Los cinco relojes de Rodrigo Rato

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Rodrigo Rato ayer, rodeado de periodistas, al llegar a su domicilio de Madrid. / Juanjo Martín (Efe)

Hace más o menos quince años viajé a China invitada por el Instituto de Comercio Exterior (ICEX) con motivo de la participación de España en una importante Expo Habitat en Shanghai. Por lo que sea la agencia Efe estaba a por uvas cuando aterrizó la delegación española. Recuerdo a un señor llamándoles furioso, gritando por teléfono: “¡Soy el jefe de prensa del vicepresidente segundo y ministro de Economía del gobierno de España!”. Es decir, de Rodrigo Rato.

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Recuerdo haber sacado muy grata impresión en aquel viaje de Rato, un político al que siempre admiré más que a otros. Le veía inteligente, bien nacido, criado y educado (daba gusto oírle hablar inglés con fluidez) y con un punto de chulería que para nada me desagradaba y que no llegaba a cegar algunos fogonazos tímidos, sobre todo con las mujeres. En aquel viaje hubo una escena que intuitivamente me lo confirmó. Estábamos unos cuantos hablando con Rato en un hotel de Hong Kong y él le daba la espalda a un inmenso ventanal con cristalera y a mí se me ocurrió decirle: “Ahí estás perfecto”. Y él: “Perfecto, ¿para qué?” Y yo: “Para acribillarte”. Y va el todopoderoso y se me pone colorado.

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Me gustaba Rato. Yo creo que era de los que más me gustaban del PP. Lamenté que José María Aznar se decidiera por Mariano Rajoy para sucederle, y lo atribuí a que no hay líder en el mundo que soporte que le suceda otro más listo que él. Luego vino la debacle del 11-M, aquella noche electoral para no olvidar en Génova. Recuerdo a Rato gallardamente formando al lado de Rajoy y me pareció un buen detalle de libro de caballerías.

Volviendo al viaje a China, otra escena que se me quedó: Rato saliendo de un mercadillo de Shanghai con cinco relojes cinco. Todos fake, todos imitaciones pirata de primeras marcas. Los chinos son tremendos para eso. Tremendos e irresistibles. La mitad de la delegación periodística de ese viaje tuvo que hacerse en el mismo mercadillo con maletas nuevas para embutir la increíble abundancia de productos comprados a manos llenas. Yo no lo hice por falta de presupuesto (fui una pionera en tanto que periodista mal pagada) y porque siempre me ha dado como una especie de repelús correr detrás del mismo becerro de oro que corren todos. Me parecía, no sé, un punto plebeyo.

Debo admitir que me chocó ver a uno de mis ministros favoritos (así sea porque tuvo en un momento dado el valor de anteponer lo personal a lo profesional, de osar divorciarse en pleno mandato de Ana Botella…) marcándose ese detalle, pues eso mismo, plebeyo. ¿De verdad necesitaba el vicepresidente segundo y ministro de Economía del gobierno de España ir a Shanghai a mercarse cinco relojes pirata, más cuando se supone que estábamos todos contra la piratería comercial? O a lo mejor es que siempre ha sido que sí, que unos lo estábamos más que otros…

Debo decir que el caso Rato es de los pocos que ha conseguido taladrar la dura piel de elefante inmune a la perplejidad política de la que ya creía haberme revestido. Me sorprendió lo de Jordi Pujol (no lo de su familia, pero lo de él, tan de él, sí) y me sorprende lo de Rodrigo Rato. ¿Qué necesidad había? ¿O a lo mejor es que simplemente el hombre nunca fue tan listo como parecía? ¿Sobran abyecciones nuevas o sobra peloteo en el pasado? ¿Cómo saberlo?

De todo lo que estos días se escribe, se lee, se comenta y se murmura, a mí lo que más me choca es que Rato, si de verdad hizo filigranas y blanqueó, pues eso, que no lo hiciera mejor. Que no se cubriera más eficazmente las espaldas. Coño, que los americanos hablaban con admiración de la matador economy para definir su gestión… y mírale, arrestado a la Dominique Strauss-Kahn, si bien por razones distintas. ¿Estará gafada la gerencia del FMI? ¿Debe Lagarde poner las patillas a remojar?

Si tuviera que apostar diría que aquí hay una mezcla de cosas que ha hecho o hace todo el mundo, de peligrosa sensación de impunidad, de traiciones sobrevenidas, interesadas y un tanto cutres a pesar del manto de supuesta virtud que las recubre, y hay sobre todo un cambio sobre la marcha de las reglas, de todas las reglas, pero particularmente de las de juego. Ya no te puedes fiar ni de que gobiernen los de tu propio partido.

Por cierto, no sé si es el momento de recordar que los famosos pactos del Majestic, se acuerdan, los que anudaron el apoyo de Jordi Pujol a la presidencia entonces debatiéndose en la incubadora de los prematuros de José María Aznar, los cerró a nivel de letra pequeña Rodrigo Rato.

Visto lo visto, a saber con qué más nos podemos ir encontrando. Atención.

2 Comments
  1. juanjo says

    Pues, eso. ¿En qué se diferencia semejante tiparraco del Rajoy y sus grandes íntimos.

    Lo lógico sería que un montón de peperos, comenzando por el Rajoy, estuvieran enchironados, el PP ilegalizado, y sus bienes embargados .
    ..
    Porque ¿Cuántass pandillas de saboteadores, y ladrones han sido detenidos e ilegalizadas por menos?

  2. LuisBravo says

    Rodrigo Rato “liberalizó” el Mercado Eléctrico en España,

    porque se iban a conseguir 3 logros:

    – Mejorar el servicio.
    – Aumentar la competencia.
    – Bajar el precio de la factura de la luz.

    Hoy, conseguidos todos esos logros,

    todos los españoles deberíamos poner estatuas de Rodrigo Rato

    en las principales calles y plazas de España.

    Para entender el sistema eléctrico en España,

    incluidos políticos PPSOE en eléctricas,

    es recomendable ver el informativo «Apaga y Vámonos»:

    https://www.youtube.com/watch?v=4IBkqrtN1Fs

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