Rajoy y Rubalcaba fortalecieron sus liderazgos internos en el ‘cara a cara’

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Rubalcaba y Rajoy, en diferentes momentos de sus respectivas intervenciones en el debate. / Juanjo Martín (Efe)

Al margen de la transcendencia hacia el exterior, el debate sobre el estado de la Nación ha  vivido una soterrada dimensión, de puertas para dentro, en la que lo que se medía era el estado del liderazgo interno de los dos grandes contrincantes: Rajoy y Rubalcaba. Dando por sentado que en estos momentos, vistas las encuestas, nadie pone en cuestión a Cayo Lara en IU ni a Rosa Díez en UPyD, en las bancadas del Grupo Popular y del Grupo Socialista, además de quién quedaba mejor entre los dos grandes adversarios, la cuestión era cómo quedaban el presidente y el líder del PSOE teniendo en cuenta los momentos difíciles que aborda cada uno y la influencia que puede tener sobre su futuro el resultado de las elecciones europeas del 25 de mayo.

En el caso de Rajoy, el objetivo era ver cómo respondía, dependiendo de su discurso, al reto que ha supuesto la escisión de Vox y a la evidencia de que tanto Esperanza Aguirre como José María Aznar, entre otros, podrían volver a cuestionar su liderazgo en el caso de que perdiera el debate y además se produzca un bajón electoral en los comicios europeos. La evidente derechización de su discurso, orientada a dejar sin armas a quienes, en su entorno ideológico, cuestionan su política en materia económica (incumplimiento del programa electoral y subida de impuestos, sobre todo), antiterrorista (tolerancia penitenciaria con ETA) y anti-independentista catalana (contra Artur Mas y ERC), junto a la confrontación electoralista con Rubalcaba (recordando la herencia recibida), tranquilizó a los suyos.

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Más allá de la consigna obligada de cierre de filas pensando en las elecciones, la satisfacción de los populares por su intervención fue manifiesta en los pasillos del Congreso y en los tabernáculos del entorno. “A ver qué dicen ahora los agoreros del partido y los de Vox. Rajoy ha demostrado que no está desgastado y que sigue siendo nuestro candidato. O sea, que sigue mandando y controlando a la vez que mantiene a raya al PSOE”, comentaban dirigentes del Grupo Popular mezclados con ministros e incluso con presidentes de empresas estatales que acudieron a seguir en directo el debate.

Rajoy estaba tan convencido de su victoria en el debate que quiso celebrarla como ha venido haciéndolo desde hace años. Una costumbre que adoptó siendo líder de la oposición y que ha mantenido en ocasiones semejantes siendo presidente. Tomarse unas cañas y unas croquetas en Casa Manolo, un bar situado en las traseras del Congreso. El portavoz popular, Alfonso Alonso, lo comentaba con los suyos en esa famosa tasca a la que acuden políticos de todos los espectros cuando terminan de votar. “Quería venir a celebrar su triunfo tomando unas croquetas con nosotros, como siempre, pero como las votaciones han retrasado mucho la sesión ha tenido que irse urgentemente”, decía.

Rubalcaba no tiene esa costumbre, pero también estaba contento porque, como de costumbre, había encuestas que aseguraban que había ganado Rajoy pero otras decían que lo había hecho él. Y ese hecho paró las posibles críticas de quienes, dentro de sus filas, piensan que debe dejar paso a una generación no relacionada con los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero. Un cuestionamiento que se habría agudizado de haber celebrado un mal debate. Que no surgió, pero dejó su poso.

Porque la consigna, en el Grupo Socialista, fue la misma que en el Popular. Había que cerrar filas pensando en las elecciones y aplaudir al líder, en pie, hasta que ardieran las manos. Y se cumplió.

Pero algunos diputados no ocultaban que el buen discurso de Rubalcaba, por haber estado tan pegado a la realidad, hubiera sido demoledor si lo hubiera hecho alguien a quien Rajoy no pudiera recordar la famosa “herencia recibida”, acusándole de ser artífice, junto a Zapatero, de la terrible situación de crisis que se encontró cuando llegó al poder. “Alguien como Patxi López o Eduardo Madina”, concretó uno de ellos, en referencia a dos posibles aspirantes a ganar las primarias socialistas y ser el futuro candidato socialista a la presidencia del Gobierno.

Significativamente, el propio Madina salió al paso precisando que el argumento de Rajoy es insostenible. “Lo de la herencia recibida valió para los primeros seis meses, pero no vale cuando ya lleva dos años gobernando”, aclaró. Ximo Puig, otro destacado diputado y dirigente territorial (del País Valenciano), que estuvo en contra de Rubalcaba cuando fue elegido secretario general en el Congreso del PSOE de Sevilla, abundó en la idea. “Yo creo que haber sacado la famosa herencia recibida ha perjudicado el discurso de Rajoy porque la gente no es tonta”, matizó.

En todo caso, la idea general de la bancada socialista era que Rubalcaba había demostrado una vez más su capacidad dialéctica y que, en lo que se refería a su discurso, lo había hecho perfecto. El debate no sólo no desgastó su liderazgo sino que el sector que apoya al secretario general se creció. Sólo había que ver la cara de contento que lucía la portavoz socialista Soraya Rodríguez, convencida de verdad, más allá de las consignas, de que Rubalcaba había ganado el cara a cara de barrida.