El movimiento okupa de Madrid cumple 30 años

Ana I. Cordobés *

Centros de subversión, debate, actividades culturales, contracultura, e incluso germen de nuevas formaciones políticas. Los centros sociales okupados se distribuyen por toda la geografía como lugares en donde asistir a otro tipo de ocio alternativo, formativo y alejado de la oferta institucional.

Gran parte de estas actividades las lleva el colectivo Patio Maravillas, sobre el que pesaba una orden de desahucio desde febrero en su localización de la Calle Pez, en el barrio madrileño de Malasaña. Desde entonces Patio ha estado alerta ante un inminente desahucio, “cuando las defensas estuvieran más bajas”, pero no se efectuó. Finalmente decidieron okupar otro edificio, contiguo al Paseo del Prado, que unas horas más tarde fue desalojado con un fuerte dispositivo policial.

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Con motivo de los 30 años de la historia de la okupación social en Madrid, cuartopoder.es hace un repaso a los centros sociales autogestionados que están en activo y recuerda aquellos que fueron desalojados. Minuesa, Pacisa o Solarpiés son buenos ejemplos del movimiento de okupación en Madrid y, a su vez, del fuerte proceso de resistencia a su desalojo.

El Patio Maravillas, junto a otros tantos edificios okupados a partir del año 2011, se convirtió en uno de los núcleos del 15M postplazas, de movimientos sociales, juveniles, feministas e igualitarios. Estos edificios se convirtieron en un símbolo de la reivindicación más allá de las plazas y las calles. Precisamente el movimiento indignado surgido en el 15M precipitó un nuevo repunte en esta actividad, con más de 55 edificios okupados.

Por otro lado, el desalojo de Patio Maravillas no es una excepción. En los últimos tres años el ritmo de expulsión de los colectivos de estos centros se ha acelerado. Se une a otros cuarenta centros sociales que, desde el año 2012, han sido desalojados y 9 más sobre los que existe una orden de desahucio en pie.

Pero España y sobre todo Madrid y Barcelona han visto desalojados otros tantos edificios emblemáticos, símbolos de la subversión, los nuevos movimientos y actividades alternativas a las institucionales.

(*) Ana I. Cordobés es periodista.