Miguel Boyer, el ‘revolucionario’ de 1966 que se pasó a la FAES de Aznar

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Miguel Boyer, junto con su esposa, Isabel Preysler, en una imagen del 31 de julio de 2012. / Ballesteros (Efe)

A los 75 años de edad ha muerto en Madrid Miguel Boyer, quien fuera poderoso “superministro” entre 1982 y 1985, los años en los que fue titular de la cartera de Economía, Hacienda y Comercio en el primer gobierno de Felipe González. Pero su nombre será recordado sobre todo por haber llevado a cabo la expropiación de Rumasa y casarse con Isabel Preysler, la ex de Julio Iglesias, la ex del marqués de Griñón. Pero, ¿quién no recuerda las imágenes del que fuera presidente de Rumasa, José María Ruiz-Mateos, al grito de “¡Que te pego, leche!” atacando a Boyer, a quien persiguió disfrazado de Supermán y hasta de presidiario?

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Miguel Boyer Salvador nació el 5-2-1939 en San Juan de Luz (Francia) porque allí estaba exiliado su padre, un republicano azañista, y en donde, paralelamente, su abuelo fue detenido por la Gestapo y entregado a la policía española (1941), que lo condenó a la pena de muerte. Estaba separado (septiembre de 1985) y luego divorciado de la ginecóloga Elena Arnedo tras veinte años de matrimonio, con la que tuvo un hijo y una hija. Estaba casado en segundas nupcias con Isabel Preysler Arrastia, ex mujer de Julio Iglesias (1971-1978) y de Carlos Falcó, marqués de Griñón (1980-1985), con quien tuvo otra hija. Aunque convivían desde 1985, la boda, por lo civil en un juzgado de Madrid, no se celebró hasta el 2-1-1988. Era licenciado en Ciencias Físicas y en Económicas por la Universidad Complutense de Madrid.

Boyer tuvo una educación racionalista, intelectual, liberal y laica y una forma de ser rigurosa, científica. Estudió el bachillerato en el Liceo Francés de Madrid, junto a otros futuros líderes socialistas, como Gregorio Peces-Barba. Ya en la Universidad, mientras estudiaba Físicas, militó en la Asociación Socialista Universitaria (ASU), que le llevó a las Juventudes Socialistas. Ingresó en el PSOE (1960) y fue detenido por la policía (1962) junto con otros jóvenes como Luis Gómez Llorente y Miguel Ángel Martínez, acusados de propaganda ilegal y militancia clandestina, permaneciendo cinco meses en prisión preventiva en Carabanchel. En el proceso judicial fue condenado a una pena simbólica, pero la represión fanquista truncó su carrera de físico: fue despedido de la Junta de Energía Nuclear (JEN) por sus ideas “socialistas y democráticas”. Olvidó entonces la Física y se dedicó de lleno a su carrera de economista, ingresando, por oposición, en el Servicio de Estudios del Banco de España .

Por esa época (1969) fundó, junto con su primera suegra, Elena Soriano (nacida en Fuentidueña de Tajo, Madrid, 1917, escritora, autora de la novela La playa de los locos, que tuvo serios problemas con la censura franquista, y fallecida el 2-12-1996), Manuel Andújar y Eduardo Naval, la revista El Urogallo, que dirigió Soriano hasta 1976.

Su permanencia en el Banco de España (1969-1974) le lanzó, en tiempos de Claudio Boada, a la Dirección de Estudios del INI (1974-1975), conocido como “un nido de rojos” para los tiempos que corrían: allí estaban Carlos Solchaga, Juan Manuel Kindelán, Luis García de Blas y Raimundo Ortega, personas que luego conformarían el grupo de socialdemócratas en el que sustentó Felipe González su política económica. Pasó a la empresa privada, siendo nombrado director de planificación de Explosivos Río Tinto (ERT, 1975-1978) de la mano de Leopoldo Calvo Sotelo.

Su juventud en la Agrupación Socialista Universitaria

Antes de esos episodios, en la década de 1960, mientras estudiaba en la Universidad, Boyer militó en la clandestina Agrupación Socialista Universitaria (ASU), que se convirtió en el germen de lo que sería la nueva dirección socialista que desbancó del PSOE a los históricos dirigentes exiliados en Toulouse, con Rodolfo Llopis a la cabeza.

En ese tiempo, Boyer llegó a tener un gran predicamento entre sus propios compañeros socialistas. La razón de su “glamour” entre los jóvenes universitarios que llegaban al PSOE la revelaría muchos años después otro histórico socialista, Luis Gómez Llorente: “Boyer tenía algo que en aquella época era muy apreciado: libros, volúmenes que en esos años era prácticamente imposible obtener en España. Y eso, para jóvenes ávidos de información política, como nosotros, era fundamental. Boyer tenía a su disposición, y a la nuestra, la espléndida biblioteca de su abuelo, Amós Salvador. Además, Miguel poseía una gran agudeza y una amplísima formación, lo que le daban gran predicamento sobre el grupo del Liceo”.

Los jóvenes que como Boyer llegaban entonces al comité socialista madrileño solían reunirse en el Café Lyón, en la calle de Alcalá, enfrente de Correos. Las tertulias se prolongaban hasta las dos y media de la madrugada, hora a la que cerraba el conocido café madrileño. Sirva como anécdota el hecho de que se había elegido el Café Lyón como escenario de las reuniones clandestinas porque Boyer vivía muy cerca, en el inicio de la calle Velázquez. El predicamento de Boyer con estos jóvenes de lo que podría llamarse la segunda fase de la ASU -en pleno proceso de transformación en Juventudes Socialistas- era grande.

La correspondencia clandestina de Boyer con Llopis

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Boyer estrecha la mano de Aznar en 2002, año en el que se incorporó al Patronato de la FAES. / Efe

En octubre de 1964, Boyer, que comenzaba a destacar en las filas socialistas, se encontraba en Melilla. Desde la ciudad norteafricana escribió el día 15 una larga carta a dos de los dirigentes de la ASU, Miguel Sánchez-Mazas y José Manuel Kindelán, que acabó en manos de Rodolfo Llopis -secretario general del PSOE en el exilio-. La carta ponía en evidencia un espíritu ansioso y por entonces rebelde.

“La causa principal del carácter fantasmagórico y ficticio del partido”, escribía Boyer, “es la debilidad extrema del socialismo en el Interior. Debilidad no en el aspecto formal-organizativo, sino en el aspecto humano, en el aspecto numérico, en la falta de combatividad, de confianza en las ideas, de espíritu de sacrificio y de orientación en los militantes de España (…) El embrión de organización que se había conseguido el invierno pasado, no funciona, ni puede funcionar mientras los militantes sean tan pocos, de tan poca altura política, tan cobardes que limiten a irrisorias disgresiones teóricas su propaganda clandestina por miedo a irritar al gobierno con ataques directos y eficaces”.

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Es difícil reconocer en estas líneas al Boyer que desde diciembre de 1982 hasta junio de 1984 dirigiría los destinos económicos de España como superministro de Economía del primer Gobierno socialista después de la guerra civil. Pero en 1964, efectivamente, el PSOE prácticamente había desaparecido de la escena opositora real española, y de eso se quejaba un Boyer que mantendría durante varios años unas relaciones casi privilegiadas con Llopis, según se deduce de la copiosa correspondencia que cruzó con el secretario general del PSOE y a la que tuvo acceso en exclusiva el autor de esta nota biográfica.

Boyer se manifestaba entonces como un joven utópico y radical, como lo demuestra el hecho de que en diciembre de ese mismo año (1964) formulara la siguiente petición a Llopis: que evitara que Fritz Erler, uno de los dirigentes de la socialdemocracia alemana del momento, consumara su plan de pronunciar en Madrid una conferencia sobre el programa de Bad Godesberg (el inicio de la socialdemocracia en Europa). Boyer tenía sus razones para tal petición, las cuales expuso a Llopis inmediatamente: “Puede usted figurarse la lamentable impresión que producirá Erler en un medio universitario bastante radicalizado, y la confusión y ridículo en que nos encontraremos los socialistas cuando la propaganda de Fraga explote esta apariencia liberal y dialogadora del régimen. Quisiera de usted pudiese impedir el viaje a través de la Internacional”.

Como prueba del ascendiente que Boyer tenía entonces sobre Llopis, baste decir que éste decidió intervenir y la visita de Erler no llegó a producirse. Pero muy sibilinamente, Llopis le hizo llegar a Boyer unos meses más tarde -el 15 de marzo de 1965- una carta que daría qué pensar al joven Boyer: “Por cierto que cuando le dije a Erler la mala impresión que la noticia había producido -su visita a Madrid- Wehner saltó diciendo que nadie podía dudar del antifascismo de Erler, pues Hitler lo había condenado a 19 años y había pasado unos cuantos años en campos de concentración. Yo le repliqué: pues si vas, debes comenzar la conferencia con esa declaración”.

Era evidente que Llopis había encontrado un excelente colaborador en Boyer, quien seguía al pie de la letra las recomendaciones que llegaban desde el exilio en Toulouse. Por fin, el 12 de junio de 1965, Boyer pudo dar al secretario general en el exilio una buena noticia: se trataba de que la Sección de Madrid de las Juventudes Socialistas había decidido su ingreso colectivo en el PSOE. “Esperamos con tal decisión ayudar a resolver la situación crítica del partido en Madrid, causada por la división de Alfonso Fernández y la de Ramón Rubial en el Comité de Coordinación del Interior, que se refleja exactamente en los Comités de Madrid y los paraliza”, escribió Boyer, casi cariñosamente, a Llopis.

No obstante, a Miguel Boyer se le notaba ya ‘cansado’ en 1966. Aquel joven estudiante que empezaba a afrontar un futuro profesional de éxito estaba a punto de dar uno de sus espectaculares saltos. En septiembre de 1966, Boyer se encontraba veraneando en Irún (Alai Txoko. Lapice) y pidió ver a Llopis, que se hallaba en Cauterets. La entrevista se celebró el 11 de septiembre en Bayona, hasta donde se trasladan el secretario general del PSOE en el exilio y los dirigentes Manuel Garnacho y Juan Iglesias Garrigós. Garnacho, que dirigía las Juventudes Socialistas desde el exilio, tenía algunas cuentas pendientes con Boyer relacionadas con su gestión en las Juventudes madrileñas. “Hablamos fundamentalmente de Madrid”, escribiría Llopis tras la entrevista, “de la situación de nuestras organizaciones en Madrid, de nuestra intranquilidad y disgusto ante la poca actuación que allí tienen nuestros compañeros y aún esa poca actuación no puede ser más desdichada”.

Aquella fue la segunda y última vez que Boyer se encontró con Llopis, porque poco después abandonaría el Partido Socialista. Pero aquel 11 de septiembre, Boyer aún buscaba excusas frente a Toulouse: trataba de explicar por qué no funcionaba la ASM y afirmó sin pudor ante los tres dirigentes del exilio que se sentaban frente a él que “Madrid ha sido invadida por un proletariado sin conciencia de clase, que no hay modo de ‘trabajarlo’“. Y añadió: “Madrid es un avispero. Un nido de chismosos. Y entre nuestros compañeros también abundan. Ahora mismo sé que le han dicho a ‘Pablo’ -pseudónimo de Ramón Rubial– que yo he anunciado o amenazado con hacer una escisión. Y eso no es verdad. Yo no he dicho eso. Ni lo he pensado en ningún momento. Además, nuestras relaciones con las Ejecutivas no son frecuentes y quienes vienen aquí, dicen una cosa y cuando vuelven a Madrid, dicen lo contrario. Las informaciones que os han dado de lo que tenemos en talleres y fábricas es mentira. Son invenciones…”.

Éxito empresarial… pero vuelta al redil socialista

Tras su abandono de hecho de la ASM, Boyer cosechó algunos logros en su carrera profesional, pero aquello parecía no llenarle lo suficiente y decidió poner su inteligencia al servicio de la política. De vuelta al redil socialista, fue miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE (nombrado en el XXVI Congreso, diciembre de 1976), pero nunca se llevó bien con las bases socialistas ni con la mayoría de sus dirigentes, y en febrero de 1977 abandonó una Ejecutiva en la que aún estaban Marx y Lenin, en los documentos doctrinales, y decidió incorporarse al grupo socialdemócrata de Francisco Fernández Ordóñez, donde se hizo cargo de la Presidencia del Comité de Estudios y Programas y formó parte de la Ejecutiva. Sin embargo, cuando la Federación Socialdemócrata se integró en la Coalición de Unión de Centro Democrático (UCD, abril de 1977), dirigida por Adolfo Suárez, Boyer se dio de baja y se presentó a las elecciones constituyentes (15-6-1977) como candidato al Senado por Logroño en las listas de la Agrupación Rioja Independiente, pero no obtuvo escaño.

Pronto volvió por segunda vez al redil socialista (septiembre de 1977) y fue nombrado coordinador del equipo económico del Gabinete Técnico de la Comisión Ejecutiva del partido, consiguió escaño por Jaén (elecciones de 1979, aunque renunció el 30-9-1980 por «aburrimiento y falta de participación», alegando que la insuficiencia de debate interno en los grupos parlamentarios le producía «la humillación y frustración de los diputados de a pie», pero también por dificultades para compatibilizar sus tareas de parlamentario con su trabajo de consejero de Presidencia en el Banco de España). Se incorporó (junio de 1981) al equipo del presidente del Instituto Nacional de Hidrocarburos (INH) Claudio Boada, como director de Planificación y Estudios de esa entidad.

De “superministro“, pero ya como ‘socialdemócrata‘ con tintes neoliberales

Felipe González y Miguel Boyer, en el Congreso, en una imagen de 1983. / Efe
Felipe González y Miguel Boyer, en el Congreso, en una imagen de 1983. / Efe

Llegaron sus años dorados: Boyer fue superministro de Economía, Hacienda y Comercio en el primer Gobierno socialista (2-12-1982/ 4-7-1985, siendo sucedido por Carlos Solchaga) e impuso su política económica contra socialistas y ugetistas. Fueron los tiempos de la primera devaluación de la peseta, la reforma fiscal, la creación de Pagarés del Tesoro (dinero opaco para financiar el déficit público), la ley de Alquileres y los primeros enfrentamientos con UGT.

La expropiación de Rumasa (23-2-1983) le valió la persecución de José María Ruiz-Mateos, que lo insultó y golpeó en los Juzgados de la Plaza de Castilla (3-5-1989); anteriormente, un ugetista, Juan José Fonseca, le dio una bofetada cuando daba una conferencia de prensa (15-12-1988), pagada la miserable acción por el propio Ruiz-Mateos.

Su buena estrella declinó en 1985: se conocieron sus amoríos con Isabel Preysler (entonces señora de Griñón), se montó un enorme escándalo público y Boyer acabó de perder su pulso político con el entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra. Tuvo que abandonar el Gobierno después de que Felipe González se negara a nombrarlo vicepresidente, ante la oposición de Guerra.

Tras su salida del Ejecutivo, Boyer ocupó la presidencia del Banco Exterior (18-7-1985/1988, en sustitución de Francisco Fernández Ordóñez), antes de ser fichado por “los Albertos”, Alberto Cortina y Alberto Alcocer (11-11-1988), para capitanear desde la presidencia de Cartera Central la abortada fusión de los bancos Central y Banesto, entrando a formar parte de los consejos de administración del Grupo de Construcciones y Contratas, S.A. (GRUCYCSA), Portland Valderribas y Fomento de Obras y Construcciones, S.A. Pero, tras la separación con sus respectivas cónyuges por líos de faldas y la salida de los Albertos de las empresas de sus ex mujeres (Alicia y Esther Koplowitz), Boyer se quedó con ellas y accedió a la presidencia y al puesto de consejero delegado de GRUCYCSA, sociedad holding del grupo Construcciones y Contratas, S.A. (CYCSA, 19-6-1990).

Pero su estrella profesional se fue apagando mientras aumentaban sus apariciones en la prensa del corazón tras la estela de su nueva mujer, Isabel Preysler. Después de diversos escándalos, como cuando Preysler enseñó su nueva mansión a bombo y platillo en las revistas del corazón y se supo que hasta el perro tenía una caseta monumental, Boyer dio uno de sus sorprendentes giros (febrero de 1996): el que fuera el ministro de Economía más poderoso del llamado felipismo respaldó públicamente el programa de José María Aznar para las elecciones de marzo de 1996, que supusieron la derrota del PSOE y la salida de la Presidencia del Gobierno de Felipe González.

“Es un programa que tiene orientación liberal, que es lo que conviene ahora a la situación económica española”, aseguró Boyer (El País, 14-2-1996), días después de ser portada de toda la prensa dando la mano –y la razón– al líder del PP. Al día siguiente, adelantándose al expediente que le preparaban en el PSOE, envió una carta dándose de baja del que había sido su partido durante más de 35 años. El final de la misiva mostraba el estado de ánimo del exsocialista: “Sólo conservo el carné de los años de la clandestinidad, con el número 19 de la Federación Socialista Madrileña, que no pienso devolver, porque me trae recuerdos de los años difíciles en los que éramos tan pocos” (El País, 18-2-1996).

Tras la compra de la argentina YPF por Repsol, Boyer fue nombrado (julio de 1999) presidente de la Corporación Logística de Hidrocarburos (CLH), constituida a partir del antiguo monopolio Campsa, en la que Repsol poseía el control en esas fechas con el 58 por ciento del capital y cuyo consejo de administración estaba presidido por Alfonso Cortina. En esos momentos Boyer ostentaba la vicepresidencia de Fomento de Construcciones y Contratas y era consejero de Portland Valderribas, puesto este último que conservó, aunque su labor ejecutiva se centraría en CLH.

Años después, y en una de esas piruetas políticas que le definieron, Boyer no dudó en liarse la manta de armiño de su nuevo estatus social y posar en la FAES, la macrofundación del PP presidida por José María Aznar, para desde allí descalificar a sus ex compañeros del Partido Socialista, desde posiciones de una derecha antieuropea y belicista, para acusar al entonces joven secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, de gauchista y al líder del PSC-PSOE, Pasqual Maragall, de separatista. Boyer era ya patrono de la FAES y el 24-4-2003 intervino en un acto de precampaña electoral (elecciones municipales y autonómicas del 25-5-2003) con el propio Aznar. En su última pirueta ideológica, abandonó la FAES. Corría diciembre de 2010, y según se informó entonces desde la propia fundación conservadora, su salida se debió a la proximidad que en aquel momento tenía con el entonces presidente Zapatero.

Empresarialmente, fue presidente de CLH hasta 2005 y en los años posteriores fue designado consejero de Reyal Urbis y de Red Eléctrica de España, consejos en los que causó baja después de sufrir un derrame cerebral en la primavera de 2012.

Es autor de varios libros, como La Filosofía de Karl Popper, El nuevo monetarismo y Socialismo es libertad y está en posesión de la Gran Cruz de Carlos III (5-12-1986).

Fue también diputado del PSOE por Jaén en la I Legislatura (1979-1982), en la que fue vocal en las comisiones de Economía, de Industria y de Energía y de Presupuestos y causó baja el 30-9-1980, siendo sustituido por Cándido Méndez Rodríguez.