El día después: todo huele a elecciones

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Josep M. Orta (*)

El presidente Artur Mas, ayer, momentos antes de votar en la consulta del 9M. / Alberto Estévez (Efe)
El presidente Artur Mas, ayer, momentos antes de votar en la consulta del 9M. / Alberto Estévez (Efe)

Cada consulta –legal o ilegal- tiene sus consecuencias y tras la jornada del domingo todo huele a elecciones anticipadas en Catalunya. Los partidos pro-consulta empiezan a mostrar sus discrepancias sobre la hoja de ruta y la imagen de solidez interna que cada uno de ellos ofrece en sus comparecencias públicas no siempre (o casi nunca) coincide con la situación interna. La coincidencia de intereses mostrada en la consulta puede transformarse muy pronto en divergencias.

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Artur Mas salió reforzado el domingo. Logró poner las urnas pese a las promesas de “no votarán de los populares.  Es el máximo capital político de CDC pero quizás no el único. Sus esfuerzos por negociar con Mariano Rajoy una salida para realizar una consulta legal no han prosperado hasta ahora y su nuevo intento de escribir una carta al presidente para estudiar la situación tras los resultados del domingo para “cargarse de razones” no parece que vaya a tener una respuesta mejor.

Si este nuevo intento fracasa –y con la inminente tramitación de unos presupuestos en los que no cuenta con los respaldos necesarios para aprobarlos- no le queda otra salida que convocar unas elecciones plebiscitarias. Mientras las bases convergentes presionan a Mas para que radicalice su posición, cuadros más veteranos (normalmente los representantes del sector económico) son partidarios de apurar la legislatura por una poderosa razón: ahora las elecciones las pierden y quizás si agotan la legislatura podría cambiar el mapa político en Madrid.

Aún se plantea otra opción: hacer una “lista del presidente” que encabezándola Mas agrupara a significativos representantes de la sociedad civil.

Otra posibilidad que también se maneja –promocionada por la Assamblea Nacional de Catalunya- es lograr una lista unitaria entre los partidos favorables a la consulta, pero esta carta parece que está quemada.

Significativamente Artur Mas nunca se ha pronunciado sobre su futuro inmediato y siempre ha evadido dar una respuesta a la pregunta de si volverá a ser candidato.

Más divididos parecen sus socios de Unió. Duran Lleida se ha convertido en el principal enemigo de CDC. Nadie sabe el peso real que tendría en las urnas, pero no debe ser muy grande cuando pese a sus periódicas amenazas nunca se decide a dar el paso. El presidencialismo que impone en el partido crea un serio rechazo interno, especialmente en las bases, pero son un partido disciplinado.

Por su parte ERC juega fuerte. El nuevo liderazgo del tándem Junqueras-Bosch se ha hecho con el partido y todos cierran filas en torno a sus dirigentes. Favorecidos por las encuestas urgen que “empiecen a pasar cosas y que se dé un paso más”. Tiene una hoja de ruta clara que pasa por unas elecciones plebiscitarias que tengan como finalidad la declaración unilateral de independencia. Consideran de seguir insistiendo en pactos con Madrid es perder el tiempo, a la vez que han dado por concluido el pacto de gobernabilidad con Artur Mas y rechazan  una lista única.

La CUP también están consolidando su espacio electoral con sus planteamientos radicales. Su cabeza visible, David Fernández, tiene su liderazgo consolidado y son especialmente valoradas las cesiones que ha hecho en la filosofía  de su formación pactando el proceso independentista y moderando sus urgencias. Pero este es el único punto que pueden votar con CiU, una formación que además la considera demasiado pusilánime a la hora de plantear la ruptura con Madrid. El gran enemigo para el crecimiento de esta formación asamblearia es el peso que pueda tener en Catalunya la irrupción de Podemos. A la CUP les frenaría su crecimiento mientras a 'populares' y socialistas les disputan una parte importante de su electorado.

Más movidos están los 'populares' catalanes. Están quejosos tras sus reiteradas promesas de que el 9-N los catalanes no iban a votar y acusan a Rajoy de no haber tomado medidas para impedirlo. Tras minimizar en público el resultado de la consulta, a nivel interno  ven como su cuota electoral va reduciéndose y para muchos se han convertido “en el enemigo del pueblo”. Además las decisiones se toman en Madrid y su capacidad de maniobra es mínima.

El desánimo entre sus cuadros es evidente y sólo ha faltado que el exdirigente y antiguo diputado del partido, Manuel Milián Mestres, asegurara que el 9-N será el entierro de Rajoy. Sin embargo los populares catalanes históricamente han aceptado las imposiciones y destituciones que les llegan de la calle Génova y no parece que tengan la suficiente fuerza para enfrentarse a la dirección.

Tampoco les va mucho mejor en las filas socialistas. Las discrepancias internas son considerables entre el sector catalanista (defenestrado por los dirigentes del cinturón rojo tras el 'caso Filesa') se agudizan. Representan una cuarta parte del partido y sólo cuando Iceta se ha hecho con la dirección del partido ha acabado la etapa de imponer la disciplina a base de expedientes y expulsiones.

Los planteamientos políticos no contentan a ningún sector del partido y sus propuestas federalistas para superar la situación actual no les merece la más mínima credibilidad y parecen responder a la fórmula de ganar tiempo. Precisamente estas propuestas que en su día formuló Pasqual Maragall fueron rechazadas por los barones del PSOE y propiciaron su defenestración. La propuesta de Iceta y de Pedro Sánchez es percibida por la sociedad como un brindis al sol, mientras cada vez son más los votantes socialistas que se sienten atraídos por Podemos.

Iniciativa –el socio catalán de IU- también propone elecciones anticipadas si no se puede hacer una consulta legal. El tema de la consulta divide a su electorado y la bicefalia de su dirección les permite jugar a dos cartas. Ante el actual mapa político aspiran aliarse a nivel municipal con Podemos o Guanyem Barcelona de Ada Colau como condición de seguir ocupando un espacio en el mapa político catalán.

Finalmente queda Ciudadanos  partido que se beneficia de no tener ataduras con fuerzas estatales, lo que le permite hurgar con éxito entre los votantes del PSC y del PP. Albert Rivera es el líder de moda entre la derecha españolista y su discurso contundente le augura un crecimiento importante en las urnas. Por ello no duda en atacar a los 'populares' por su pasividad ante la consulta y por no utilizar todos los recursos para impedirla. Sus rivales le acusan de demagogo con tintes sociales, sin embargo, su liderazgo es aceptado por su militancia, claro que nada unifica más un partido que su tendencia al crecimiento.

(*) Josep M. Orta es periodista.
2 Comments
  1. Y más says

    Me parece tendencioso tildar a Albert Rivera de derecha «españolista». Muy en la linea del lenguaje nacionalista catalán. Poco acertado y nada imparcial.

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