Con flores a María, con piropos a Cristina

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La abogada Cristina Almedia dio su opinión sobre la prohibición de los piropos en  La Sexta Noche. / lasexta.com

Ya se imaginarán por dónde va a ir esto: por las declaraciones de Cristina Almeida pidiendo meter mano para evitar que piropeen a las mujeres por la calle y por el cachondeo resultante. Las redes sociales han hervido y todavía hierven de sarcasmo. De fotos de la Almeida (no precisamente por el lado bueno, ya me entienden…) y de comentarios tales como que, con la crisis, “hasta los obreros de la construcción tienen que trabajar con calidades inferiores” a la hora de piropear.

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Yo como mujer quiero poder ir tranquila por la calle”, afirmó Cristina Almeida, y se quedó más ancha que larga, nada menos que en este país. Cuesta de imaginar que ella misma no se imaginara lo que iba a pasar.

¿Entonces?

Este episodio me ha hecho recordar otra carcajada que me arrancó Cristina Almeida a principios de los años 90. Acababa de volver yo de un viaje al extranjero, a un extranjero muy extranjero donde ni El País tenían, en un momento en que Internet no te seguía a todas partes como un perro. Es decir, que durante quince o veinte días viví tan feliz sin leer la prensa española. Ni una línea.

Al volver en el avión me la dieron y tuve varios shocks en cadena. Empezando por tener noticia de una intrépida expedición española a Irak, en el contexto de la primera guerra del Golfo, encabezada entre otros por Gustavo Villapalos y Cristina Almeida. Quien había declarado, atención, que si aquella guerra cesaba, se comprometía ella a adelgazar no recuerdo si diez o quince quilos.

Se nos saltaban las lágrimas al leerlo, a mí y a mi primer marido, que era quien en el avión y en la lectura del periódico me acompañaba. Volábamos no sólo en alas de la Lufthansa sino también en las de la divina arrogancia de la juventud viajera. Arrogancia de quien vuelve de tierras remotas con la sensación de ser por lo menos ligeramente superior a quien jamás se ha movido del terruño. Lo nuestro era casi un Bienvenido Mr. Marshall: nos sentíamos volviendo no tanto a casa como a la España cañí que era nuestra residencia temporal, nuestro apaño momentáneo de ciudadanos del mundo.

¿Han probado ustedes a pasarse meses o incluso años sin ver la tele, ponerla de repente, y pasmarse hasta lo último al ver cómo son los concursos y los anuncios? Pues otro tanto puede pasar con las noticias de prensa, sobre todo tal y como se entiende la prensa en España. Al leer esto de la guerra de Irak y de los quilos de Cristina Almeida yo llegué a preguntarme: “¿Será siempre todo lo que lleva el periódico tan absurdo, y yo, con el opio de la rutina y del día, normalmente no me doy cuenta?”.

Es curioso como incluso personas muy inteligentes (no digo que yo sea necesariamente una de ellas) pueden pasar por alto lo más evidente, lo más elemental. Que en aquel momento, y puede que en este, sea el sentido del humor a prueba de bomba, tremendamente y saludablemente subversivo, revolución pura, de esta indudable gran señora que es Cristina Almeida.

Procedamos a desmenuzar el caso sin perder de vista el contexto. Atención, pregunta: ¿cuántas de las personas que me leen se atreverán a sostener sin sonrojarse que el físico no importa? ¿Que una mujer, cualquier mujer, puede permitirse el lujo de ser gorda, fea y cosas peores –si es que las hay- sin pagar las consecuencias?

Ojo que al hablar de las consecuencias no hablo de quedarse para vestir santos o de no comerse una rosca. Que eso, por mucho que nos deprima o nos apene, es democracia pura. Mientras no se descubra la manera de obligar a la gente por ley o por lo que sea a sentirse sexualmente atraída, los guapos y las guapas ligarán más que los feos y las feas. No es nazismo, sólo es biología y punto pelota.

Otra cosa es qué necesidad hay de que las personas, o para ser exactos, las mujeres, más atractivas tengan que aventajar a las demás en otros campos donde la utilidad de la belleza no está tan clara. Seguramente se entiende que Penélope Cruz haga cine y que Cristina Almeida haga política. Pero, ¿por qué una es tratada con más deferencia y hasta con más dignidad allá donde va, por qué le abren más puertas, la esperan más veces antes de cerrar el ascensor, es más fácil que le suban la nota en un examen, le perdonen una multa (atención, Esperanza Aguirre) o incluso, poniéndonos ya en lo peor, la salven la primera en un incendio?

La belleza es un perfume que lo impregna todo o un veneno que todo lo corrompe, según lo queramos ver. He visto mujeres profesionales de pelo en pecho (es un decir, ¿se me entiende?), cargadas de carreras, másters, éxito, etc, echarse a temblar como condenadas a muerte por unas tetas caídas o demasiado chicas, una panza inachicable, unos ojos engarfiados de patas de gallo, una súbita cicatriz. ¿Por qué, sin ir más lejos, pierden el sentido casi todas mis colegas y sin embargo amigas (habla la periodista) cuando Letizia Ortiz se casó con el ahora Rey de España, y de repente daba la impresión de que no había en la vida de una mujer aspiración más alta que el cuento de hadas y el glamour? Para este viaje, para acabar esclavizadas del culto al trabajo y a la vez del culto al cuerpo, ¿hacían falta tantas alforjas? ¿Esto es feminismo o esclavismo?

Ya me perdonarán por la irreverencia extrema que voy a decir: pero hay veces que, no diría yo que entiendo, entiendo, pero sí que me hago cargo, de ciertas ventajas del sistema musulmán. Me parece repugnante que te obliguen a ir por la calle tapada de la cabeza a los pies. Pero, ¿no tiene también algo de repugnante que te obliguen a ir enseñándolo todo, demostrando en todo momento y lugar que estás buenísima y estás perfecta, y si no, pues a evidenciar ignominiosamente, humillantemente, todas tus imperfecciones físicas a una sociedad que no las perdona? Partiendo de la base de que no hay alienación buena, ¿cuál es peor?
Démosle por favor una vuelta.

Retornando a Cristina Almeida, que es la madre del cordero y de este artículo: ahora que una ya está más crecidita que la primera vez que me reí hasta las lágrimas de unas declaraciones suyas, ahora que tanto el mundo como yo nos hemos hecho más viejos, y más profundos y más sabios, déjenme quitarme el sombrero ante esta maestra de la autoconfianza y la autoironía. Ante esta mujer gorda y fea capaz de bromear sobre ello. Capaz de darnos una lección a todas las que nos desgañitamos, desojamos y desalmamos por alcanzar y/o mantener un grado de buena presencia que por otro lado fingimos que es secundario y que no importa.

Cristina Almeida dice que como mujer quiere ir tranquila por la calle. A lo mejor es la única. No porque le digan más o porque le digan menos, sino porque la trae sinceramente, majestuosamente, gloriosamente al fresco.

Dicho lo cual, a mí me encanta que me piropeen por la calle y no veo la necesidad de prohibirlo. Pero ese es otro tema, Cristina.

Olé tu libertad y tu poderío. Guapa.

3 Comments
  1. asco says

    Si son «tantas ventajas» las del sistema musulmán ¿por qué no van los hombres con Burka?. Menuda gilipollez. Ninguna mujer esta obligada a «estar buena y enseñarlo todo», puede ir como le de la gana, solo es necesarios que los sucios machistas occidentales, tan asquerosos como los orientales y del resto del mundo, respeten a las mujeres y entiendan de una puta que unlpiropo no es un halago. !Algunos preferirian un sociedad sin mujeres a la vista, como los de la foto trucada del periodico israeli !!!El que tiene que cambiar es el que mata no la víctima, con el machismo lo mismo,pero algunos siguen sin entererarse !!

  2. Y más says

    ¿Cristina Almeida es fea? A mí no me lo parece.

  3. asi fue says

    ¿permitirse el lujo de ser gorda y fea? !Pero si el número de gordos horribles hombres, triplica al de mujeres y nadie se ensaña con ellos por ser como son, se llamen Arias Cañete o el Marajá de Kapurtala. !!Es un lujo ser gorda y fea!!Ser gordo y feo es normal !!!en fin…. terminaremos con un piropo escuchado en la semana santa : guapa hija de la gran puta» !!y con una frase de un camarero murciano dicha a un impertinenente clientes: !se le cayera la picha a dios para que fuera a parar en tu boca y te callaras de una santa vez !!!

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