Pedro Sánchez, valor en alza: "Trabajo para que el PSOE renueve su proyecto"

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Pedro Sánchez, durante la entrevista. / Luis Díez

La presentación del libro La nueva diplomacia económica (Delta publicaciones) del diputado y profesor universitario Pedro Sánchez Pérez-Castejón, convocó el 11 de diciembre en la librería Blanquerna de Madrid a relevantes socialistas que han apreciado su labor como coordinador de las propuestas económicas en la pasada Conferencia Política del PSOE. Junto a Ramón Jáuregui y Trinidad Jiménez, que presentaron el libro, acudieron numerosos parlamentarios entre los que se encontraban José Blanco, Diego López Garrido y la vicesecretaria general del partido, Elena Valenciano. A pocos de los presentes se les escapa que Sánchez, que cumplirá 42 años el próximo 29 de febrero, posee la capacidad y la preparación necesarias para obtener apoyos, formar equipo y concurrir a las elecciones primarias abiertas, aunque él prefiere no hablar del tema todavía, y si insistes, este profesor de Economía en la Universidad Camilo José Cela, que ha trabajado en el sector privado y en Naciones Unidas y el Parlamento Europeo, se aparta al arcén y afirma: “Yo estoy en las ideas”.

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– ¿Cómo debemos entender la diplomacia económica y qué peso atribuye a los intereses económicos sobre otros valores como la civilización y los derechos humanos en las relaciones exteriores?

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 Entendemos la diplomacia económica como la acción del Estado en defensa de los intereses económicos, lo que nos lleva a tener en cuenta que los agentes en el caso de España son, además del Gobierno y de las instituciones estatales, la Unión Europea, las Autonomías y los Ayuntamientos. En cuanto a la segunda cuestión, es evidente que hoy más que nunca la política exterior se basa en los intereses económicos. Por eso uno de nuestros retos es fortalecer la diplomacia económica de la UE, que es quien negocia en nombre de los 28 Estados miembros todos los acuerdos comerciales y quien se sienta en la Organización Mundial de Comercio en nombre de 500 millones de personas. El Tratado de Lisboa ha fortalecido el papel de la Comisión Europea como negociador de los acuerdos comerciales, pero también ha consagrado principios como el respeto a los derechos humanos, a los derechos laborales, al medio ambiente y contra el cambio climático que deben transmitirse a los acuerdos comerciales. Ese es el reto.

– ¿Cree que está justificado el recelo tradicional, incrementado ahora por el Gobierno del PP en el proyecto de ley de acción exterior, hacia las autonomías como agentes de la política exterior española?

En absoluto. La acción del sector público en las relaciones internacionales es cada vez más fragmentada, y, en consecuencia, uno de los principales retos es la cooperación. Si nos fijamos en otros países vemos que con independencia de su sistema constitucional centralista, federal e incluso chino, las regiones y las ciudades están saliendo fuera, están haciendo acción exterior, vendiendo fuera, captando inversiones. Y eso es lo que tiene que hacer España. Por eso yo creo que la Ley de Acción Exterior no debe poner puertas al campo. Las autonomías y los ayuntamientos son unos excelentes aliados de la diplomacia económica del Gobierno.

– Pero siguen siendo vistos como un gasto innecesario, una deslealtad y un estorbo.

Cuando abren sus oficinas en Bruselas y en los países europeos no hacen política exterior sino nacional. En el periodo de casi diez años que analizo en el libro se puede comprobar que han llegado a donde el gobierno del Estado no podía llegar. El riesgo es que ahora se las machaque.

– ¿Qué líneas de actuación debería seguir un gobierno progresista?

El liderazgo, indudablemente, lo tiene el Ejecutivo, pero una cosa es que sea único y otra compartido, enriquecido con los intereses complementarios. Ha habido avances. Por ejemplo, se ha creado un consejo interterritorial en el seno del ICEX con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que coordinaba la acción económica exterior. Ese es el camino. Hay un órgano que languidece, que es el Consejo de Política Exterior, y que Margallo elimina en la nueva ley. Eso es un error. Nosotros proponemos un Consejo en el que estén la Vicepresidencia del Gobierno, Exteriores y los demás ministerios junto con las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos. Los tres retos principales son el cooperativo entre Gobierno, Autonomías y otros agentes de la acción exterior, la transparencia el Parlamento debe ser el lugar donde se explique a los ciudadanos las ventajas y los inconvenientes de los acuerdos, y la inclusión entendida no sólo como la colaboración publico-privada con algunas grandes empresas, sino con las pequeñas y medianas a través de las Cámaras de Comercio y otras entidades.

– ¿Considera correcto el dumping social de Mariano Rajoy en Japón para atraer inversores?

Es un error. Lo que hace Rajoy es vender como un triunfo lo que es el fracaso de su política económica: la devaluación de los salarios. Y esto me lleva a subrayar que el aumento de las exportaciones españolas no viene acompañado de un aumento del empleo en los sectores industriales de alto componente tecnológico, que son los bienes que deberíamos exportar. El Gobierno presume de un éxito de la exportación que no aporta subidas significativas en la creación de empleo.

– ¿Qué habría que hacer?

Una política industrial liderada por el sector público en España que vincule la creación de empleo a la exportación, una planificación pública industrial que ahora mismo no existe. Para liderar hay que ser coherentes con las políticas que hacemos dentro. Hay que ser coherentes dentro para ser exitosos fuera.

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El diputado socialista, en otros momento de la conversación. / Luis Díez

– Al menos el Gobierno ha impulsado la “marca España”

Los expertos dicen que las marcas país son difíciles. Cuando las empresas salen fuera no tienen marca. Y si les incorporas la marca país has de ser coherente. Si la acción de gobierno es incoherente con lo que quieres vender, por ejemplo, si vendes cultura y recortas la cultura; si vendes renovables y recortas la política de apoyo a la energía limpia, etcétera, los españoles no asumen como propia esa marca y por tanto no puede ser exitosa. Eso sin contar la segunda variable errática, que ha consistido en no construirla de abajo arriba, lo que ha hecho que algunas autonomías no se sientan reconocidas.

– A usted le citan entre los políticos con mayor futuro. ¿Se siente con fuerza para concurrir en las primarias?

Yo estoy trabajando para que el PSOE renueve su proyecto político y para mí ha sido un honor participar con Ramón Jáuregui en la redacción del documento de la Conferencia Política. Yo estoy en las ideas.

– ¿Pero no me negará que cuando la presentación de un libro universitario provoca tanta concurrencia es porque algo pasa, porque aprecian su preparación?

Y yo lo agradezco. He trabajado en la empresa, he sido trabajador autónomo, soy profesor universitario y tengo el inmenso honor de hacer política nacional y de estar en el Congreso de los Diputados representando a los madrileños y defendiendo las ideas del Partido Socialista. Para mí es la culminación de un sueño y de una vocación que he sentido desde niño.

– En todo caso, el partido busca un líder. ¿Se atreve a levantar la mano?

Afortunadamente, en el PSOE y eso es bueno no sólo para el partido sino también para los españoles hay mucha sabia nueva, mucha gente capaz, de generaciones distintas, y creo que eso es lo bueno y lo que demuestra que en España todavía hay mucho compromiso político y que en el PSOE todas esas generaciones están representadas. Yo sólo puedo decir que me siento muy honrado de estar haciendo política.

– Antes ha comentado que falta una política industrial pública, pero también una fiscalidad más equilibrada, ¿no cree?

La reforma del sistema fiscal es la principal modernización que necesita nuestra economía. La propuesta socialista, coordinada por Inmaculada Piñero, es muy sólida. Si conseguimos que quienes más tienen, paguen más, seremos capaces de aliviar la carga de las clases medias trabajadoras, que ahora mismo son las que pagan entre el 80 y el 90% por cien de los impuestos. La clave está en incorporar todos esos patrimonios que siguen fuera del sistema fiscal.

– ¿Aplicaría de inmediato la tasa Tobin a la transacciones financieras internacionales?

Si, por supuesto; eso significaría apoyar servicios esenciales en países empobrecidos y poder financiar en España y en Europa políticas de crecimiento e inversión pública vinculadas a la lucha contra el cambio climático, que a mí me parecen esenciales. Los estudios de Nacionales Unidad cifran en 50.000 millones de euros la perdida económica anual que supone el expolio y la desaparición de la biodiversidad. No incorporar a las decisiones económicas el impacto medioambiental del desarrollo nos está resultando más costoso que provechoso.

– La izquierda europea ha alertado de que el nuevo tratado económico y comercial entre la UE y EEUU puede arrasar los menguantes derechos sociales.

Tenemos que hacer valer los principios de los derechos laborales, los derechos humanos y medioambientales en esos acuerdos, porque además de beneficiar a ambas potencias van a tener un efecto positivo en el resto del mundo.

– ¿Cómo se puede combatir la usura financiera que no cesa y agrava la crisis?

En la Conferencia Política hemos propuesto que el BCE elabore programas específicos de financiación directa de las pymes sin pasar por los intermediarios, porque al final hay abundancia de dinero, pero el crédito no llega a las pequeñas empresas ni a los consumidores. Nuestro objetivo es reducir la insoportable tasa de paro en el menor tiempo posible.

– ¿Qué hacer ante la deuda odiosa?

Bueno, nosotros planteamos que en la línea de crédito de la UE se dedicasen unos 10.000 millones de euros a reestructurar las deudas de las familias en riesgo de desahucio. De alguna manera con eso estamos ayudando a la solvencia del sistema financiero porque estaríamos adelantándonos a futuros desahucios. Pero esos mínimos fueron rechazados por el Gobierno.

– ¿Realmente estamos saliendo de la crisis como proclama el ministro Montoro?

No se entiende que se diga que vamos mejor cuando lo que se está produciendo es un recorte sistemático de todas las políticas públicas. Seria al revés. Si vamos mejor, eso se materializaría en el fortalecimiento de la sanidad pública, la educación pública, en que no se amplíe el copago, no se recorten las becas, no se aumenten las tasas universitarias, no se siga precarizando la sanidad, el sistema de dependencia, del que ya no se habla porque lo han eliminado… Yo creo que Montoro es el peor ministro de Hacienda que hemos tenido en este país, no solo por sus declaraciones infames, sino además porque va a pasar a la historia por una amnistía fiscal a la que acogió, por ejemplo, un personaje como Bárcenas.