Cañete, el hombre que prefería ser rico

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Cañete_perfil
Miguel Arias Cañete, en una imagen del pasado día 4. / Fernando Alvarado (Efe)

En estos tiempos en los que las noticias no son rentables, llama la atención la propina de 84.500 euros que el ministro de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente y, por fin, cabeza de lista del PP al Parlamento Europeo, Miguel Arias Cañete, ordenó distribuir, a modo de aguinaldo, a los agricultores, ganaderos, mayoristas y minoristas que informan a su departamento sobre los precios de las frutas, verduras, carnes, legumbres, pescados, lácteos, cereales. Ya es sabido que Cañete es un tipo generoso con “esos camareros de antes” que desde el primer día saben lo que tomas y se merecen unas moneditas para el bote.

También sabemos que  los atropellos legislativos –Ley de Costas y Ley de Impacto Ambiental,  fracking incluido-- que ha cometido en el bienio de vuelta al Ministerio del que salió en 2004 no le han impedido encabezar el ranking del CIS. Sin alcanzar el aprobado figura  por delante de sus colegas del Gobierno. Incluso su correligionaria catalana Dolors Monserrat  ha dicho que este hombre "hace milagros", por lo bien librado que ha salido nuestro país en la negociación de la Política Agraria Común (PAC) para los próximos cinco años.

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Si es verdad que en el reparto de fondos de la PAC España ha quedado igual que estaba y no ha sufrido las quitas que se podrían haber derivado de la ampliación de la UE, también lo es que el "milagroso" Cañete lo primero que ha hecho ha sido expulsar a  las organizaciones agrarias del sistema de reparto --la negociación no se cerrará hasta junio--; lo segundo, según denuncia el diputado Alejandro Alonso, el hombre que destapó el fraude del lino, ha sido oscurecer los criterios sobre las ayudas a los "agricultores reales" y a los de menos de cincuenta hectáreas, y lo tercero y más relevante a efectos electorales ha consistido en recorrer toda España en una capala insólita como  el ministro conseguidor. Esa ha sido la verdadera precampaña europea del PP mientras sus competidores y los medios de comunicación permanecían atentos al dedazo de Rajoy.

Hoy nadie duda de que Cañete es un tío listo. Ya de joven utilizó su inteligencia para ser lo que quería: rico. Cuando, recién aprobada la oposición de abogado del Estado, aquel madrileño que había estudiado en los jesuitas y cursado Derecho en la Complutense fue destinado a la delegación de Hacienda de Jerez de la Frontera (Cádiz), y se encontró más solo y aburrido que el facebook de Adán en un oscuro despacho de Hacienda que compartía con un colega, decidió dos cosas: una, que aquello no le gustaba, y dos, que trabajando en el servicio público era dificilísimo hacerse rico y sería mucho mejor echarse una novia adinerada.

Sin abundar en detalles por respeto a las fuentes informantes, el joven Miguel, que tenía acceso a los datos de renta y patrimonio de todos los vecinos de la comarca bajo su jurisdicción, se fijó en la prole del más adinerado del lugar que, en aquellos tiempos (1974) era el ganadero, bodeguero y terrateniente Juan Pedro Domeq y su esposa Matilde Solís-Beaumont –hija de los marqueses de Valencina--, y encontró a una joven interesante. Era Micaela Domecq. Su función de servidor público pasó a segundo plano y se dedicó de lleno a entrar en el círculo de aquellas gentes, conocer, conquistar e intimar con la Domecq y cultivar su noviazgo. “Yo no he nacido para estar en una aburrida oficina toda la vida”, había dicho a algunos de sus compañeros, que recordaban sus palabras cuando en 1982, como candidato de Alianza Popular, la fuerza emergente tras el hundimiento de la UCD, acudió a pedirles el voto.

Amante de los palacios para andar por casa, coleccionista de coches antiguos, defensor del toro bravo ante los riesgos de las vacas locas y del movimiento contra la tortura de los animales, terrateniente y ganadero consorte, el rico Cañete deseaba mandar y también lo consiguió con Aznar, que le nombró en 1999 ministro de lo que deseaba para los de su gremio (Agricultura, Ganadería y Pesca) y con Rajoy, que lo colocó de portavoz económico en la oposición y también lo nombró ministro de lo que él quería. Ahora Cañete, que fue eurodiputado desde 1986 a 1999, podrá completar el año que le falta para cumplir tres legislaturas en la eurocámara y cobrar la pensión perpétua máxima de 9.000 euros mensuales si decidiera jubilarse, que no lo decidirá, pues su objetivo es mandar más y, a poder ser, convertirse en comisario europeo.

6 Comments
  1. ddee says

    Perpetuo? No haynada perpwtuoc

  2. Van Westerlaak says

    Si la coherencia debe presidir cualquier estamento,este individuo no lo tiene. Entre lo justo y lo legal,siempre lo legal. Cañete ni eres justo ni legal,simplemente,gil & pollas. Eso es lo que eres

  3. Piedra says

    La derecha agraria y rancia. La vote su mamá.

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