Susana Díaz quiere gobernar en minoría y establecer acuerdos puntuales con Ciudadanos

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Daniel Cela *

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Juan Marín (izda.) y Albert Rivera celebran el resultado obtenido por Ciudadanos en las elecciones andaluzas, anoche, en Sevilla. / Raúl Caro (Efe)

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SEVILLA.– SusanaDíaz ha ganado las elecciones andaluzas, devolviendo a los socialistas la victoria tras cuatro años de derrotas, y recuperando para el PSOE la hegemonía del partido más votado en Andalucía, que le fue arrebatado hace tres años por el PP de Javier Arenas. El resultado que han obtenido los socialistas este domingo es el peor en el historial electoral del PSOE de las últimas tres décadas: sumaron 1.409.042 votos, el 35,45% del escrutinio. Díaz convocó elecciones anticipadas hace dos meses para garantizarse una “estabilidad en el gobierno” que echaba en falta con sus socios (IU) en el Ejecutivo. Tenía 47 escaños, pero no era la fuerza más votada. Ahora ha obtenido el mismo número de diputados, pero con 122.767 votos menos, pese a que la participación fue tres puntos superior a la de 2012 (63,92%). Es decir, se queda igual de lejos de los 55 escaños de la mayoría absoluta, pero ante un Parlamento más fragmentado y difícil de manejar que antes: habrá cinco formaciones, en lugar de tres, y el equilibrio en la correlación de fuerzas es mayor. Antes necesitaba el apoyo de Izquierda Unida dentro de un Gobierno de coalición, y ahora no podrá contar con ellos porque han pasado de 12 a 5 escaños, por debajo de su suelo histórico).

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Díaz se propone gobernar en minoría, sin pactos, y con acuerdos puntuales con la única formación que puede darle los votos que le faltan para sacar adelante sus iniciativas en el Parlamento: Ciudadanos, un partido inexistente un mes antes de la convocatoria de elecciones, ha irrumpido con nueve diputados arrebatados al PP. La presidenta de la Junta en funciones quiere formar gobierno cuanto antes –el Parlamento se constituirá el próximo 16 de abril y la sesión de investidura debe tener lugar en los siguientes 25 días- y confía en culminar los cuatro años de legislatura. Por aritmética parlamentaria, lo único que podría imposibilitar la gobernabilidad en Andalucía sería la alianza antinatura de PP y Podemos, los dos partidos con los que Díaz aseguró que jamás pactaría caso de ganar los comicios.

Pero, más allá del debate de si ahora habrá más o menos estabilidad en el Ejecutivo andaluz, el resultado de Susana Díaz este 22 de marzo también se ha leído como una proeza que en este momento no está alcance de ningún partido político en España, ni siquiera el suyo propio, ni de ningún líder (quizá con la salvedad de Pablo Iglesias, de Podemos). En el último año y medio, las encuestas y los sociólogos han hablado de fragmentación de la vida política, crisis del bipartidismo ante la irrupción de fuerzas emergentes (Podemos y Ciudadanos) y la apertura de un nuevo ciclo político. El cambio en Andalucía no puede interpretarse como un giro copernicano: la fuerte entrada de Podemos, con 15 escaños, y de Ciudadanos, con nueve, deja un Parlamento más atomizado. Las dos nuevas formaciones han desahuciado al PP, que se desploma de los 50 diputados a 33, y también a IU, que se derrumba de los 12 escaños a cinco. Pero no han despeinado a Susana Díaz, que mantiene la misma cuota de poder. Tampoco ha debilitado al PSOE una tasa de paro del 34% de la población activa ni los escándalos por corrupción que salpican a dos expresidentes andaluces (Manuel Chaves y José Antonio Griñán) y otros miembros de Ejecutivos autonómicos anteriores. “Ha sido una victoria histórica e indiscutible. Hay pocos antecedentes en Europa de un partido que revalide su mayoría después de 33 años gobernando”, dijo la candidata socialista.

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El candidato 'popular', Juanma Moreno, es consolado por simpatizantes del PP tras conocerse los resultados de las elecciones andaluzas celebradas ayer. / P. García (Efe)

El PSOE andaluz es más fuerte porque el PP es mucho más débil. El líder popular, Juan Manuel Moreno, ha dilapidado medio millón de votos y 17 diputados, pasando de los 50 que logró en 2012 a 33. Hay una pregunta que hacerse en dos direcciones: tan inexplicable es para algunos que el PSOE de Andalucía continúe en el poder tras 33 años ininterrumpidos de gobierno, como que el PP andaluz haya pasado todo ese tiempo en la oposición sin haber sido capaz de perfilar una alternativa real a la izquierda, como sí ha ocurrido en el resto de comunidades autónomas. Tras convertirse en el partido más votado en 2012, con una victoria histórica pero insuficiente, los comicios de este domingo devuelven al PP a principios de los noventa: tres décadas después deben retomar una larga travesía en el desierto. ¿Quién es el responsable de esta debacle? En la noche electoral, Moreno Bonilla compareció para asimilar su derrota, pero recordó algo que viene repitiendo desde hace dos semanas: que él acaba de llegar, que lleva apenas un año como líder del PP-A, y que su proyecto es a medio y largo plazo. ¿Entonces quién? El gran rival político de Díaz en estas elecciones ha sido el presidente del Gobierno. La sobreexposición de Mariano Rajoy en la campaña andaluza –con cinco actos durante, y dos antes- demuestra cuánto se jugaba el presidente. Rajoy evitará ahora extrapolar el fracaso de su partido en Andalucía, porque si lo hiciera, se vería fuera de la Moncloa en las próximas generales. El PSOE de Pedro Sánchez no es, ni por asomo, tan fuerte y sólido como el de Díaz, pero si en las generales, en Andalucía el PP sigue manteniéndose a una distancia de diez puntos de los socialistas, no podría reeditar su mayoría absoluta. Los populares, como era previsible, se han abonado a una teoría nueva: Andalucía no era un laboratorio y su resultado en las urnas no es indicativo de lo que puede ocurrir dentro de dos meses en las municipales y autonómicas, y menos en las generales de final de año. Andalucía es una isla, el PSOE federal no es el PSOE andaluz, y Pedro Sánchez no es Susana Díaz.

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Antonio Maíllo, acompañado por el candidato de IU a la presidencia del Gobierno, Alberto Garzón (a su izquierda), durante su comparecencia de anoche para valorar los resultados. / José Manuel Vidal (Efe)

La otra gran derrotada de las andaluzas ha sido IU, que obtiene el peor resultado de su historia (6,89% del escrutinio) y al borde de quedarse sin grupo parlamentario propio. Con menos de los cinco diputados que ha logrado, habría pasado al grupo mixto. La coalición que dirige Antonio Maíllo ha pasado en tres años del Gobierno a la práctica irrelevancia, viendo cómo Podemos le adelanta por la izquierda, le roba el discurso y más del 40% de votantes, como venían advirtiendo las encuestas. Maíllo, en plena sintonía con Alberto Garzón, candidato de IU a la Presidencia del Gobierno, eligió una campaña de no agresión contra Podemos, y cargó contra el PSOE. En el tramo final, el histórico dirigente de IU, Julio Anguita, verbalizó la estrategia de esta formación, asegurando que IU debía aliarse con Podemos después de los comicios para apuntalar una entente de izquierdas que derrocase al bipartidismo. Viendo la convergencia de antemano, los votantes han cambiado a IU por Podemos. Maíllo entra en el Parlamento sin fuerza en la voz, sin capacidad para reforzar a Teresa Rodríguez como alternativa, y su capital político (así como el de Garzón) ha quedado seriamente dañado. El apoyo interno del que disfrutaba hasta ahora puede venirse abajo cuando el sector crítico y durmiente de IU haga tomar conciencia de que la coalición no ha estado peor que ahora en 33 años.

Por último, Podemos ha obtenido un triunfo incontestable, se ha convertido de la nada en tercera fuerza del Parlamento, con el 14,84% de los votos y 15 diputados. Pero su victoria, en la práctica inmediata, no da como para redefinir el lenguaje político. De hecho, está por debajo, incluso, que el mejor resultado que logró la IU de Julio Anguita y Luis Carlos Rejón en 1994 (19,31% del escrutinio y 20 diputados). Podemos ha destrozado a la coalición de izquierdas, incluso al PP (enviando a muchos votantes desencantados a Ciudadanos), pero en el Parlamento está limitado a un espacio en el que sólo uniéndose a la derecha podría condicionar las políticas del Gobierno socialista. Pactar o coincidir con el PP, aunque sea en la abstención, puede desestabilizar las expectativas de Pablo Iglesias en las generales, cuya irrupción debe ser más rotunda que en las andaluzas, si de verdad quiere hablar de un nuevo ciclo político.

2 Comments
  1. juanjo says

    ¡Qué lamentable! Como hoy señala El País, allá por el 1978 o 1980, los andaluces capitaneados por el águila imperial de la leche condesada americana, o sea, por el Guerra y el Felipe, montaron un guirigay de mil pares de cojones en aras de SU autonomía andaluza; porque según ellos aseguraban, con reiteración y contundencia, gracias a la autonomía de Andalucía los andaluces lograrían abandonar sus altas tasas de paro (que ENTONCES NO ERAN NI MAYORES NI MENORES QUE LAS DE OTRAS REGIONES), sus escandalosas desigualdades sociales y su postración económica.
    Pero, no sólo no ha sido así; sino que con su autonomía y los líderes sociatas disfrutando a parta suelta en sus sillas gestatorias del palacio de San Telmo, la clase trabajadora y el pueblo llano andaluza no sólo no han levantado cabeza, sino que la han inclinado más: En este sentido, gracias al titánico esfuerzo de sus gobiernos autonómicos, rápidamente comenzaron a destacarse a la cabeza del paro, la postración económica y la más puta miseria y, lo que peor, desde entonces jamás han abandonado el liderazgo del desastre, de tl modo que hasta en los años más prósperos, el paro andaluz (y sólo durante una brevísima temporada ) se acercó al 10%.
    ..
    Es decir, lo que en otros lares europeos comenzaba a considerarse como altamente preocupante, en Andalucía lo vendían como altamente satisfactorio.
    ..
    Por este camino, pese a la emigración y el oportuno maquillaje, en estos momentos la cifra no puede ser más escabrosa: 35% de paro, o sea, 10 puntos porcentuales superior a la media estatal, el doble que en Castilla y León, Galicia o Asturias; 5, 6 o 7 puntos por encima de Castilla la Mancha, Valencia y Murcia; y 1 ó 1,5 superior a Extremadura y Canarias., a lo cual habría que añadir el tremendo deterioro de la sanidad, la educación pública y la atención a las personas dependientes, la reducción de los salarios y pensiones……..
    Todo un desastre humano que a la Díaz, sus compañeros y adláteres les mantiene plenamente eufóricos.

    Con su Estatuto de autonomía, pues, los andaluces y en especial los socialistas andaluces (Felipe, Guerra, Borbolla, Chaves, Griñán, la Díaz, etc., etc.) han hecho unos panes como unas hostias.
    ..
    Y no, no quiero aludir a la fazaña de los ERES porque lo que de sólito arruina a una región, a un país, a un Estado, etc., no son sus anormalidades e irregularidades, sino sus normalidades y legalidades.
    ….
    Por tanto, A DESALAMBRAR, a cambiar el rumbo. Porque aunque la autonomía les vaya de puta madre al gran capital, a los especuladores y a l@s polític@s profesionales, a las clases humildes y a la ciudadanía de a pie los está machacando cruelmente
    ..
    Y es que, como señalaba Marx y el propio PSOE en épocas anteriores, la clase dominante (o sea, las Díaz, los Griñanes, etc. etc. se esfuerzan en camuflar los intereses de sus conciudadanos (de su región o de SU AUTONOMÍA) con sus propios intereses, para lo cual no dudan en inventar un mundo fantasmagórico cada vez más refinado, inextricable, engorroso y falaz.
    (Y ahí están los iracundos bramidos de Susana Días, tan semejantes a las amenazas de los predicadores de mi bachillerato cuando nos enviaban a su terrorífico infierno por hacernos pajas o mirar el culo de las muchachas, proclamando a grito pelado su alucinante amor por SU Andalucía) .
    Pero, quía, aunque la ciudadanía trabajadora y humilde vaya de culo, a los políticos, y en especial a los políticos sociatas andaluces, les va tan de puta madre (¿dónde iban a sacar más por menor esfuerzo?) que siguen y siguen esforzándose por manejar SU cotarro (emisoras de tele y radio, diarios y revistas, publicidad institucional…) y lanzando a los ciudadanos de a pie palabras, palabras, palabras y nada más que palabras, que, como señaló a. Maurois, bien saben ellos que todo (toda la porquería) se puede almibarar si se dispone de medios para mistificar la palabra más pueril.

    Y, mientras l@s trabajadores se esfuerzan para soportar los rigores del paro, la pobreza y sus enormes carencias, ellos y ellas (¿lo duda alguien?), continúan esforzándose por los ciudadanos andaluces: les sueltan más palabras.
    …Y a toda hostia, que disponen de buenos altavoces.

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