Como una imputada más

La Infanta Cristina a su llegada al juzgado de Palma para declarar como imputada. /Efe/Ballesteros
La Infanta Cristina en el minipaseíllo previo a su declaración como imputada. / Ballesteros (Efe)

¿Necesita alguien que le preparen ―durante al menos tres días en sesiones de cinco horas diarias― cuando solo va a ir a declarar la verdad?

Porque eso es lo que ha ocurrido con la Infanta Cristina, que, según sus abogados defensores y algunos de las acusaciones, venía “muy preparada”.

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Y lo cierto es que la hija del Rey ha cumplido con el guión previsto. Una intervención que no tiene nada que ver con la que podría esperarse de una Infanta de España, “una conducta ejemplar”, que diría su padre, en la que ella a la menor sospecha de irregularidad sobre su actuación hubiera acudido al juzgado voluntariamente a ofrecer las explicaciones que hubieran sido necesarias para demostrar su inocencia.

No, la ciudadana Cristina de Borbón se ha comportado como cualquier imputado, aunque ella no sea cualquier imputado (Es la única en toda España que ha declarado siete horas frente al retrato de su padre). Ha retrasado su comparecencia todo lo posible, lo que ha demorado la instrucción de la causa más de un año; y cuando finalmente no ha tenido más remedio que declarar, ha alegado ignorancia supina en todo lo relacionado con las dos sociedades Nóos y Aizoon, en las que figuraba como vocal y propietaria del 50% respectivamente, incluidos los cruces de facturas entre ambas. Esos documentos en los que figura su firma y ha explicado ―esa supuesta teoría del amor― que lo hizo porque tenía plena confianza en su marido: firmaba todo lo que él le ponía delante, incluso sin leerlo.

Así como suena. Es decir, que lo que no quiso hacer en 2006, ni en 2011, lo ha hecho ahora: Ha dejado caer a Urdangarin, al que ha responsabilizado de todo, de los seis millones de fondos públicos que captó, y de todos los chanchullos fiscales de Aizoon, de los que ella se benefició. Decía la acusación al finalizar las siete horas de declaración que había dejado “en mal lugar a su marido y a más gente”. Pero es que a su marido por esas tonterías de las sociedades y los dineros le van a solicitar una docena de años de cárcel.

Mejor quedar como tonta ―licenciada en Políticas, un máster en el extranjero y empleada con un sueldo de 200.000 euros en el tercer banco de España― que como lista y en el banquillo de los acusados junto a su balonmanista. Así de contentos estaban sus letrados. Como decía su abogado principal, Miguel Roca Junyent, uno de los padres de la Constitución: “No se podía declarar mejor”. Curiosamente, nadie de la defensa manifestó que iba a declarar la verdad o que había declarado la verdad.

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La Infanta, justo antes de entrar en la sede de los juzgados de Palma de Mallorca. / Ballesteros (Efe)

Lo que pasa es que los datos son tozudos, y la olvidadiza Cristina no ha tenido más remedio que admitir que sí que se enteró cuando en 2006 su padre advirtió a Urdangarín, vía José Manuel Romero, Conde de Fontao, que tenía que dejar Nóos y ese tipo de actividades, cosa que no hizo. De modo que tanta ignorancia con posterioridad a esa fecha, cuando ha habido una advertencia regia, es difícil de tragar.

Parece que hubo muchas negativas, como que a los empleados de servicio de su casa los pagaba Aizoon y en dinero negro, como algunos de estos declararon en la causa, o que su presencia en la sociedad fantasma que tenía con su marido no tenía como finalidad de servir como escudo fiscal, en contra de lo que declaró el notario que había manifestado el abogado de ambos. Según los abogados de las acusaciones, en ese trámite dejó una frase indeleble para la historia: “A mí Hacienda me investiga más que a nadie”. ¿Quién lo diría?, con los esfuerzos que está haciendo la Agencia Tributaria en validar facturas falsas para evitar que la cuota defraudada alcance los 120.000 euros y no constituya delito”.

Sí reconoció su firma en todos los documentos que le presentaron ―¡faltaba más!―, aunque claro, si firmó es porque tenía absoluta confianza en su marido. Y llegó a decir que hasta hace poco no se enteró de que la primera planta del palacete de Pedralbes figuraba como sede social de Aizoon, incluso lo mantuvo cuando le mostraron el contrato de autoalquiler, en el que ella firmó como arrendataria y como arrendadora.

También aseguró que el millón de euros que le entregó el Rey para financiar la compra del palacete de Pedralbes fue un préstamo, no una donación. Lo cierto es que si fue un préstamo no lo ha devuelto, pero es que si hubiera declarado que era una donación, no habría tributado por él, lo que hubiera constituido una irregularidad más. “Al final, es mi padre”, dijo para justificar que no hubiera devuelto el dinero.

Está claro que la Infanta ha soltado lastre y mucho. Era lo previsto. Habrá que ver si eso le sirve para librarse o si los jueces de Palma siguen la doctrina del Supremo en materia de condenar a esposas que se lucran con las actividades del marido y las conclusiones del curso de formación continua de la Escuela Judicial sobre la nueva regulación de la corrupción que establece expresamente: “La jurisprudencia más reciente del Tribunal Supremo hace una interpretación extensiva del delito de blanqueo de capitales, hasta el extremo de penar como cómplices a los cónyuges de quienes han acumulado grandes sumas de dinero sin justificación en breve periodo de tiempo, colaborando con ellas en la constitución y posterior puesta en funcionamiento de las empresas, de las que también eran titulares, sin un especial protagonismo en la comisión del delito”.

Leer sentencia del Tribunal Supremo de 22 de julio de 2011

Leer conclusiones del curso sobre corrupción

¿No les parece como si hubiera sido escrito expresamente para la infanta?

La verdad, a mí sí me parece que le es de aplicación.

Sin embargo, si me preguntan mi pronóstico, tengo que decir que lo mismo que la doctrina Atutxa dio la vuelta a la doctrina Botín, a esta doctrina sobre la corrupción y las esposas, la tirará abajo la nueva doctrina Cristina, todavía por redactar y, muy probablemente, de caso único.

Nota: Este artículo va dedicado a la admiradora de la Infanta Alicia Rivera.