El Gobierno y la Casa Real relegan al Parlamento en la proclamación del rey

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Diputados y senadores de la bancada socialista, ayer, durante el discurso del rey. La mayoría aplaude al nuevo monarca, pero, como se aprecia en la imagen, hay algunos que no lo hacen. / Esteban Cobo (Efe)

El Gobierno, de acuerdo con la Casa Real, impuso a los representantes directos de la soberanía nacional –diputados y senadores– sus normas, formas y protocolo en el acto de la proclamación de Felipe VI como nuevo jefe del Estado a título de rey. Bastantes diputados expresaron en privado su disgusto. Algunos se sintieron menospreciados, simple claqué de una función en la que el nuevo monarca y su esposa Letizia, que acudieron acompañados de sus dos hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, no tuvieron la deferencia de saludarlos tras la proclamación. El desprecio no afecto a los diputados de Izquierda Plural y la mayoría del Grupo Mixto que, en coherencia con su planteamiento republicano, no asistieron a la sesión.

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El primer signo de menosprecio hacia el Parlamento vino dado por la preeminencia protocolaria del jefe del Gobierno, Mariano Rajoy Brey, sobre el presidente del Congreso, Jesús Posada Moreno, a pesar de que a éste le correspondía ocupar el primer lugar. El hecho no pasó desapercibido para sus señorías ni tampoco a uno de los principales expertos en protocolo de nuestro país como el profesor Carlos Fuente Lafuente, quien manifestó que “se ha consumado un grave error protocolario que impide transmitir claramente lo que es esta ceremonia: la proclamación del rey por los representantes del pueblo (diputados y senadores)”.

Fuente, que ha dirigido durante muchos años las ceremonias de entrega de los premios Príncipe de Asturias como director de protocolo de la Fundación del mismo nombre, no alberga dudas de que “los fontaneros de Rajoy ganaron la batalla a quienes, con sentido institucional e intentando cumplir la normativa, defendieron la preeminencia de los dos presidentes de las Cámaras legislativas y sus Mesas. Es la primera vez en la historia parlamentaria española que los representantes del pueblo, diputados y senadores, quedan relegados por el Gobierno”, añadió.

De hecho, numerosos parlamentarios consultados al respecto dijeron sentirse meras comparsas de la función. Algunos miembros de la Mesa pidieron personalmente a Posada que mantuviera la preeminencia de las Cámaras y no se dejara avasallar. No fue posible. La Moncloa impuso el saludo de Felipe y Letizia a todos los miembros del Gobierno en el Salón de Pasos Perdidos antes de la proclamación, y reservó la primera silla en el estrado, a la derecha del nuevo rey, para Rajoy, por delante de Posada.

No fue el único gesto de menosprecio. A las diputadas y senadoras les dijeron que debían vestir con “falda corta”. La mayoría aceptó la imposición, aunque alguna dijo que acudiría elegante, eso sí, pero en pantalón. A los diputados les pidieron que llevaran traje oscuro y corbata. Algunos miembros de la Mesa se rebelaron contra la orden de llevar chaqué y acudieron en traje. Uno de ellos, el socialista Javier Barrero, dijo a varios periodistas que se consideraba un diputado más y no veía razón para diferenciarse de sus compañeros. El diputado de CiU, Jordi Janè, tampoco vistió con chaqué.

Pero lo que mayor malestar causó fue que los nuevos reyes no se prestaran a saludar a los parlamentarios uno a uno al terminar el acto. Sólo dieron la mano a los miembros de las Mesas, los portavoces y a los presidentes autonómicos. Los diputados y senadores que quisieran saludarles tuvieron que acudir al Palacio Real en unos autobuses dispuestos al efecto. Allí participaron en el largo besamanos entre los tres mil invitados a la recepción palatina.

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Iñigo Urkullo y Artur Mas no aplaudieron el discurso del nuevo rey Felipe VI en el Congreso. / Esteban Cobo (Efe)

Como es sabido, el presidente catalán Artur Mas acortó su viaje por Estados Unidos para asistir a la proclamación. Ocupó la primera fila en la tribuna de invitados, delante de la andaluza Susana Díaz y flanqueado por los dos presidentes de las Comunidades históricas, el gallego Alberto Nuñez Feijóo y el vasco Iñigo Urkullu. Ni Mas ni Urkullu aplaudieron el genérico discurso del monarca, pese a que después de afirmar que “en España cabemos todos, terminó dando las gracias en las cuatro lenguas oficiales. Los parlamentarios de CiU y del PNV tampoco aplaudieron. Mas consideró desacertada la alusión del monarca a la “nación española”, ignorando a las demás nacionalidades que componen el Estado español. Urkullu no ocupó el sitio que le reservaron en la grada del exterior del Congreso para presenciar el desfile militar de las compañías de honores.

Motivo de comentarios críticos fue también el hecho de que el monarca acudiera en traje de almirante general de la Armada, pues el acto era civil y no militar. En opinión de los diputados de distintos grupos parlamentarios, se supone que Felipe VI es rey de todos los españoles y no sólo de algo más de doscientos mil militares, incluyendo a la Guardia Civil. El hecho de que acudiera de militar tendría sentido si el presidente de las Cortes Generales fuera el encargado de ponerle la faja de capitán general, una atribución que se tomó el rey abdicado, Juan Carlos I, en La Zarzuela antes de la proclamación.

La Moncloa se esmeró también en dificultar la tarea de los periodistas e impuso acreditaciones especiales, de modo que para cruzar las vallas policiales no era suficiente con el DNI, el carné profesional y la acreditación como informador parlamentario; se requería acreditaciones especiales de la Presidencia del Gobierno, del Congreso y de la Casa Real para los que fueran a la recepción palaciega.

Para imprimir y recoger las chapas, los servicios de la jefatura del Gobierno utilizaron las dependencias del Senado y sometieron a los informadores que habían solicitado ser acreditados y remitido sus datos y una foto en el plazo establecido, a dilaciones de más de dos horas en la puerta. “Por motivos de seguridad”, según le dijeron, negaron la acreditación al reportero gráfico de France Presse Pedro Armestre, galardonado con el premio Ortega y Gasset 2013 y más recientemente con el Premio Internacional de Periodismo rey de España. Armestre atribuyó el insólito veto y la negación del derecho de acceso a que últimamente ha realizado reportajes sobre las acciones de Greenpeace en defensa del medio ambiente que posiblemente no hayan sido del agrado gubernamental.

Agencia Efe (YouTube).