Rajoy, obligado a acelerar los cambios, busca caras nuevas

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, antes del inicio de la sesión de control al Gobierno celebrada el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados. / Emilio Naranjo (Efe)

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sopesa cambios, tanto en el PP como en el Gobierno, mientras otros dirigentes y barones de su partido hacen quinielas sobre el alcance de esos cambios. Si en las primeras horas, tras el batacazo electoral, se negó la posibilidad de acometer crisis de Gobierno ni remodelación de la cúpula popular, poco después, el presidente del Gobierno dejaba la puerta abierta a cambios, tanto en el Ejecutivo como en el partido. Si el entorno de Rajoy apostaba inicialmente por pequeños cambios cosméticos, cada minuto que pasa los más cercanos a Rajoy confían más en unos cambios que no puedan dejar indiferente a nadie y, en especial, al votante del PP que, el pasado día 24 de mayo, decidió quedarse en casa y no votar. Ni al PP ni a ningún otro partido. "Es a ellos a quienes hay que volver a seducir -explican desde el entorno de Rajoy-, porque siguen siendo fieles al PP, pero necesitan una señal, conforme hemos entendido su enfado y estamos dispuestos a rectificar políticas y actitudes".

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Los cambios, entienden desde el entorno de Rajoy, tienen que ser profundos y no sería suficiente llevar a la actual secretaria general, María Dolores de Cospedal, al Gobierno, para que pueda ocupar su puesto otra persona. De hecho, incluso se le asigna la cartera de Educación, en sustitución del ministro José Ignacio Wert. Hablan de caras nuevas o, cuando menos, nuevas en la política nacional, para llevar el día a día del partido, y la que más éxito tiene entre sus correligionarios es la del presidente gallego Alberto Núñez Feijoo. Si una de las principales críticas que se ha hecho a Cospedal en los últimos años era que no podía compatibilizar el cargo orgánico con el cargo institucional, como presidenta de la Junta de Castilla-La Mancha, ese detalle no parece importar en el caso de Alberto Núñez Feijoo, tal es la desesperación de sus compañeros de partido. Asimismo, en la formación hay ciertos nombres que no dejan de ir de boca en boca: el del joven portavoz del PP para las elecciones municipales y autonómicas Pablo Casado y el de Lucía Figar, consejera de Educación en la Comunidad de Madrid. De ellos se habla, insistentemente, para que ocupen puestos de relevancia, ya sea en el Gobierno o en el Partido Popular.

Rajoy, por su parte, escucha y toma nota, pero se resiste a hacer movimiento alguno hasta que se hayan constituido los ayuntamientos. El líder del PP quiere hacer las cosas con calma, poco a poco, pero su partido empuja con fuerza para que acometa cambios de caras y de políticas cuanto antes, porque apenas faltan siete meses para las elecciones generales y las catalanas podrían celebrarse en septiembre. De momento, el líder del PP ha logrado frenar la marcha inmediata de varios de los barones, que han anunciado que van a dejar de estar en la primera línea de la vida política. Pero no ha podido impedir que se conozcan sus intenciones de marcharse y su profundo malestar.

Algunos de los consultados atribuyen la abultada derrota a la falta de capacidad de ilusionar al electorado, al desgaste de la acción del Gobierno y al hartazgo que tienen los ciudadanos de ciertas imágenes de los mismos que estaban. En general, son conscientes de la necesidad de un cambio de grueso calado, que requiere un tiempo que permita tomar decisiones con frialdad y estrategia, pero las prisas les pueden. Y han conseguido torcer la voluntad de Rajoy, que busca caras nuevas y actitudes igualmente nuevas.