Felipe VI 'el preparado': formación, gustos y aficiones del sucesor

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El príncipe, en una imagen del 12 de octubre de 2013 con el uniforme de teniente coronel del Ejército de Tierra. / Efe

Quienes por devoción y obligación han glosado la figura de Felipe de Borbón y Grecia coinciden en que estamos ante "el príncipe mejor preparado de todos los tiempos". Lo destacó su padre en el mensaje de abdicación, del 2 de junio. Y lo repitió el jefe del Gobierno nueve días después, al presentar la ley abdicatoria en el Congreso. “Tenemos la certeza de que en don Felipe concurren las cualidades de responsabilidad, serenidad, carácter, preparación, competencia y madurez”, dijo Mariano Rajoy, arrancando los aplausos de sus señorías. A continuación subrayó sus “más de veinte años” de preparación para el cargo y sus cuatro décadas de formación.

Felipe VI el preparado jurará la Constitución y será proclamado rey por las Cortes Generales en un acto que tendrá lugar el próximo jueves a partir de las 10:30 de la mañana en la sede del Congreso de los Diputados, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid. Según la concepción del rey-soldado que restauró Antonio Cánovas para proclamar a Alfonso XII, vestirá en traje de gala de teniente coronel del Ejército de Tierra y lucirá la faja de capitán general de los ejércitos que previamente le habrá puesto su padre Juan Carlos I en el Palacio Real.

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Felipe de Borbón lee su primer discurso, en 1981, durante el acto de entrega de los Premios Príncipe de Asturias. / Efe-Casa Real

La simbología de su formación militar será visible; la de su preparación civil se colegirá del discurso de ambiciones y buenos propósitos que pronuncie. ¿Cómo ha sido su formación? ¿Cuál es el principal rasgo de su carácter, sus gustos, aficiones, lecturas? ¿Cómo es el nuevo monarca constitucional? El general José Antonio Alcina del Cuvillo (Cádiz, 1936), un hombre de Infantería de Marina con buena formación en Estados Unidos, era ayudante de campo del rey cuando en 1984 éste le encargó que se ocupara de la formación del príncipe heredero. Veinte años después, ya al margen de sus obligaciones en la Corte de los Borbones, Alcina escribió un libro interesantísimo, que no gustó nada en La Zarzuela --Felipe VI: La formación de un rey-- y que la editorial Esfera de los Libros se dispone a reeditar a toda prisa, actualizado y revisado como corresponde.

Dice Mariángel Alcazar, corresponsal palatina de El Periódico de Cataluña y La Vanguardia sucesivamente durante un cuarto de siglo que Felipe era entonces “un adolescente rebelde a quien le costaba centrarse y que, consciente de su posición, se estaba volviendo caprichoso y voluble”. Necesitaba disciplina castrense y también comprensión. Y esa fue la combinación que Alcina aplicó a aquel pupilo de 16 años que había nacido a las 12:45 del 30 de enero de 1968 en el Sanatorio de Nuestra Señora de Loreto de Madrid, habitación 604, la misma en la que llegaron al mundo sus hermanas Elena y Cristina. Pesó 3,4 kilos.

Felipe era con 16 años el más alto de los de su edad (1,80 de estatura; ahora mide 1,94) y también el último de la fila en el colegio Santa María de los Rosales, donde cursó el Bachillerato. El elemental era obligatorio y acababa a los 14 años, y el superior terminaba a los 16. Pero no es que fuera menos despabilado o más torpe que los demás, es que era más alto y se sentaba en la última fila para no tapar la visión a sus compañeros. Todo un detalle por su parte.

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Felipe de Borbón, a su llegada al Lockfield College de Toronto (Canadá), en 1984. / Efe-Casa Real

Alcina se lo llevó a Canadá, al Lockfield College de Toronto. Allí curso los estudios equivalentes al Curso de Orientación Universitaria (COU) en España y ejercitó el inglés y el francés. Al embarcar, su padre le advirtió: “Cualquier cosa que hagas la van a mirar con lupa”. Estuvo un año. Fue duro: el frío, la distancia, la soledad, la necesidad de hacer nuevos amigos. Con todo, como dijo Sabino Fernández Campos, coautor de la iniciativa canadiense, aquello fue un juego de niños en relación con lo que vendría después, la formación militar en las academias: orden, jerarquía, disciplina, sacrificio, toque de corneta a las seis, puntualidad, ejercicio físico, pensar poco, obedecer mucho.

Tras el año de Toronto, en 1985 empezó la formación castrense en la Academia del Ejército de Tierra en Zaragoza, cuyo nuevo director, el general de Brigada José Jiménez Pérez de Larraya, introdujo la formación interarmas y humanística de los alumnos. Al año siguiente pasó a la Academia de la Armada, en Marín (Pontevedra), dio la vuelta al mundo en el buque escuela Juan Sebastián de Elcano y realizó el tercer año en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia). Para los profesores e instructores, Felipe era “el caballero Borbón”, uno más, sin preferencia ni deferencia alguna.

El profesor y capitán de navío Ramón Touza Prieto, a quien Alcina pidió que le acompañara en sus estudios en Marín, recuerda que se formaban grupos de alumnos para salir a correr juntos. “Como yo también corría –preside la Sociedad Gimnastica de Pontevedra--, le acompañaba; él aquí era un alumno más, como cualquier otro de la Escuela Naval, sin distinción alguna. Hacía su diana, su comida, sus clases, su  militar, su instrucción marinera como cualquier otro. No tenía distinción de ningún tipo. Hacía la vida diaria de un alumno más de tercero de carrera”.

Touza se muestra renuente a hablar de las salidas del príncipe por Pontevedra y otras localidades de la zona, los fines de semana, pero niega que sus compañeros actuaran como si fueran sus protectores cuando iban de juerga. Sobre si cree que el príncipe es el mejor preparado de la historia para ser rey, contesta con una lógica aplastante: “No conozco a los otros príncipes, de modo que no puedo comparar, pero que está muy preparado es cierto”.

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En 1985, durante su etapa en la Academia Militar de Zaragoza. / Casa Real

Si en el internado en Canadá, sus compañeros le llamaban Flip, durante su proceso de militarización, le motejaron Winston, como la marca de cigarrillos, por ser “el rubio más largo” y también le llamaban Sar, por las siglas de Su Alteza Real. El teniente coronel Javier Vidal, compañero en la Academia del Aire de San Javier, contó que la llegada del príncipe al centro generó una gran expectación. “Teníamos unas normas de protocolo, pero nada más llegar, las rompió, nos saludó y nos pidió que le llamáramos Felipe sin más”.

Aunque se incorporó al tercer curso, su integración fue inmediata y siempre tuvo con sus compañeros “un trato directo, cariñoso, cercano, y lo sigue teniendo”, afirma Vidal. En otras palabras, que era un tipo normal. Vidal recuerda asimismo que cuando realizó el primer vuelo solo, aceptó que le esquilaran y afeitaran la cabeza con la tradicional T que señalaba la cabecera de pista de aterrizaje. “Y la lució todo el tiempo con orgullo”.

Del aprecio de Felipe VI hacia las Fuerzas Armadas da cuenta el hecho de que decidiese celebrar su 46 cumpleaños visitando, el 30 de enero pasado, a “los paracas” en la base de Brigada Paracaidista de Paracuellos del Jarama (Madrid). También hay anécdotas de su afición a volar –herencia genética paterna--, hasta el punto de pilotar en 2008 un flamante cazabombardero Eurofigter, considerado el bólido de Fórmula 1 del aire, en un recorrido sobre Andalucía. 

Su preparación militar concluyó en 1988. Felipe recibió el diploma de teniente del Ejército siendo director de la Academia de Zaragoza el general Javier Calderón, máximo responsable operativo en 1981 de aquellos servicios secretos del Estado (el CESID) que oficialmente “no se enteraron” de la trama golpista del 23-F. Sin perder tiempo, se matriculó en la Universidad Autónoma de Madrid, en la que se licenció en Derecho y Ciencias Económicas al cabo de cinco años con una nota media de notable alto. Culminó su formación civil en Washington, con un Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad católica de Georgetown.

Su tutor Alcina se despidió cuando terminó la carrera universitaria, en 1993. Su padre y los nuevos responsables de la Casa del Rey, Fernando Almansa y Rafael Spottorno, decidieron que era mejor que un civil le acompañara a Washington, donde disfrutó de una existencia casi anónima y libre durante dos años, asistido por el diplomático Enrique Pastor con la ayuda del militar Ignacio Inza, que luego pasó a ser ayudante de Juan Carlos. Contaba además con una discreta escolta y vivía con su primo Pablo de Grecia en el barrio donde residió John F. Kennedy. Fue una época sin presiones institucionales, aunque no exenta de rumores sobre su vida sentimental. Con todo, el resultado de su formación es un currículo completo y decoroso, como corresponde a un miembro de la clase alta europea.

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Felipe de Borbón y letizia Ortiz el día de su boda, el 22 de mayo de 2004. / Efe-Casa Real

Su boda con la periodista Letizia Ortiz en 2004, nueve años después de concluir oficialmente su formación militar y civil, marcó un camino independiente, fuera ya del hogar familiar en La Zarzuela. Su agenda oficial se empezó a llenar de actos y obligaciones institucionales y representativas en estrecha colaboración con Juan Carlos. Las enfermedades y accidentes del rey –con independencia del influjo de su amiga, la famosa princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, a la que habría enviado un mensaje colocando un frutero de cristal que ella le regaló en la mesa del despacho desde el que anunció su abdicación-- han obligado al príncipe a acentuar su presencia en el escenario nacional e internacional en los tres últimos años.

Más allá de su sólida formación, sobre sus aficiones sabemos que es buen deportista –fue nuestro abanderado en los Juegos Olímpicos de Barcelona-92, en los que compitió en vela y quedó en sexto lugar--, le gusta esquiar, correr, hacer senderismo, montar a caballo y jugar al squash. Como a su padre, también le gusta la caza, aunque no suele frecuentar las cacerías. Con todo, en el pabellón de caza de La Zarzuela hay fotos con Letizia ejerciendo esa actividad.

Es amante de los animales, ha tenido tres perros, Pinki, Balú y Pushkin, al que se llevó a Georgetown. El que tiene ahora es descendiente de Pushkin y lleva el mismo nombre. También le gusta la velocidad y con 18 años le regalaron un Seat Ibiza equipado para correr rally.

En materia gastronómica, los expertos palatinos aseguran que disfruta con el jamón ibérico, le gusta la pasta, la carne, la ensalada y los kebabs. Prefiere la cerveza al vino, aunque Letizia pase por ser experta en caldos, y le agrandan los gin tonics con manzana o con pepino. Cuando estuvo interno en Canadá solía cocinar para él pasta con tomate y tortilla de patata. En los pubs de la zona universitaria de Washington solía degustar las grandes hamburguesas del lugar con una buena fuente de ensalada.

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El príncipe, con el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, en una imagen de 2011. / Efe

De sus aficiones culturales sabemos que coincide con Letizia como cinéfilo y que le gustan las películas en versión original. En su época juvenil le gustaba la música de Mecano. Después ha asistido con Letizia a conciertos de Springsteen, Shakira y Alejandro Sanz, entre otros. Y, por supuesto, a los de su amigo el cantautor Jaime Anglada. A la inminente reina le encanta Joan Manuel Serrat, Dire Strait, U2, Pink Floyd. Y al decir de sus amigos, le apasiona Wagner y le emociona el Réquiem de Mozart.

En una intervención ante los académicos de la lengua española, en octubre pasado, en Panamá, Felipe elogió al “buen lector” por considerar que es “alguien dispuesto a dialogar” y, por tanto, “abierto a una discusión razonada de la cosa pública y de los problemas sociales”. Por eso consideró esencial la tarea de los maestros, tan despedidos como injustamente tratados por el Gobierno español actual (esto no lo dijo). Citó a Gothe, uno de sus poetas preferidos: “Cuando se lee no se aprende algo; se convierte uno en algo”. Y les contó cómo a lomos de mulos a punto de despeñarse por Despeñaperros llegaron cientos de ejemplares de El Quijote a Sevilla y fueron embarcados hacia América.

A Felipe le gusta leer sobre todo Historia, biografías y la poesía de los místicos, en lo que coincide con Letizia, gran amante de Juan de la Cruz, y “lectora compulsiva”, según los que la conocen. Entre sus obras preferidas El País publicó que estaban las Elegías de Duino, de Rainer Maria Rilke, y Laberinto de soledad, de Octavio Paz. También, Suave es la noche, de Scott FitzgeraldLa mujer de blanco, de Wilkie CollinsBartleby, el escribiente, de Herman Melville, y Pastoral americana, de Philip Roth.

Cuentan que en casa hablan en inglés (por las niñas) y que si bien Felipe VI estudió Derecho y Economía por razones políticas y sociales, su verdadera inclinación era la Física, la Química y la astronomía, de modo que si no hubiera estado llamado por la circunstancia hereditaria a entender de las ciencias sociales, le habría gustado dedicarse a la investigación científica. Quizá con Felipe VI el preparado perdamos a un talento de los nuevos materiales. Pero así es la vida cuando se hereda una corona, no precisamente de flores.

5 Comments
  1. Piedra says

    Pues nada, que no se corte las venas y abdique y se dedique a la astronomía: ¡Qué bonitas, las estrellas!

  2. Manoliyo says

    QUE BONITO QUE CORTESANO HA QUEDADO TODO, NI EL ABC…..

  3. bodas en ovideo says

    Interesante articulo . Aprendo algo con cada web todos los días. Siempre es estimulante poder devorar el contenido de otros bloggers. Me gustaría usar algo de tu post en mi web, naturalmente pondré un enlace , si me lo permites. Gracias por compartir.
    bodas en ovideo http://www.palaciodevillabona.com/bodas-en-asturias.html

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