Libres en España, sí… pero unos más que otros

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Imagen de 'Héroes invisibles. Afroamericanos en la guerra de España', de Alfonso Domingo. / Captura del trailer de 'Héroes invisibles'. Jordi Torrent (Vimeo)

Leo con enorme y sincero interés el escrito del colega Raimundo Castro sobre los combatientes afroamericanos en la Brigada Lincoln que luchó en nuestra Guerra Civil. Me parece absolutamente imprescindible ir a ver el documental dirigido por Alfonso Domingo, dando cuenta de aquel insólito experimento humano, político e igualitario, donde además del futuro de España trataba de dirimirse el de la entera Humanidad.

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Sólo un pequeño pero... resulta que, cuando yo misma investigué las aventuras de los voluntarios de la Lincoln para un reportaje que publiqué en su día en FronteraD, me encontré con que, en efecto, los afroamericanos habían florecido en las brigadas internacionales, sí. Pero un poco a costa de los latinos.

Aquí lo cuento:

(...) Existen estudios serios que cuestionan el mito de los lincolns como unos iluminados revolucionarios. Peter N. Carroll, en su excelente The Odissey of the Abraham Lincoln Brigade. Americans in the Spanish Civil War (Stanford University Press) sitúa a los brigadistas en su contexto histórico, que es el de la Gran Depresión americana de los años 30. Un momento en que no era difícil discernir la frontera entre radicalidad y desesperación.
Para ser comunista en Brooklyn en 1936 solo se necesitaba ser buena gente, estar muy cansado de la brutal penuria e injusticia económica de la época y quizás de las medias tintas de todos los demás partidos políticos, incluido el socialista”, razona James Fernández. “Entonces la gente veía que los comunistas hacían cosas como volver a meter lo muebles en las casas de las familias desahuciadas, que eran los únicos que parecían tener una disciplina, una visión. Atribuir motivos siniestros a gente así es un anacronismo histórico, por no decir una barbaridad. Qué iban a saber ellos de Stalin. Es como pensar que un pobre campesino de Valladolid que se puso del lado franquista en la guerra era un fascista irredento”.
Se da el caso de que unos cuantos de los que se alistaron en las brigadas habían formado parte de movimientos pacifistas solo un año antes. Las drásticas vivencias de la época les hacen pegar un vuelco, les despiertan un apetito de acción directa en el que confluyen muchas frustraciones. Personales, sociales y raciales: el que se sentía desposeído iba a luchar por todos los parias de la tierra, el que era judío para parar a Hitler y Mussolini —que objetivamente apoyaban a Franco—, el que era negro porque veía el discurso hitleriano alarmantemente calcado al del Ku Klux Klan. Es famoso el caso de Salaria Kee, una afroamericana que solo en el entorno único de las Brigadas Internacionales pudo ejercer su profesión de enfermera sin sufrir discriminación. La Brigada Lincoln fue la primera unidad militar de toda la historia de Estados Unidos donde un oficial negro pudo mandar a soldados blancos.
Se puede deducir que para muchos voluntarios la guerra española fue un experimento revolucionario, un laboratorio igualitario muy avanzado para la época. Y es verdad que muchos fueron a España convencidos de que allí se dirimía el futuro inmediato de la Humanidad. También se puede ver aquello como una batidora de ingenuidades enormes. Por ejemplo, los negros florecieron en la Lincoln porque así lo ordenaban los comisarios políticos comunistas, por razones en gran medida de propaganda. Que la verdadera igualdad entre razas no estaba demasiado interiorizada en realidad lo prueba el hecho de que todo lo que en las brigadas ganaban los negros lo perdían los latinos.

Hispanos go home

Hubo importantes roces de los que da una idea el puertorriqueño Antonio Pacheco en su libro testimonial Vengo del Jarama. Después de contar cómo casi llega a las manos con 'el camarada Royce', un norteamericano que sin más le había requisado la máquina de escribir, subraya que “ese fue el primero de una serie de incidentes entre latinos y yanquis”.
Uno de los incidentes más sonados se desencadenó cuando “en el cafetín que estaba más cerca del cuartel, un camarada de Chicago le dio una bofetada a un cubano, abusando de su estatura y de que el cubano tenía unas cuantas copas en la cabeza”. Afluyeron otros brigadistas en tropel y se originó “una tempestad de bofetadas entre cubanos y norteamericanos”, durante la cual “los chilenos, los mexicanos y los puertorriqueños nos alineamos con los muchachos de Cuba y el encuentro estuvo a punto de convertirse en un motín”. Aparece el inefable Royce (el de la máquina de escribir) con pretensiones de poner orden, pero le faltan rifles y bayonetas para controlar la situación y sobre todo le falta imparcialidad. “Si no es por la intervención mediacionista de los canadienses, la cosa hubiera terminado mal”, relata Pacheco. Que tampoco es que acabara bien; después de muchas tiranteces, reforzadas porque todas las posiciones de mando de la brigada recaen en los yanquis y no en los latinos, estos acabarán desgajados de la Lincoln y adscritos a la mítica 46 División de Valentín González, El Campesino.

Un héroe cubano para Obama

Esta escisión es importante porque difuminará las trazas de los brigadistas latinos estadounidenses en España y dará lugar a situaciones casi cómicas muchos años después. Por ejemplo, a que los hijos del mítico fotógrafo Agustí Centelles quisieran regalarle a Barack Obama un retrato hecho por su padre de un brigadista negro que murió en España, suponiendo que Obama se identificaría con él y se emocionaría. Hasta que las averiguaciones hechas para tratar de determinar la identidad exacta de ese brigadista arrojaron un dato sorprendente, y es que el hombre era de origen cubano. ¿Están las cosas para regalarle al presidente de Estados Unidos la foto de un brigadista de la Lincoln nacido en Cuba? James Fernández nos cuenta que en la embajada americana en Madrid aceptaron impertérritos en nombre de Obama —que no apareció— el obsequio de la familia Centelles y despacharon toda objeción con este plumazo soberbio: “Era un héroe americano y salió del puerto de Nueva York. Punto”.
Vodeviles aparte, sobre los latinos de la Lincoln sigue pesando una formidable losa de silencio y de misterio. El hecho de que muchos de ellos se sintieran brigadistas de segunda hizo que se desbandaran más que otros al volver a Estados Unidos (los que volvieron). A menudo eludían las asociaciones de veteranos de los yanquis, creando otras propias o eligiendo directamente el anonimato. Su clamorosa ausencia en los archivos de NYU es sólo uno de los sesgos, una de las limitaciones de la visión pública de la Brigada Lincoln. Que fue siempre un grupo bastante menos monolítico de lo que se cree.
Según Fernández, los brigadistas latinos eran en su mayoría cubanos y puertorriqueños muy politizados por la lucha en sus propios países. “Algunos estaban en Nueva York exiliados, otros fueron reclutados activamente en Puerto Rico, donde se dio el caso de tres hermanos Carbonell que perecieron todos en combate, peor que el soldado Ryan de la película”, nos cuenta. También había algunos españoles e hijos de españoles inmigrados: “Los padres emigran a América en 1910 o 1912, se casan, su hijo tiene 20 años en 1937…”. (...)

Insisto en que esto no es para enmendarle la plana a nadie, sólo para ampliar y matizar. ¿Se acuerdan de Bartolomé de las Casas, que por querer ahorrar padecimientos a los indios, abrió la puerta a los de los negros? Ojo, que la maldad humana no tiene fin y constantemente se reinventa. La bondad humana tiene que aprender también a hacerlo.