Datos de Interior revelan el fracaso de las 'concertinas' en las vallas de Ceuta y Melilla

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Un grupo de trabajadores coloca 'concretizas' en la valla de Melilla, en noviembre del pasado años. / F. G. Guerrero (Efe)

La crueldad de las alambradas con cuchillas no ha disuadido a los inmigrantes subsaharianos de saltar las dobles vallas de seis metros que rodean Ceuta y Melilla. Así se deduce de los datos que, con varios meses de retraso, el Gobierno ha enviado al Parlamento sobre la eficacia del sangrante dispositivo. El número de inmigrantes indocumentados que lograron saltar las vallas y entrar en ambas ciudades es de 1.800 en los primeros nueve meses de este año, frente a 832 en todo el año anterior.

Las espirales con cuchillas o concertinas con las que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ordenó coronar la valla exterior de las dos ciudades autónomas hace ahora un año tuvieron un efecto disuasorio muy limitado. En un primer momento, los inmigrantes que esperaban y esperan en los montes marroquíes la oportunidad de cruzar la frontera, dejaron de utilizar los puntos de asalto coronados con las concertinas. Pero después volvieron a intentarlo con guantes y protecciones rudimentarias a base de trapos. Además sincronizaron los saltos en varios puntos de la valla al mismo tiempo para intentar burlar la vigilancia policial.

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Como ya advirtieron los responsables de varias ONG entregadas a socorrer a los inmigrantes, las concertinas solo han servido para añadir crueldad, dolor y cicatrices a los cientos de personas que huyen del hambre, la miseria y la guerra y esperan al otro lado la oportunidad de entrar en el primer mundo. Los datos no requieren comentario: en 2013 saltaron la valla de Melilla 830 de las 2.638 personas que entraron irregularmente; en el caso de Ceuta solo saltaron dos de las 1.623 que llegaron (el triple que en 2012). Y en lo que llevamos de este año, las cifras se han multiplicado por 2,4 hasta alcanzar las 1.800 personas que saltaron las vallas ya reforzadas con espirales de alambre con cuchillas.

El ministro Fernández Díaz, un hombre religioso y supuestamente piadoso, dijo que era necesario conocer el resultado de la nueva medida disuasoria para decidir si seguían extendiendo las concertinas o decidían retirarlas. Diez meses después ni siquiera ha aclarado si las nuevas vallas antitrepa que su departamento está instalado permitirán prescindir de las coronas de cuchillas. Más claro lo tienen los 23 diputados de su partido en la Comisión de Interior del Congreso. El miércoles rechazaron en bloque la proposición no de ley del diputado de CiU Antoni Picó que solicitaba la retirada de esas alambradas. La portavoz del PP, Gema Conde, adujo fríamente que donde se han colocado se ha reducido un 80% el paso. Conde compatibiliza su escaño con la docencia en la Universidad de Burgos y sin duda sabe que los inmigrantes poseen suficiente capacidad intelectual para distinguir los tramos de valla con cuchillas de otros menos hirientes.

Según los datos que ha aportado el Gobierno en respuestas a los diputados Jon Iñarritu, del grupo mixto, y Antonio Trevín y José Martínez Olmos, del grupo socialista, en 2013 llegaron al Reino de España 33.913 inmigrantes en situación irregular, de los que 1.623 fueron por Ceuta y 2.638 por Melilla, unos porcentajes que equivalen al 4,7 y al 7,7% respectivamente y que sitúan a las ciudades española en África como receptoras de algo más de doce de cada cien personas que entran sin visado ni permiso. Muchos de los que logran entrar clandestinamente en Ceuta y Melilla son perseguidos de guerra. El año pasado, 362 pidieron la orden de protección internacional (asilo y refugio), y en lo que llevamos de año se han incrementado las peticiones especialmente en Ceuta. Interior se opone a la tramitación de un promedio estimado en el 20% de las peticiones, según sus propias cifras. En su prioridad, el refuerzo de las vallas y la instalación de concertinas, lleva gastados 6,5 millones de euros en los dos últimos ejercicios.

2 Comments
  1. Piedra says

    Además de ineptos son crueles y falsarios. Por más que agiten la marca España nos avergüenzan con su asquerosa política de fortaleza solo con los débiles.

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