieja guardia tiene otra característica común: todos quieren que Rubalcaba se retire y dé paso a un candidato joven respetado por el partido. Como Eduardo Madina, señala alguno, porque por lo menos ha demostrado que respeta al partido y de cuya capacidad intelectual nadie duda.

Para ellos -algunos gobernantes retirados-, “quien ha estado gobernando no puede ejercer la oposición”. Lo dicen por Rubalcaba, aunque también incluyen a Carme Chacón por haber sido ministra de Zapatero y por su condición de militante del PSC –todos son jacobinos confesos–, porque consideran que para ser secretario general del partido y candidato hay que ser del PSOE, no de un partido federado como el catalán. Con ironía, uno de ellos señala: “Chacón tiene un esplendoroso futuro como secretaria general del PSC”.

Los más son partidarios de que Rubalcaba haga un Congreso extraordinario “y volvamos a lo de antes”. O cuando menos –sabedores de que el secretario general está decidido a serlo durante los cuatro años para los que se le eligió hace dos años en el Congreso del PSOE de Sevilla–, por evitar una bicefalia entre el candidato y el líder del partido que consideran absolutamente perjudicial de cara a las elecciones municipales, autonómicas y generales. De todos modos, opinan que Rubalcaba no puede presentarse a las primarias porque, si lo hace, perderá. Y alguno añade que, si los socialistas van a las elecciones con Rubalcaba de líder, “las perdemos todas”. Por eso, sentencian, debe retirarse. Y por eso, concluyen, porque ellos dicen sus opiniones sin pelos en la lengua, es por lo que la dirección del PSOE les ha hecho “invisibles” o, como en el caso de Acosta, les ha llevado al extremo de abandonar un partido que ellos ayudaron a construir, ladrillo a ladrillo, desde que se inició la democracia.