Ana Mato se esconde y una surbordinada culpa a la enfermera

La ministra de Sanidad, Ana Mato, tras la directora general de Salud Pública, Mercedes Vinuesa, ayer, durante la rueda de prensa que ofrecieron en la sede del Ministerio. / Ballesteros (Efe)
La ministra de Sanidad, Ana Mato, tras la directora general de Salud Pública, Mercedes Vinuesa, ayer, en la rueda de prensa que ofrecieron en la sede del Ministerio. / Ballesteros (Efe)

¿Por qué se contagió de ébola la auxiliar de enfermería Teresa R.R. que atendió en el hospital La Paz-Carlos III de Madrid a los dos misioneros infectados en Liberia que fueron repatriados y murieron? ¿Se aplicaron correctamente los protocolos? ¿A cuántas personas ha podido transmitir la enfermedad? La ministra de Sanidad, Ana Mato Adrover, ha evitado comparecer en el Parlamento para responder a estas y otras preguntas y ha enviado a su subordinada, la directora general de Salud Pública, Mercedes Vinuesa Sebastián, a avanzar la hipótesis de un fallo humano de la propia enfermera. En otras palabras, que fue la auxiliar de enfermería y no el sistema ni los protocolos la autora del fallo que ha originado la alarma social interna e internacional.

Mato no sólo ha evitado al Parlamento (no comparece desde hace un año), sino que convocó una reunión con los responsables sanitarios de las CCAA, a la que tampoco acudió, y ni siquiera compareció ante la prensa tras el encuentro que mantuvo con el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid y el director del Hospital Carlos III para ser informada de las actuaciones realizadas en las últimas horas. Una nota de prensa ha sido suficiente en un momento en el que España ocupa las portadas de toda la prensa internacional y cuando las voces de reprobación sobre la gestión política de la crisis del ébola que ha hecho el Ministerio de Sanidad crecen no sólo en la oposición, sino también dentro del PP.

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Vinuesa acudió al Congreso de los Diputados a cubrir la petición de comparecencia que formularon los grupos parlamentarios antes de que se conociera el primer caso de contagio en Europa –el de la auxiliar de enfermería que atendió a los religiosos Miguel Pajares  y Manuel García Viejo–,pero  se escudó en que ella es una técnica y no una política para eludir cualquier responsabilidad política. Aseguró que “se aplicaron los protocolos de otros países –el único que había repatriado infectados de ébola antes de traer al sacerdote Pajares era Estados Unidos– y las normas y procedimientos de prevención para evitar el contagio eran correctos y no se guardaron en un cajón”.

Si los protocolos eran tan adecuados como la alta responsable aseguró, no habría ninguna duda de que la responsable del contagio fue la propia enfermera, que cometió un fallo humano, según dio a entender Vinuesa. La enfermera Teresa realizaba dos cometidos: cambiar los pañales a los pacientes y recoger el material. En el caso del misionera Pajares formaba parte de uno de los cuatro equipos de cuatro sanitarios que le atendió y en el de García, de uno de los tres equipos de tres personas que le asistió. La auxiliar infectada tiene 40 años y lleva 14 trabajando en el Carlos III. Su marido fue ingresado el martes y permanece aislado en observación. No tienen hijos. Las autoridades sanitarias madrileñas se incautaron de su perro Excálibur y anunciaron que lo iban a matar por si se habia contagiado y podía propagar el virus.

La alta responsable del Ministerio de Sanidad, Vinuesa, no contestó a las preguntas del socialista José Martínez Olmos, Gaspar Llamazares, de IU, y de Toni Cantó, de UPyD, sobre el desmantelamiento del hospital de referencia Carlos III, la idoneidad de los trajes y elementos de protección (nivel 2, cuando en los laboratorios de analisis en Majadahonda se utilizaba el nivel 4), la presión negativa exigible en las habitaciones de aislamiento  (no existía) y, sobre todo, el seguimiento sanitario del personal que atendió a los enfermos, a los grupos de riesgo y a las personas que han estado en contacto con la enfermera afectada.

Sólo cuando Cantó insistió en que contestara al menos a las preguntas clave, Vinuesa manifestó que las “barreras” (trajes de aislamiento del personal sanitario) eran las adecuadas y la presión negativa en las habitaciones de aislamiento no son necesarias ni figuran en el “protocolo de mínimos”, que se va adaptando ad hoc, en función de la situación. Aunque aseguró que “ya tenemos la lista de contacto” de la paciente, se refería en realidad a 22 personas del hospital de Alcorcón (Madrid), al que Teresa acudió el 30 de septiembre al sentirse mal y a otros 30 profesionales del Carlos III que se relacionaron con ella y con los pacientes fallecidos. Únicamente el marido ha sido ingresado y se encuentra aislado, a la espera del resultado de las pruebas.

Se da la circunstancia de que la enfermera con ébola distfrutaba de vacaciones tras el fallecimiento del sacerdote Manuel García el 26 de septiembre. El día 30 se sintió mal, acudió al hospital de Alcorcón, donde reside, alli constataron que la fiebre era baja y la enviaron a casa. El lunes, 6 de septiembre, se sintió mucho peor, acudió a urgencias al hospital, esperó todo el día, le hicieron pruebas y verificaron que padecía la enfermedad. Entonces ordenaron su traslado, ya de noche, al hospital de referencia, La Paz-Carlos III, donde se encuentra aislada y ha comenzado a ser tratada con suero donado por una religiosa que trabajaba con el misionero Pajares y superó la infección y viajó a Madrid para transferir su sangre al sacerdote García, quien falleció el mismo día que llegó.

Las explicaciones de Vinuesa en la Comisión de Sanidad del Congreso, aparte de insinuar la responsabilidad de la infectada, resultaron insuficientes y no contribuyeron a frenar la alarma social. “Estamos ante algo muy grave; no estaban preparados para hacer algo que el Gobierno decidió hacer y se hizo muy mal”, destacó Joseba Aguirretxe (PNV). “Algo ha fallado y no es un fallo humano, nadie está loco para infectarse; es inaceptable que no haya venido la ministra”, dijo Llamazares antes de recordar que la enfermera ha pasado “seis días con la enfermedad, sin atención ni prevención alguna del contagio que involuntariamente ha podido causar”. A esa hora las redes sociales ardían de indignación y exigían la dimisión de Mato. Cientos de ciudadanos se concentraron a última hora de la tarde ante Sanidad, en el Paseo del Prado, pidiendo a gritos a la ministra que abandonara el Ministerio para siempre. Los antidisturbios intervinieron para contener a la gente.

El portavoz del PP, Rubén Moreno Palenques, defendió la correcta actuación de la ministra Mato con una intervención estercolaria en la que llegó a decir que había comparecido más veces en el Parlamento que la socialista Trinidad Jiménes en otros casos de emergencia sanitaria, afirmó que «la responsabilidad es de la Comunidad Autónoma» –en este caso, la de Madrid, gobernada por miembros de su partido– y negó que estemos ante «un fracaso nacional» diciendo que «lo preocupante no es que tengamos una enfermera contagiada, sino que hubiera contagios como en Estados Unidos».