ANNA GRAU | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 21:38

Manuel_Contreras
Manuel Contreras, en una fotografía de archivo, cuando era trasladado al Centro de Detención Cordillera. / Efe

Manuel Contreras, el de la DINA. El asesino en jefe de Augusto Pinochet. Es difícil acumular tantas condenas por violar tantos y tantos derechos seriamente humanos, por acabar con tanta y tanta vida, como las que él acumulaba y acumuló. Imposible expiar tanto. ¿Y arrepentirse? Yo escribí hace tiempo un poema dedicado a Hitler donde simplemente –muy simplemente- le deseaba que un buen día se hubiese levantado con el pie de la conciencia cambiado. Que un buen día se hubiese hecho consciente de todo el horror por su causa acaecida. La desbanalización irreversible del mal. Que un àcid obscur li estelli la mirada/i li devorin el ventre els corbs del dubte (Que un ácido oscuro le astille la mirada/y le devoren el vientre los cuervos de la duda…). Y más adelante añadía: i que els seus crims el penetrin com agulles/i la seva mort sigui la més llarga/de totes les eternitats conegudes (y que sus crímenes se le claven como agujas/y que su muerte sea la más larga/de todas las eternidades conocidas). No sé yo si cabe desear nada peor.

Lo cierto es que nunca se arrepienten. Nunca. No sé yo si por maldad sincera, por sectarismo irredento o por economía del alma. Al párrafo anterior me remito: ¿soportaría el Maligno darse cuenta de que lo es? ¿Resistiría un drástico cambio de punto de vista sobre su razón de ser y de estar en el universo? El remordimiento es una de las pasiones más apasionantes: la conciencia renegando de sí misma, reculando espantada ante su propia manga ancha. Objetiva y psicológicamente sale más a cuenta sostenella y no enmendalla. Hacerse fuerte en la ceguera, en el cinismo.

La chusma es chusma porque no cae nunca en la candidez de intentar ser más humana. Me estoy leyendo estos días Muertes paralelas, de Fernando Sánchez Dragó, novela verité donde, entre otros desastres, reconstruye -¿o sería más preciso decir que deconstruye?- el asesinato de su propio padre pocos días después de arrancar la guerra civil. Todavía no he acabado de leer el libro, la verdad. Pero como Dragó tampoco aguardó a acabar de enterarse de todo lo que iba a contar antes de sentarse a contarlo, confío en que no me tomará a mal que escriba lo que a estas alturas de la lectura pienso: que en casos como éste lo más duro de tragar y de todo debe ser que tu padre muriera por un manojo de míseras casualidades mal entrelazadas. Por un puñado de mariconadas, de tonterías. Por nada que no hubiera podido evitarse, reencarrilarse, con un mínimo de sentido común. Propio y ajeno.

Tratar de dotar de sentido y de argumento el espanto, la inmensa putada del caos exterminador, ¿ayuda o desayuda? Muertes paralelas tiene momentos que no hay por donde cogerlo sin perderse, sin liarse, sin extraviarse en extraordinariamente concurridos y enmarañados laberintos… ya debió ser eso, ni más ni menos que eso, lo que se sentía y se vivía, lo que todavía se siente y se piensa, muchas veces, al tratar de poner inútil orden en todo aquello. Dragó, haciendo de su libro una especie de gato de siete colas, todas encendidas, conecta muy probablemente con el misterio profundo de la inhumanidad.

La guerra, siempre la guerra, la nuestra y de los otros… Los Onces de Septiembre, que también los hay de varios países y para todos los gustos… Este artículo arrancó con la ¿feliz? noticia de que Manuel Contreras ha muerto…incólume, sin cumplir ni siquiera un cachito apreciable de su mucha pena, sin una sombra de duda ni de contrición. Riéndose sin disimulo de sus muchas víctimas.

Chile es o ha sido un país valiente… a la fuerza. Un sitio donde para bien y para mal la memoria se la han dado hecha. Donde no han tenido la opción de mirar para otro lado y reinventarse una historia más hospitalaria, más amable. Más llevable. Menos aparatosamente sangrante día sí, día también.

¿Les ha cundido? ¿Están mejor o peor que nosotros? ¿Qué pueblos están más condenados a repetir su historia? ¿Los que la aparcan o aquellos a los que les repite sin parar como el ajo?

Pensémoslo.

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