Mas se ve capaz de imponer a ERC una lista única para unas elecciones plebiscitarias adelantadas a febrero

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Reunión de la Ejecutiva de CiU, celebrada ayer. De izda. a dcha., el presidente de UDC, Josep Antoni Duran Lleida; el secretario general del partido, Ramón Espadaler; el presidente de la Generalitat y de CDC, Artur Mas; el secretario general adjunto de este partido, Lluis Corominas, y el coordinador general de la formación, Josep Rull. / Andreu Dalmau (Efe)

Los planes de Artur Mas y su hoja de ruta no han variado tras el 9-N. Todo lo contrario. El president de la Generalitat se siente tan fortalecido que está convencido de que no habrá negociación con Mariano Rajoy y se apresta a convocar las autonómicas catalanas por anticipado, para febrero de 2015, tanto si pacta con ERC una lista plebiscitaria única que califica como “candidatura de país” como si no alcanza un acuerdo con Oriol Junqueras y cada uno va por su lado aunque ambos defiendan el mismo objetivo de declarar la independencia si consiguen la mayoría absoluta del Parlament.

El proceso está fijado y sigue las pautas que Mas ya adelantó a Mikel Iceta, el líder del PSC, cuando se reunió con él hace unas semanas tras su elección como primer secretario de los socialistas catalanes. Entonces, Iceta le ofreció su apoyo a cambio de no convocar el 9-N. Su idea era sumar los 20 diputados autonómicos del PSC a los 50 de CIU para que juntase 70 de los 135 escaños del Parlament y pudiese gobernar sin ataduras de ERC hasta el final de la legislatura en 2016. Y Mas rechazó la oferta confesándole que estaba decidido a convocar el 9-N y adelantar después las elecciones a finales de enero o más probablemente en febrero, lo que después ratificó a Pedro Sánchez en un encuentro posterior.

Ahora, el líder de CDC, convencido de que puede capitalizar personalmente el éxito conseguido en la consulta participativa, ha mandado una carta a Rajoy en la que le invita a negociar las condiciones de un referendo legal, semejante al de Escocia o Quebec, aunque está convencido de que la respuesta del Gobierno central será negativa y rotundamente contraria a su propuesta. Es más, no descarta que incluso se adopten medidas contra él y Rajoy le convierta en un mártir, lo que estima que ayudaría enormemente a sus planes electorales.

Al tiempo, el resultado del 9-N le ha convencido de que Junqueras no podrá oponerse a la “candidatura de país” que quiere proponer y pretende encabezar. Sobre todo, teniendo en cuenta que confía en que tanto la Asamblea Nacional de Catalunya y Omnium le ayuden a constituirla sumando a personalidades independientes de los partidos como, por ejemplo, el entrenador Josep Guardiola o personajes como él que irían en la lista pero renunciarían de inmediato al escaño a favor de los candidatos de partidos soberanistas que vayan por detrás. Es más, el president de la Generalitat está convencido de que si ERC presenta una lista propia encabezada por Junqueras obtendrá menos votos que la suya, en la que los candidatos de CIU irían trufados junto a los independientes, aunque el único punto del programa electoral de los republicanos sea también el de proclamar la independencia de Cataluña tras las elecciones.

Y, como remate, a Mas le importa muy poco, por no decir nada, que Unió Democrática de Catalunya, el partido de Josep Antonio Durán Lleida, rompa la coalición con CDC. Aunque sabe que el dirigente democristiano va a lanzar una plataforma propia que aprovechará precisamente la convocatoria electoral para desmarcarse diciendo, como ya dijo ayer el número dos de UDC, el secretario de la Federación y conseller de Interior, Ramón Espadaler, de que ahora es el momento de gobernar, no de hacer elecciones y hay que apostar por una negociación a medio plazo con el Gobierno central para buscar una solución pactada de la crisis independentista.

Significativamente, Josep Rull, el coordinador de CDC avisó ayer a Rajoy de que Mas no esperará una respuesta a su carta más de dos semanas, al tiempo que mostraba su convicción de que la posibilidad de que la negociación salga bien es “remota”. De ahí que insinuase que ahora toca buscar el “mandato democrático definitivo para la independencia” y “ganar y convencer” a los que el domingo votaron sí a un Estado propio y no a la independencia, que suman un total de 232.182 ciudadanos, el 10,07% de los que acudieron a las urnas.

Una tarea fundamental si se tiene en cuenta que los resultados del 9-N, siendo satisfactorios para Mas, pueden no ser suficientes para sacar una mayoría que proclame una independencia que, por otro lado, sería ilegal porque no la permite la Constitución. De hecho, a expensas de los votos que puedan sumarse hasta el próximo 25 de noviembre –fecha hasta la que los catalanes podrán seguir votando- los independentistas sólo han ascendido de los 1.734.000 votos que consiguieron CIU, ERC y la CUP en las autonómicas de 2012 a los 1.861.000 del pasado domingo. Y eso teniendo en cuenta que el censo legal fue en 2012 de 5,333.000 votantes y el que se ha aplicado el 9-N alcanza, según la Generalitat y el Instituto Nacional de Estadística, los 6.228.531 ciudadanos, entre otras cosas por haber permitido el voto de los jóvenes mayores de 16 años cuando la Ley Electoral fija en 18 la edad mínima para votar.

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