Fulminar a Ruz

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El juez Pablo Ruz, en la puerta del antiguo edificio de la Audiencia Nacional. / Efe

El juez Pablo Ruz ha pasado en poco tiempo de ser el favorito de las huestes del Partido Popular a ser su enemigo a batir. Y es que este juez sencillo y trabajador, que cree en lo que hace, puede ser apartado esta semana del juzgado de la Audiencia Nacional donde se encuentra en comisión de servicios, tras el auto que dictó el jueves pasado que pone fin a la investigación del sumario principal del caso Gürtel y en el que atribuye a la hasta ahora ministra de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad, Ana Mato, y al Partido Popular, ser partícipes a título lucrativo de la red corrupta que dirigía Francisco Correa. Mato, por fin, se ha dado cuenta de que su marido Jesús Sepúlveda había recibido un Jaguar por sus servicios a la trama y Mariano Rajoy la ha dejado caer para no tener que dimitir él mismo por el mismo concepto.

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El caso es que Ruz, que era titular de un juzgado de Villalba (Madrid) realizó unas sustituciones temporales del juez Juan del Olmo y de magistrado de apoyo de Eloy Velasco, antes de que sustituyera al juez Baltasar Garzón cuando fue suspendido cautelarmente al intentar procesar por crímenes contra la humanidad a la cúpula franquista por el plan de exterminio sistemático de la Guerra Civil.

Ahí comenzó su andadura en el Juzgado Central 5, de la Audiencia Nacional, pero el caso Gürtel había pasado ya al Tribunal Superior de Justicia de Madrid; el caso relativo a los aforados Luis Bárcenas y Jesús Merino, al Tribunal Supremo; y otra pieza, la de los trajes, al Tribunal Superior de Valencia. Mientras tanto, Ruz reactivó el caso Faisán sobre el chivatazo a la red de extorsión de ETA y llegó a procesar al director de la policía y a otros dos agentes, lo que dio vida a varios diputados y senadores del PP que todas las semanas freían a preguntas sobre el caso al que había sido ministro del Interior en aquella época y luego vicepresidente, Alfredo Pérez Rubalcaba. Ruz era por entonces el héroe del PP.

De modo que el Consejo del Poder Judicial no tuvo problemas para renovarle la comisión de servicios durante dos años. Para entonces ya había vuelto a la Audiencia Nacional la pieza principal del caso Gürtel y, poco después también, el proceso que se seguía en el Supremo, al haber perdido la condición de parlamentarios los dos aforados.

En esas fechas el juzgado estaba sin titular, porque Garzón ya había sido expulsado de la carrera y  la plaza salió a concurso. La obtuvo un vocal del Poder Judicial, Antonio Carmona, elegido para el Consejo por los progresistas y considerado afín al PSOE. Y ya se sabe que por misterios de la política judicial, a Carmona le ofrecieron ir en servicios especiales de magistrado de enlace con el Reino Unido. Quizá alguien pensó que no era conveniente que un juez progresista metiera las narices en el caso Gürtel y que la alternativa era prorrogar, en una nueva comisión de servicios diferente pero en el mismo destino, a un juez que había investigado con denuedo el caso Faisán y que no parecía un enemigo del PP.

Incluso hubo un incidente en la Audiencia Nacional sobre qué juez se quedaba con el caso de los papeles de Bárcenas. Por un lado, el nuevo titular del juzgado Central 3, Javier Gómez Bermúdez, al que el Consejo había descabalgado de la presidencia de la Sala de lo Penal, en favor de Fernando Grande-Marlaska, y del que se sospechaba que estaba resentido con el PP por ese asunto. Por otro, Ruz, que tenía los antecedentes del caso. La Audiencia falló en favor de Ruz, con gran enfado por parte de Gómez Bermúdez.

La luna de miel del PP con Ruz seguía adelante hasta que el magistrado expulsó a la representación jurídica de ese partido de la Gürtel, porque aunque figuraba como acusación y perjudicada por la red corrupta, en realidad su labor era coadyuvar a la defensa de los imputados. Ahí se rompió el idilio.

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La ya exministra Ana Mato. / Captura de RTVE

Además, las investigaciones de los papeles de Bárcenas y la implicación de todos los tesoreros del PP y el cobro de sobresueldos 'en negro' por casi todos los dirigentes de la cúpula popular obligó a Rajoy  a dar explicaciones en el Parlamento, aunque muy a su manera. La frase "todo es mentira salvo algunas cosas" pasará a la posteridad como ejemplo de huida con el rabo entre las piernas y amparado por la mayoría absoluta.

Para el PP, Ruz, casado, padre de tres hijos, que toca la guitarra, ya no es el juez majete de la Faisán y lo quieren quitar de enmedio.  Mientras tanto, el juez que en 2013 había concursado a un juzgado de Móstoles, aunque deseaba seguir en la Audiencia Nacional, sabe que su puesto  pende de un hilo.

El anuncio de Rajoy de que sacaba una serie de plazas nuevas para jueces es mentira, simplemente pretende sacar a concurso las de los que están en servicios especiales. Es una buena excusa para incluir la que ocupa Ruz.

Y él lo sabe. En otras circunstancias hubiera renovado hasta el verano, pero se teme lo peor y por eso,  el jueves pasado, cinco días antes de que el Consejo se pronuncie sobre la prórroga, ha terminado la investigación de la pieza principal de la Gürtel.  Y ha dejado claro que Ana Mato, a la que no puede imputar porque tiene fuero, es partícipe lucrativa de los delitos de su esposo. Una conducta parecida a la que a Isabel Pantoja le ha costado ingresar en prisión. Mato, que por fin ha visto el Jaguar, ha tenido que dimitir de ministra, forzada por Rajoy. Sin embargo, fíjense que no ha renunciado a su acta de diputada, ni el partido se lo ha exigido —ya no hay vergüenza torera ni de ningún otro tipo, solo salvar el culo—, porque se arriesgaría a que le pasase algo parecido a lo de Pantoja y no tenemos el cuerpo para esos excesos.

Si Ruz siguiera en el cargo, quizá le daría tiempo a acabar el proceso de los papeles de Bárcenas o el de Pujol, pero mucho me temo que su suerte está echada. A pesar de lo mal que quedarán el PP y el Consejo del Poder Judicial, un apéndice de la voz de su amo tras la reforma a la carta del expulsado Gallardón, todo parece indicar que van a fulminar a Ruz por tratar de hacer bien su trabajo, que no es otro que hacer justicia. No sería el mejor indicio para la regeneración democrática y ética con la que se llenan la boca día sí y día también los dirigentes del Partido Popular.

Este martes conoceremos la decisión, pero si como se prevé defenestran a Ruz, no estaría mal que el tiro del cambio de juez les saliera por la culata.