Una justicia lenta pero inexorable

Silvio Berlusconi avalando a su colega y amigo Marcello Dell'Utri, al que la justicia ha metido en prisión esta semana. /Captura de vídeo de Rai due
Silvio Berlusconi avalando a su colega y amigo Marcello Dell’Utri, al que la justicia ha metido en prisión esta semana. / captura de vídeo de Rai due

Seguramente la mayoría de ustedes no sabe quién es, pero Marcello dell’Utri, a los 72 años ha ingresado en prisión después de años y años sorteando los apretones de la justicia. Mano derecha de Berlusconi, senador de la República y fundador de Forza Italia, finalmente fue condenado a 7 años de cárcel por haber puesto en contacto a su jefe con la Mafia. Este Houdini de la política, se escapó primero a la República Dominicana, pero regresó al conocer que había defectos en el procedimiento, y cuando el Supremo iba a ratificar su condena por asociación mafiosa se esfumó de nuevo. Localizado en un hotel de lujo en Beirut, ha sido extraditado y ha pasado a ser huesped de la algo menos confortable prisión de Rebibbia, en Roma. Como ven, la justicia es lenta, muy lenta, pero inexorable.

Dell’Utri no era un desconocido para la justicia española. La Fiscalía Anticorrupción intentó perseguirle, junto a Silvio Berlusconi, por varios delitos fiscales y otros de falsedad documental por hechos cometidos entre 1991 y 1993 en el denominado caso Tele 5, y a los que correspondían penas superiores a 20 años de prisión. Sin embargo, tanto Berlusconi, como Dell’Utri, magos en el arte de eludir la acción de la justicia, escaparon del acoso de la Fiscalía y del juez Baltasar Garzón, instructor del proceso, tras ser elegidos eurodiputados en 1999. El magistrado llegó a cursar un suplicatorio al Parlamento Europeo con el fin de que se alzase o suspendiera “la inmunidad de que disfrutan los diputados europeos Silvio Berlusconi y Marcelo Del’Útri”. De esa forma, Garzón pretendía continuar las investigaciones sobre las presuntas irregularidades cometidas en  su etapa al frente de Tele 5.

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El entonces juez de la Audiencia Nacional tuvo que dejar sin efecto las fianzas que impuso a Berlusconi y a Del’Útri  y suspendió toda actividad procesal con respecto a ellos, al aplicar directamente el artículo 10 del Protocolo sobre los Privilegios y las Inmunidades de las Comunidades Europeas.

Berlusconi besa a Dell'Utri en público. /Azione-civile.net
Berlusconi besa a Dell’Utri en público. / Azione-civile.net

El Parlamento Europeo garantiza a sus parlamentarios mientras la Cámara está en periodo de sesiones la inmunidad frente a toda medida de detención y a toda actuación judicial en el territorio de cualquier otro Estado miembro que no sea el propio de origen, en el que se garantizan las inmunidades  reconocidas para los miembros del Parlamento del país.  El juez razonaba que la adquisición de la condición de europarlamentario no afectaba a la validez de las decisiones previamente adoptadas al 20 de julio de 1999, fecha de la elección, pero sí debía replantearse el proceso una vez que constaba esa circunstancia.

Mientras tanto, Berlusconi se paseaba por España y, en 2002, asistía como magno invitado al matrimonio de la hija del presidente José María Aznar en El Escorial, donde el presidente del Gobierno italiano se dejó fotografiar con el todavía inmaculado tesorero del Partido Popular y hoy imputado y repudiado por su partido, Luis Bárcenas. Ver foto

Que se sepa, el Parlamento Europeo nunca se pronunció sobre la petición del juez, pero Berlusconi, principal implicado, dejó la tramitación del suplicatorio en papel mojado, tras su elección como presidente del Gobierno. Esa circunstancia le confería inmunidad soberana —esa que impide perseguir en España a los jefes de Estado mientras no pierdan esa condición— aunque técnicamente Berlusconi no era jefe del Estado, cargo que corresponde al presidente de la República, sino primer ministro. El caso estuvo suspendido para Berlusconi hasta julio de 2006, mientras el caso Tele 5 se juzgaba en la Audiencia Nacional,  sin su presencia.

En la sentencia se recordaba que se había formado una pieza separada para perseguir a Berlusconi y Dell’Utri, «manteniéndose para ellos la suspensión de la tramitación de la causa que viene acordada, en tanto se remuevan los obstáculos procesales que impiden dirigir contra ellos la acción penal».

Leer aquí la sentencia del ‘caso Tele 5’.

Aunque en España el caso quedó bastante cortocircuitado, tras las absoluciones de todos los imputados; en Italia, la magistratura cerraba el círculo contra los dos socios. En un primer momento, Berlusconi fue absuelto y una semana después Dell’Utri fue condenado a nueve años por asociación mafiosa, aunque finalmente el Supremo aquilató la sentencia a 7 años de prisión.

Enric González explicaba así la razón de la condena: «Marcello dell’Utri, nacido en Palermo en 1941, conoció a Berlusconi en la universidad. Ambos fueron desde entonces inseparables. Cuando Berlusconi compró la mansión de Arcore, encargó a Dell’Utri que se ocupara de coordinar las obras que habían de convertirla en la residencia privada más lujosa de Milán. Fue también Dell’Utri quien en 1974 contrató al jefe mafioso Vittorio Mangano como «responsable de las caballerizas» de Arcore, donde había un solo caballo. La explicación ofrecida repetidas veces por Dell’Utri no parecía inverosímil: Berlusconi era un magnate propenso a la autopublicidad y, en una época en la que abundaban los atentados terroristas y los secuestros, no existía mejor garantía de protección que la presencia de un boss mafioso en casa. Mangano (condenado años después a reclusión perpetua y ya fallecido) simbolizaba en cierta forma una alianza con la Mafia y, por tanto, un óptimo sistema de seguridad preventiva».

«Los fiscales, sin embargo, recordaron a aquel peculiar «encargado de los establos» de Berlusconi cuando el arrepentido Salvatore Cancemi, en 1994, citó el nombre de Dell’Utri y comentó que éste había transferido dinero de Fininvest (el grupo de Berlusconi) hacia empresas controladas por la Mafia. Otros arrepentidos, como Angelo Siino, dijeron que Dell’ Utri había mantenido reuniones con el boss Stefano Bontade«.

Tras cinco años de proceso en el Tribunal de Palermo y varios más hasta que el Supremo se pronunció sobre el asunto,  llegó la hora de la verdad para Dell’Utri.

Berlusconi también está en horas bajas. Sus 34 procesos que han ido prescribiendo o archivándose debido a sus maniobras, han culminado en una condena de cuatro años por fraude fiscal en el caso Mediaset. A sus 76 años no ingresará en prisión y la pena se conmutará por un año prestando servicios sociales en centros de enfermos de Alzheimer.

No deja de ser gratificante que, aunque sea al final del camino, los que han pasado toda su vida engañando al mundo y viviendo en el filo de la navaja acaben sus días tratando con dificultad de esquivar las celdas. Son gente que ha tenido poder económico o político  y  ha abusado de él hasta la inconsciencia. Berlusconi y Dell’Utri son claros ejemplos en Italia. Y seguro que a usted, querido lector, se le ocurren los ejemplos en España.

Sería mucho mejor que la justicia reaccionara antes, y que  los corruptos, además de pasar una temporada  en prisión, tuvieran que devolver lo robado. Pero igual es mucho pedir y hay que conformarse con que vayan a la cárcel al final de su vida. Ya se sabe que la justicia es lenta, muy lenta, pero inexorable.