Los catalanes se rebelan contra la campaña del miedo

Josep M. Orta *

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Artur Mas, en el momento en que depositaba su voto en una urna de la Scola Pía de Balmes (Barcelona). / A. Estévez (Efe)

BARCELONA.– Puntualmente a las nueve de la mañana abrieron las puertas a los centenares de miles de personas en el millar largo de colegios electorales instalados en casi todos las ciudades y pueblos de Cataluña. Un retrato de la jornada podría ser, además del perfecto funcionamiento de la maquinaria electoral y el civismo de sus participantes, el ejercicio de muchos miles de catalanes sobre su derecho a decidir el futuro de su país mezclado con fuertes dosis de rebelión ante las trabas que han puesto desde Madrid para negarles este derecho. Además, se respiraba el ambiente el disfrute del derecho de catar la fruta que desde tantas instancias pretendían que fuera prohibida.

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No ahuyentó de las urnas  la 'campaña del miedo' (“Nos han quitado tanto y tanto que incluso nos han quitado el miedo” rezaba una pancarta). Al contrario, las amenazas parece que no han hecho otra cosa que incentivar la participación en sectores que en otras circunstancias se hubieran quedado en casa. Ello propició que la presidenta de la Asamblea Nacional de Cataluña, Carme Forcadell, valorara con un “sea cual sea el resultado, ya hemos ganado” al constatar la afluencia de votantes en las primeras horas del día.

Mientras el civismo presidió toda la jornada y los incidentes fueron menores, sí que se constató el poco aprecio que los catalanes tienen por la actual legislación española, el desprestigio que tienen los tribunales y, en especial, las resoluciones del Tribunal Constitucional.

“Cerrar puertas”

Para seguir la jornada se acreditaron más de seiscientos enviados especiales de diferentes medios españoles e internacionales. Algunos aspiraban a poder enviar la foto de un guardia civil llevándose una urna. Esto no se produjo y los mandos de las brigadas antidisturbios desplazadas para “garantizar” el orden durante la jornada tuvieron el sentido común de esconderlas. En cambio eran muy comentados los desprecios que tanto Mariano Rajoy como la presidente de los populares catalanes hacían de la consulta provocando no pocos sarcasmos los calificativos de que el evento era “poco democrático”. Ironizaban que los que han impedido hacer una consulta de una manera civilizada denunciaran la forma con la que se ha organizado. No es de extrañar que Artur Mas replicara a los populares (y por extensión a los socialistas) que “lo hemos probado todo, pero nos han cerrado todas las puertas”.

Volviendo a la calle, el pulso de las ciudades era que se vivía una jornada muy especial. La palabra consulta no vinculante no aparecía en ningún comentario y sí que los votantes coincidían en señalar que se daba un paso muy importante para acelerar el camino de la independencia. Una vez más han sido los políticos quienes se han visto desbordados por la ciudadanía que lejos de entrar en matices electoralistas han cerrado filas con los verdaderos motores de este proceso: la ANC.

Es cierto que los partidos favorables al derecho a decidir coincidieron en llamar a la participación para que la jornada fuera un éxito, sin embargo las divergencias entre la clase política, que tendrá que articular una respuesta a la movilización ciudadana, empezará el día después y la unidad mostrada durante el domingo puede saltar hecha añicos. La propuesta de Artur Mas de escribir a Mariano Rajoy para reclamarle negociar el futuro es rechazado por el resto de formaciones proconsulta que creen que la vía de negociar con el Estado está agotada por incomparecencia de Madrid y que la votación se ha de traducir en hechos más rupturistas, o sea, elecciones plebiscitarias anticipadas para entablar una negociación después de que el nuevo Parlament declare unilateralmente la  independencia.

La imagen de Cataluña

Este la enésima demostración masiva del deseo de los catalanes, por ello no deja de sorprender la visión que los medios de comunicación estatales, empezando por la pública TVE, ofrecen de la situación. Los defensores del derecho a decidir apenas si han tenido presencia en la prensa del Estado mientras los representantes catalanes de la minoría que la rechazaba parecía que estaban en plantilla en algunas tertulias. Por otra parte, resulta curioso que mientras las propuestas secesionistas tienen un discurso articulado, entre los defensores de la causa unionista sólo se han utilizado tópicos como los de “mejor juntos”, “queremos mucho a los catalanes y a Cataluña” o que la consulta es ilegal, reduciendo un problema político a uno jurídico.

Y lo que es más sorprendente es que aún tenga crédito el pretender culpar a un Artur Mas enloquecido de todo este movimiento considerándolo un genio capaz de manipular a centenares de miles de catalanes. Ello no resiste el más mínimo análisis.

En cualquier caso todas las elecciones o consultas tienen sus consecuencias y como dice el poeta “nada está escrito y todo está por hacer”.

(*) Josep M. Orta es periodista.