Más de Laia (la del ‘farewell’…) y un poco de Julia Otero

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Julia_Otero_
Julia Otero. / ondacero.es

Rectificar es de sabios o por lo menos de decentes: ¿se acuerdan de Laia, la del artículo anterior, la que les dije que había sido corresponsal en China de un diario catalán del tipo histérico del que las dos, cada una por sus buenas razones, tuvimos que salir corriendo? Bueno, matizar que las dos tuvimos que salir corriendo de un diario así (el Ara) pero no era ese diario el que tuvo a Laia como corresponsal en China. Laia fue corresponsal en China para El Punt-Avui. Ustedes dirán, y a mí qué, pero para Laia la precisión es importante. Y para mí también.

No nos cansemos por favor de insistir: no debería dar igual hacer las cosas bien o hacerlas mal. No es lo mismo ir de buena fe que de mala fe. No hay color entre el mérito y la jeta. A nadie le gusta rectificar un artículo así sea en algo anecdótico o mínimo. La tentación siempre es quitarle hierro al error y ponerse al pairo. Y así nos va luego.

Me acuerdo una vez, hace años, cuando casualmente yo también trabajaba todavía en el diario Avui, que recibí una llamada telefónica de un lector que me hizo pensar mucho. Llamó para protestar por una información que habíamos dado sobre el consejo de ministros de turno. No me acuerdo en qué terrible crisis entre Madrid y Barcelona andábamos (una de tantas) y claro, en la almogàvers news nos calzamos una cronicaza política de ni te menees. Que a gusto nos quedamos y que orgullosos estábamos de nuestro análisis penetrantísimo.

Y en esta qué llama este lector y me dice: "Señorita, ¿y a ninguno de ustedes, ni al director del periódico, se les ocurrió informar en la crónica de que el gobierno había decidido subir el precio del butano? Yo les leí, no me enteré, me trajeron la bombona nueva, me quisieron cobrar de más y yo protesté porque estaba seguro de que me estafaban...¡si el precio hubiera subido de verdad, el periódico lo diría, le dije al butanero!"

No es fácil dejarme muda a mí, lo admito. Pero aquel señor lo consiguió de pleno. Por teléfono y todo me puse colorada. Fue la primera vez (que no la última) que me enfrenté al abismo entre realidad publicada y realidad real. Entre noticia y lo que de verdad le importa a la gente.

Acabo con un homenaje a Julia Otero que alguien podrá interpretar como abyecto peloteo desde el momento en que acabo de incorporarme a su tertulia de El Gabinete. Que piensen lo que quieran. Yo sé lo qué pensé cuando el otro día me llamaron del programa para advertirme que no me perdiera la auditoría del programa. ¿Auditoqué?, me sobresalté yo. ¿Han pillado a Julia robando? ¡No puede ser! Que no, que no es eso, me tranquilizó la persona que me llamaba, muerta de la risa. Que es una auditoría de los oyentes. Que de vez en cuando dedicamos un programa entero, o casi, a preguntar a la gente qué le gusta más y qué le gusta menos del programa. Recogemos llamadas, mensajes en el Facebook, tuits, correos electrónicos, etc. En cuestión de minutos se acumulan no menos de 12.000 testimonios. Eso sí es un sondeo y no los que hacen los periódicos sobre temas supuestamente más importantes, y que van y lo despachan con muestras de 1.000 encuestados, con un margen de error del 8 por ciento, y se quedan más anchos que largos.

Debo admitir que mi primera reacción fue el yu-yu: ¿y si la audiencia va y me pone verde o peor aún, me ignora, y Julia Otero ya no me vuelve a llamar a su programa? ¡La democracia es injusta! ¡La democracia da miedo! ¿Qué es esto de un oyente, un voto? ¿Dónde está el "aparato" del programa para poner orden?

Ah, que bonito verte en el lugar del cazador cazado. Tanto desgañitarte pidiendo listas abiertas y elecciones primarias para los partidos políticos, y cuando te toca a ti...¡susto o muerte!

Pues qué buena lección de humildad y de otras cosas. Pasada la primera conmoción una se alegra de haber pasado por esto. Es sano. Te hace mejor. Airea el ambiente.
Algún día, en algún sitio, ganaremos la batalla contra la mediocridad. Esa es mi utopía.

2 Comments
  1. celine says

    Noragüena por el fichaje. Tendré que escuchar la radio a esas horas.

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