Pujol y trescientos más

El expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, en una imagen de archivo. / Efe
El expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, en una imagen de archivo. / Efe

Dijo en el Parlamento que no era bueno sacudir una rama del árbol porque podían retemblar todas las demás y caerse al suelo no sé cuántos nidos. Y no pasó nada. Por no pasar ni le quitaron al pasaporte, ni a él ni a nadie de su familia. Por mucho menos pena entre rejas Isabel Pantoja. Hasta Luis Bárcenas y Miguel Blesa han catado los fierros de la justicia, así sea un tanto efímeramente por ahora.

Lo malo de Jordi Pujol es que suele tener razón en su visión extraordinariamente pesimista de la condición humana. ¿Hobbesiano cristiano? ¿Hegeliano católico? No sé cómo definir su visión del hombre y del mundo. Sólo tengo claro que si algo ha demostrado este caso es que para nada Catalonia is different. Está tanto o más podrida que el resto de España. Hay quien ha trabajado a fondo para que nos pudramos juntos.

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A Pujol no le va a pasar nada, más allá de la caída en picado de la leyenda y del susto fiscal, porque el Estado y la Udef llegan tarde, muy tarde, y porque el mismo president que durante décadas no se quiso enterar del dinero que su familia tenía y multiplicaba en el extranjero (y yo, conociéndole, me creo que cerrara los ojos; otra cosa no admitía su prepotencia), pues ese mismo, en cuanto vio la guadaña de cerca, reaccionó como un lobo feroz protegiendo a la manada. A la mierda de repente Cataluña y todo lo demás. Me cuentan fuentes bien informadas que Pujol en persona se colgó del teléfono para empezar a amenazar gente. A medio IBEX y a cinco cuartas partes de la clase política de este país. Todos pringados a un nivel u otro, todos tocados por la misma gracia con que hace demasiado tiempo se gestiona casi todo en este país. La corrupción es una S.L. de unas trescientas personas que se han bastado y sobrado para cargárselo todo, para que ahora hagan falta tanques de lejía para hacer limpieza. Como los trescientos de las Termópilas pero al revés. Aunque hay quien sostiene que mejor que los griegos hubieran sido vencidos y que los persas hubieran pasado antes, mucho antes. Empiezo yo también a planteármelo.

Pujol y sus trescientos cómplices, compinches, hermanos de mafia. Todos intocables, todos mudos porque si canta uno, el entero resto cae detrás.

Me comentaba alguien en una ocasión que había que cambiar la ley de la financiación de los partidos porque era una ley muy infantil, que los que la hicieron no se quisieron enterar de que la política sale muy cara. Bueno, sin duda barata no es. Pero quizás podría volverse considerablemente más económica si tantos no tuvieran que trincar tanto en medio. Si desinflas el globo monstruoso de tantísima comisión, igual al final sale a devolvernos dinero a todos.

Pero primero hay que barrer a los 301.