«No puedes dormir nunca, porque si cierras los ojos sientes que morirás»

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Rescate realizado el jueves 6 de agosto por el Argos de un barco de madera con 604 pasajeros a bordo. / MSF

La inacción de la Unión Europea con respecto a la crisis migratoria del Mediterráneo central se ha llevado, en lo que va de año, las vidas de cerca de 2.000 personas. La operación Tritón, que desarrolla Frontex, el organismo encargado de la seguridad de las fronteras exteriores de la UE, no contempla, sin embargo, las funciones de búsqueda y rescate. El año pasado, Italia ejecutaba la operación Mare Nostrum, que sí contemplaba estas acciones, pero en noviembre finalizó esta misión italiana tras la negativa de la UE de apoyarla económicamente. En estas fechas, el año pasado habían muerto unas 1.600 personas, cerca de un 25 por ciento menos.

Frente a esta situación, la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) ha enviado a sus equipos en tres barcos a la zona. El pasado 2 de mayo partió de Malta el Phoenix, una embarcación de la ONG Moas en el que viaja un equipo médico de MSF. Otro barco, en esta ocasión propio de MSF, el Argos, partió de Sicilia el 9 de mayo. El tercero, el Dignity I, hizo lo propio desde Barcelona el pasado 9 de junio. Durante estos tres meses, los tres operativos han rescatado a unas 11.300 personas. Mientras continúan con su labor de búsqueda y rescate, MSF exige a la Unión Europea el aumento de los medios de rescate y el mantenimiento de estos todo el tiempo que la situación exija. Además, pide la mejora de los centros de acogida de inmigrantes y refugiados, sobre todo en Italia y en Grecia, estados a los que han llegado 97.000 y 124.000 personas, respectivamente, en lo que va de año. De igual manera, MSF reclama medios y formas seguras y legales de acceder al refugio y protección en Europa. Cabe recordar que el número de refugiados y demandantes de asilo es muy importante, pues estas personas eligen esta ruta porque vienen de países en conflicto, como Siria (un 30% de los llegados) o Afganistán (11%), o de países con regímenes dictatoriales, como Eritrea (12%). Algunas de las historias de las personas rescatadas por MSF en el Mediterráneo central las recopila cuartopoder.es.

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Abdullah es natural de Gambia y fue rescatado el 3 de junio. Este es su testimonio:

«Llegar a Libia me costó 3 meses y 3.000 dólares, cruzando Senegal, Mali, Burkina Faso y Níger. Los contrabandistas te venden a otros contrabandistas y tu les pagas a todos. Ellos no te dan comida ni agua, te golpean como a los perros, te gritan, te asustan con las pistolas y te disparan en el pie. No puedes dormir nunca, porque si cierras los ojos sientes que morirás. Aunque recen, ellos no son musulmanes. En Níger, cerca de la frontera con Libia, reunieron a toda la gente y no nos dejaban marchar. Éramos 50. Tardamos dos semanas más en llegar a Libia, dos semanas más sin comida. Vi a mucha gente morir en el desierto, los vi con mis propios ojos.

Es duro, pero es bueno para mí regresar a esos momentos, quiero que los europeos sepan lo que ocurre allí. Cuando llegamos a Trípoli, la policía también nos pidió dinero. Estuve allí cuatro meses. Los africanos éramos perseguidos. Tuve que huir para que no me quitaran mi dinero. No podía hacer nada, no tenía un futuro, por lo que decidí ir a Europa. Cuando me subieron al barco sabía que sólo podía transportar a 50 personas, pero éramos muchos más a bordo. No les preocupa que mueras, llenan los barcos todo lo que pueden. Dejamos el barco a medianoche y por la mañana temprano empezamos a hundirnos. Estábamos muy asustados. Teníamos un teléfono por satélite y empezamos a pedir ayuda inminente. Entonces, vimos al Argos, gracias a dios que llegó. No teníamos dinero, no teníamos zapatos, porque todo se lo habían llevado, pero os estaremos agradecidos siempre por esto. No tenía otra oportunidad y ahora me siento muy feliz, como si volviera a ver a mi madre».

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Abdullah. / Francesca Mapelli (MSF)

 

El pequeño Yasez, o Joshua, como su madre quiere llamarle a partir de ahora, fue el primero en subir a bordo del Argos cuando su barco fue rescatado en el Mediterráneo el pasado 7 de junio. Joshua fue recibido por la enfermera Gert y por la médico de MSF Anne.

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El pequeño Joshua llega al Argos. / F.M. (MSF)

Muna tiene 35 años y es de Somalia. Tiene tres hijos, uno en Suecia y dos todavía en Somalia. Este es su testimonio:

«En Somalia no tenía medios para vivir y allí la situación era de extrema violencia, con bombas casi todos días. Tengo un hijo de 18 años, refugiado en Suecia, y quiero reunirme con él. Hicimos el procedimiento para pedir la reunificación familiar, pero aunque tenía los documentos requeridos, mi petición no fue aceptada. Fui forzada para realizar este viaje a través del mar porque era lo único que tenía. Durante mi viaje crucé diferentes países, Somalia, Sudan y luego Libia. Tardé siete días en camión para cruzar el desierto hasta la frontera con Libia. Vi a un chico sudanés morir al caer del camión, otros estaban heridos pero sobrevivieron. Tan pronto como crucé la frontera, encontramos un grupo de personas armadas que nos recogieron. Incluso siendo una mujer me trataron mal, me pegaron, no nos daban comida ni agua. Mi viaje hasta Libia duró dos meses y siete días, después seis horas en el mar. Cuando vimos el barco nos pusimos muy felices y ahora estamos muy contentos de estar aquí».

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Muna. / F.M. (MSF)
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Muna es recibida a bordo del Argos. / F.M. (MSF)

Idowy fue rescatada por el Argos el 7 de junio. Este es su testimonio:

«Mi nombre es Idowy y esos son mis hijos. Somos de Nigeria pero hemos vivido en Libia cuatro años, donde teníamos una vida normal, trabajando y viviendo todos juntos. Un día estábamos dentro de casa y unos hombres entraron con una pistola, nos amenazaron y cogieron a mi marido, intentaron matarme. Al final se marcharon, pero no pudimos encontrar la paz allí. Teníamos que escondernos. Estábamos escondidos todo el tiempo y no podíamos salir. Los hombres volvieron y estábamos muy asustados. Teníamos que mudarnos. Fuimos al puerto para coger un barco. Tengo a mis hijos y tenía que salvarlos. Sabía que si nos íbamos, tendríamos paz. Ese es el motivo por el que me traje a mis hijos al barco. No sabía realmente donde iríamos, pero creía que una vez estuviéramos dentro del barco sería libre, y estaría a salvo de las pistolas. Sólo tengo a mis hijos en mi vida y tengo que cuidarlos. Gracias a Dios estamos vivos, mis hijos y yo, y estoy muy feliz».

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Idowy con sus hijos. / F.M. (MSF)