La oposición estalla de indignación contra las injusticias presupuestarias

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La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ayer, al inicio del pleno del Congreso en el que se debatieron las partidas ministeriales de los Presupuestos Generales del Estado para 2015. / Emilio Naranjo (Efe)

Los Presupuestos de la “recuperación económica” no destinan ni un euro a recuperar los huesos de los fusilados por el franquismo en campos y cunetas, reducen en 4.400 millones la cantidad para la cobertura a los parados, contienen una subida del 0,25% a los pensionistas aunque la previsión de inflación es el doble y camuflan la mitad del gasto militar. No es de extrañar que los portavoces de los distintos grupos de la oposición aprovechasen el miércoles el desfile de los ministros ante el pleno del Congreso para manifestar su indignación y poner de relieve en bastantes casos las mentiras de la propaganda gubernamental. Algunos miembros del Gabinete salieron de mal humor. Lógico. A nadie le gusta que le llamen mentiroso a la cara.

El desfile de modelos ministeriales comenzó con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, quien en vez de defender las cuentas de la Presidencia para el año entrante, último de la legislatura, invocó la incertidumbre del pasado, la prima de riesgo y el borde del rescate y describió a continuación una situación tan boyante y bonita como un mantón de Manila. Y todo esto –la salida de la crisis– se debe a que “tomamos la decisión de tomar decisiones”. Grandes aplausos del PP. Pedro Azpiazu, del PNV, le reprochó que no aporten ni un euro para recuperar los restos de los fusilados por el franquismo. Silencio y caras largas. El socialista Ignacio Sánchez, de verbo rápido pero inteligible, describió al gran jefe Mariano Rajoy como un tipo indolente con 247 asesores que se fuma un puro y toca la lira. El presidente de la Cámara, Jesús Posada, quiso reconvenirle por entender ofensiva la metáfora neroniana, pero este Sánchez corrió más y para entonces ya se refería a Santamaría denunciando “la insensibilidad y la indolencia hacia las víctimas del franquismo”. “¿Cómo tienen la cara de responder al informe de la ONU sobre los desaparecidos del franquismo diciendo que ya tenemos una ley de Memoria Histórica que ustedes han despreciado desde el primer día?

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Sánchez la acusó del “desamparo hacia las familias de las víctimas”. La vicepresidenta no se inmutó. El socialista recordó que su partido había sido respetuoso con la justicia al ofrecer cauces paralelos de compensación, pero con el Gobierno del PP “hemos vuelto a una situación que recuerda los años del franquismo, con ONG suecas aportando su ayuda para recuperar los restos, como cuando Olof Plame pedía limosna para la libertad en España”. La vicepresidenta siguió sin inmutarse.

Pasó el trámite y salió a escena Cristobal Montoro, quien pintó el año 15 de color de rosa. “Pero hombre, ¿cómo puede decir esas cosas si los salarios han bajado al nivel de hace treinta años y los contratos temporales han pasado del 84% en 2007 al 94% ahora?”, estalló, arremangado, Alberto Garzón, de Izquierda Plural. “¿No ve usted que los ricos son más ricos y los pobres más pobres y que aumentan las desigualdades?”, abundó el socialista trajeado Pedro Saura. Mas Montoro, turris burris, pasó el trámite y salió a escena el titular de Interior, Jorge Fernández Díaz. “Su dimisión es urgente”, le asestó Ricardo Sixto, de Izquierda Plural. “Es urgente por el trato inhumano e ilegal a los inmigrantes, por la criminalización de las protestas sociales, por la privatización de la vigilancia de las prisiones”. Fernández Díaz, visiblemente constipado, dijo que al menos ya había saldado los 217 millones de deuda heredada.

Siguió el desfile con el nuevo ministro de Justicia, Rafael Catalá Polo, al que Gaspar Llamazares hizo saber que con la Justicia ocurre lo que con su micrófono el día de la consulta en Cataluña, que tienen que sujetarlo con cinta de celo. Su presupuesto –añadió– es inferior al de 2008, con la consiguiente pérdida de empleo público y una ratio del 150% por funcionario. “A ustedes sólo les preocupa la mercantilización de la Justicia vía tasas y Registro Civil, no la agresión de la corrupción política”. Rosa Aguilar, del PSOE, aportó dos datos bien contundentes: “En el Presupuesto de la recuperación a la Justicia le tocan 209 millones menos que en 2011 y 164 millones menos que este año para los tribunales y los fiscales”.

Se fue Catalá abrigado con su chaqueta invernal y llegó Ana Mato en traje de entretiempo. “¿A qué viene tanta propaganda sobre los planes de integración social, tantos miles de millones de euros, si a la pobreza infantil le dedican 16 millones de euros?”, la cuestionó Llamazares antes de reprocharle que todavía resida en “un ministerio anémico y sin cabeza”. Se fue Mato sin aclarar qué ocurrirá con los 276.000 dependientes ya valorados y sin prestación alguna, y sin responder a las cuestiones del socialista José Martínez Olmo sobre el deterioro y la privatización a cachos del sistema público de salud, y prosiguió el desfile con el ministro de Defensa, Pedro Morenés Eulate, aparentemente satisfecho porque por primera vez en tres años no baja el presupuesto militar sino que sube 22 millones de euros. “Su presupuesto es mentira, llevan años mintiendo y cada vez les crece más la nariz”, le increpó Joan Tardà, de ERC, al tiempo que exponía las cifras entre lo presupuestado en armamento (6,8 millones) y lo gastado al margen del Parlamento: 890 millones. Y otro tanto ocurre con las misiones internacionales. Abundó en la materia Irene Lozano, de UPyD: “No nos creemos sus mentiras; presupuestan 6.000 millones y en términos OTAN se gastan el doble, el 1,2% del PIB”.

Impasible el ademán, salió Morenés y entró el titular de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, a quien el socialista Mario Bedera elogió como fiel intérprete de su superior Rajoy, aquel que escribió en el Faro de Vigo que “la igualdad implica siempre despotismo y la desigualdad es fruto de la libertad”. Quizá por eso, por su interpretación del de Pontevedra, le espetó, todavía tenga la satisfacción de presentar el Presupuesto para 2015 con un recorte acumulado de 3.000 millones de euros, con 30.000 profesores expulsados y con unas menguas del 93% en formación del profesorado, el 70% en universidades, el 50% en ayudas al estudio, el 13% en becas, el 39% en educación infantil y con la supresión total de los profesores de apoyo. “Explique a los dos millones y medio de familias en paro y sin ingresos que salvo que vivan en Andalucía o en Navarra van a tener que pagar los libros de sus hijos, explíqueles que no tendrán transporte ni comedor escolar”, bramó Bedera. Wert no mudó la color.

Salió a la palestra la titular de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, quien como rociera es posturera. “¿A cuantos jubilados pretende engañar repitiendo que suben las pensiones?”, le inquirió Joan Coscubiela, de Izquierda Plural. “Van a subir un 0,25% cuando la inflación prevista es el 0,50% y la que les afecta más, como el precio de la energía y el agua, subirá todavía mas”. Visiblemente indignado, le preguntó: “¿Nos toma por tontos o se ha inventado las matemáticas?” Bañez, que no es tonta –dijo Unamuno que tonto quiere decir tonto, o sea, defectivo de entendimiento–, le entendió perfectamente. Pero se votó, el PP rechazó todas las enmiendas de la oposición –incluida la del PSOE que pedía la supresión de la partida para el Diccionario Bibliográfico Español hasta que los académicos no rectifiquen las falsedades, como ordenó el Congreso– y se acabó lo que se daba, lo que se tomaba, no.

Antes de la votación definitiva al mediodía del jueves comparecieron los titulares de Asuntos Exteriores y de Fomento, que tampoco aceptaron enmiendas a sus departamentos. El vasco Azpiazu resumió el sentir de la oposición diciendo que tenía la impresión de estar tocando en la orquesta del Titanic mientras el barco se hunde.