Gabilondo, dispuesto a gobernar con Podemos pactando primero los desacuerdos

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Gabilondo, durante el acto celebrado el pasado 27 de abril en el que alrededor de 300 personas relacionadas con el mundo de la cultura apoyaron su candidatura a la Comunidad de Madrid, en el Círculo de Bellas Artes. / Alberto Martín (Efe)

Fue el método que practicó cuando ejerció de Ministro de Educación en el último Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, cuando casi alcanzó el milagro de conseguir un pacto educativo con el PP que hubiera podido evitar la circunstancia de que se cambien las leyes educativas fundamentales, las reglas de juego básicas, en un asunto tan capitular como el de la enseñanza. Aunque al final no fue posible porque se echaron encima las elecciones y primaron los intereses partidistas sobre los de la ciudadanía, para variar, el candidato a la presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid por el PSOE, Ángel Gabilondo, sigue defendiendo el mismo criterio que ha utilizado siempre para abordar las negociaciones que está seguro de que tendrá que llevar a cabo con Podemos tras las elecciones autonómicas del 24M.

Para él, lo importante es pactar primero los desacuerdos con Podemos -y eventualmente con Izquierda Unida- para abordar un acuerdo riguroso sobre las coincidencias y el programa que se puede llevar adelante estando juntos. Eso fue lo que hizo con María Dolores Cospedal en materia educativa y le salió tan bien que estaba acordada casi toda nueva Ley de Educación aunque luego se cargasen lo pactado los intereses electorales de última hora. Y eso es lo que piensa hacer si, como está convencido de que sucederá, queda, en el peor de los casos, como segunda fuerza en general, por detrás de un PP sin mayoría absoluta, y primera de la izquierda en particular, con posibilidades de quitarle la presidencia al centro-derecha, incluyendo en ese espacio a Ciudadanos.

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Para llevar a cabo esa estrategia, no es que haya decidido ser un verso suelto en las filas socialistas. Sólo recuerda que él es independiente y que cuando el PSOE le fichó, las dos partes sabían a qué atenerse. De ahí que estime que un pacto entre el PSOE y otras fuerzas a nivel nacional no debe condicionar el suyo.

No obstante, aunque suele afirmar en privado eso de “a mí no me van a decir lo que tengo que hacer”, suele añadir, con su característica serenidad y bonhomía, que él no es tampoco de los que van por su cuenta huyendo de las siglas del Partido Socialista. Significativamente, comenta con ironía que “el partido Gabilondo, por sí solo, no haría nada”. Por eso, añade, es “leal” al PSOE a carta cabal. Es más, comenta a su equipo que la marca PSOE no es un problema si se miden la suma de aciertos y errores cometidos. “El PSOE me aporta”, suele rematar.

Con todo, su prudencia de viejo rector le aconseja no ir más allá ni sobre los pactos ni en la valoración del PSOE. Sobre todo porque, como él mismo suele comentar, “el partido de la mayoría de los españoles es el Partido Veremos”. Algo que confirman con mucha claridad las encuestas, aunque al parecer el voto de su opción socialista no deja de subir desde que él aceptó ser el candidato. Justo el porcentaje en que cae el de Podemos, dicen los suyos. Unos 12 puntos. No obstante, añade con sabiduría que es difícil hablar de pactos porque, cuando se hace, todos “estamos pactando con sombras”. Y habrá que esperar a ver qué pasa.