Rajoy no se fía de Aguirre y quiere el control absoluto del grupo parlamentario

Esperanza Aguirre, esta mañana, durante la rueda de prensa posterior a la reunión, esta mañana, del Comité de Dirección del PP madrileño. / Fernando Alvarado (Efe)
Esperanza Aguirre, esta mañana, durante la rueda de prensa posterior a la reunión, esta mañana, del Comité de Dirección del PP madrileño. / Fernando Alvarado (Efe)

Uno puede preguntarse, con fundamento, a qué tanta batalla entre Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre por el control del aparato del PP de Madrid. Y la respuesta, según fuentes de la sede de Génova y del Grupo Parlamentario Popular, es muy sencilla y se debe a una cosa muy elemental. Lo que le preocupa al presidente del Ejecutivo es seguir gobernando tras las elecciones generales de noviembre. Y, sobre todo, cómo hacerlo si, de acuerdo con lo que aventuran todas las encuestas electorales decentemente cocinadas, pierde la mayoría absoluta sin conseguir lo que se ha dado en llamar una mayoría suficiente (es decir, en torno a 165 escaños).

Rajoy sabe que un futuro Gobierno en solitario del PP como partido más votado -que es lo que espera que suceda si el centro derecha no acaba descalabrándose y la izquierda (PSOE y Podemos, fundamentalmente) sigue dividida tras los comicios- requerirá un grupo parlamentario rigurosamente fiel, sin fisuras de ningún tipo. Y su presidente, añaden esas fuentes, no podrá permitirse que una docena o más de diputados, como ya ocurrió antes de que el líder del PP ganase el Congreso de Valencia, condicionen su acción de gobierno más que la oposición.

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De ahí que lo que Rajoy se haya propuesto en Madrid-y ha conseguido en gran medida- es que su máxima rival, Aguirre, deje el control del aparato a cambio de ser alcaldesa. Y si no ha logrado hacer que se retirase desde su designación misma, desde ya, ha sido porque ella se ha resistido a quedarse sin nada si, como también es más que previsible, el PP pierde la alcaldía por la incapacidad para pactar de su candidata (con Ciudadanos o UPyD) o simplemente porque la izquierda acuerda echarla si consigue la mayoría en la Villa y Corte.

Para ese caso, Rajoy también tiene prevista su estrategia. Si Aguirre pierde, aprovechará su debilidad para hacerse con el PP de Madrid argumentando que su tiempo se ha agotado y toca renovación. Una renovación que, aunque ella diga lógicamente que no es su objetivo, el presidente querrá que lidere Cristina Cifuentes, tanto por razones de edad como de capacidad de gestión. Sólo si la actual delegada del Gobierno en Madrid fracasase también estrepitosamente como candidata a la Comunidad el presidente optaría por otro candidato. Y hay quien asegura en el Olimpo del PP que esa persona, a la que ya se está promoviendo a tope, es Pablo Casado, ahora portavoz electoral, además de diputado nacional. Un hombre que, además, es fiel a Rajoy pese a que creció a los pechos de José María Aznar en la FAES, lo que aunaría a sectores importantes del partido conservador en una hipotética batalla contra una Aguirre que intentara quedarse en el poder partidista mediante una resistencia numantina para la que tendría que contar con fuerzas muy debilitadas tras la caída de su mano derecha, Ignacio González.

En Génova es bien sabido que el primer objetivo de Rajoy en su duelo con Aguirre ha sido romper ese tándem con González. De ahí que haya eliminado al todavía presidente autonómico, a quien por cierto se la tenía guardada desde que constituyó la punta de lanza de la expresidenta para echarlo del liderazgo del PP en el Congreso de Valencia. De esa manera, añaden que pensaba el presidente, ha querido evitar que ambos constituyeran en Madrid una especie de CSU de Baviera, el partido que siempre gobierna con la CDU alemana, ahora de Angela Merkel, pero que siempre va por su lado y actúa por su cuenta. Sobre todo en la elaboración de las listas de sus diputados nacionales.

Hasta ahora, incluso en los momentos de más fuerza de Rajoy, cuando se apoyó en el entonces alcalde madrileño Alberto Ruiz Gallardón, Aguirre imponía a la dirección nacional la inclusión en las listas de varios diputados que le eran afines. Pero Rajoy le ha ganado el pulso y, como mucho, la única que puede acabar siendo diputada, si pierde, es la propia expresidenta autonómica. Y por la generosidad de Rajoy. Eso, claro, en el caso de que no vuelva a decir, una vez más, que abandona la política y luego diga digo donde dijo Diego