Adiós a Txiki Benegas, el político que siempre estuvo allí

El histórico dirigente socialista Txiki Benegas en el Congreso. / Efe
El histórico dirigente socialista Txiki Benegas. / Efe

La muerte de Txiki Benegas, acaecida este 25 de agosto de 2015 a la edad de 67 años, priva a los socialistas vascos y españoles de la presencia, aunque no del ejemplo, de un dirigente coherente y luchador, al que ni las amenazas de ETA ni la asechanza de un par de pistoleros para matarle un día de otoño de 2002, cuando salía del portal de su casa en San Sebastián, consiguieron arrugar ni amedrentar. Era un hombre afable y cordial y poseía una de las mejores cabezas del socialismo español. Reunía las tres cualidades que la democracia ateniense exigía a los buenos políticos: la racionalidad o phrónesis, la excelencia o aretè y la benevolencia o eúnomia.

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Era un hombre culto –su Diccionario del terrorismo es obra obligada para entender ese mundo–, le agradaba el diálogo, la crítica y la dialéctica. Le molestaba la maledicencia y la descalificación. En los tiempos en que Rosa Díez hacía política contra los planteamientos del PSE-PSOE, su partido, algunos compañeros acudían a él para quejarse y pedirle medidas administrativas contra la desleal compañera. Él les escuchaba con la eutimia o buena disposición que siempre le caracterizó y a lo último les decía que esperaran, que ya se daría de baja, como en efecto ocurrió. La misma paciencia pidió con otros notables compañeros.

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A Txiki le nacieron en el exilio, en Caracas –le gustaba decir que en el barco de vuelta a España–, donde su padre, el abogado nacionalista vasco José María Benegas Echeverría vivió durante la mayor parte de la dictadura franquista. Venezuela acogió en 1939 a muchos nacionalistas vascos gracias a la intercesión de los jesuitas, que allí tenían poder y predicamento. Txiki mantuvo su querencia venezolana hasta el último momento de su vida. La última discusión con el que suscribe fue, de hecho, tras un almuerzo con el embajador venezolano en Madrid, todavía en vida de Hugo Chaves. Dictadura por dictadura, sus padres decidieron regresar al País Vasco cuando ya el régimen franquista, en su fase desarrollista, iniciaba el canto del cisne.

Con su juventud y conocimientos jurídicos (era licenciado en Derecho) Txiki contribuyó a recuperar el PSOE en Euskadi y, de acuerdo con Enrique Múgica, fue decisivo en la elección de Felipe González como secretario general del PSOE en el congreso de Suresnes-París, en 1974. Con el acabose de la dictadura y los pactos de la Transición se hizo cargo de las Juventudes Socialistas y más tarde colaboró con Ramón Rubial en el órgano preautonómico o Consejo General Vasco como consejero de Interior y participó decisivamente en la elaboración del Estatuto de Guernika. Hombre de diálogo, logró la unión del PSE-PSOE con Euskadiko Eskerra, vinculada a los poli-millies de ETA, que gracias a la negociación propiciada por Adolfo Suárez y su ministro del Interior Juan José Rosón terminó aceptando la “vía política” en 1981. Juan María Bandrés y Mario Onaindía se convirtieron así en amigos y compañeros de partido en la lucha por la paz.

Benegas pudo ser lendakari si la Eusko Alkartasuna de Carlos Garaicoetxea hubiera querido, pero le negó la confianza. Txiki ganó las elecciones vascas del 30 de noviembre de 1986. Entonces se decía que el PNV era más que un partido, pero la escisión de Garaicoetxea dos años antes le dejó en 17 escaños frente a 19 del PSE-PSOE con Benegas al frente. La negociación entre socialistas y nacionalistas permitió a José Antonio Ardanza seguir de presidente y formar un gobierno de coalición con los socialistas y con Ramón Jaúregui de vicelendakari. Txiki renunció a cualquier cargo. De aquella campaña electoral retengo en la retina la fotografía con un grupo de periodistas de Madrid que acudimos al cierre en Donosti. A la salida del restaurante donde nos invitaron a almorzar estupendamente había una escalera y en ella posamos con Enrique Casas, Lalo López Albizu (el padre de Patxi López, que después sería lendakari), Txiki y los periodistas Desiderio Mondelo y Carmen Guzman en primera fila. Cuarenta y ocho horas después, unos asesinos de los llamados Comandos Autónomos Anticapitalistas, disfrazados de obreros de una compañía eléctrica, llamaron al piso donde vivía Casas con su esposa y sus hijos, y cuando abrió lo mataron a tiros. Aunque seguro que Txiki ha dejado mucha obra inédita, su último libro se titula Recuerdo de Enrique Casas (Fundación Pablo Iglesias).

José María Benegas Adab, que era el diputado más antiguo del Congreso tras la retirada de su amigo y compañero Alfonso Guerra, también pudo ser ministro con Felipe González y el propio Guerra –era un guerrista inquebrantable–, pero prefirió mantenerse como secretario de organización del PSOE (1984-1994) durante la mayor parte del periodo de gobierno de González. Las diferencias con Carlos Solchaga y los que, llamándose socialdemócratas, aplicaban políticas liberales y antiobreras y crispaban el clima social, fueron tan frecuentes en el seno del partido que ni el presidente Ramón Rubial encontraba la forma de que no trascendieran. La lucha entre guerristas y felipistas se decantó finalmente a favor de González y el guerrismo perdió fuelle con la salida de Guerra del Gobierno a raíz del famoso despacho de su hermano. Era el año 1991 y todavía no se adivinaba el declive que comenzó en 1993 y se precipitó a partir de la reapertura judicial de los crímenes del GAL y del “caso Roldán”.

Txiki Benegas se dedicó a escribir y a velar por las gentes de su circunscripción. Ayudó cuanto pudo a los compañeros Nicolás Redondo Terreros y Patxi López en sus campañas electorales vascas y también a Eduardo Madina en sus aspiraciones políticas. Recuperó cierto protagonismo parlamentario y como consejero de José Luis Rodríguez Zapatero y cuando Josep Antoni Durán i Lleida cayó enfermo presidió múltiples reuniones de la Comisión de Asuntos Exteriores y participó muy activamente en la diplomacia parlamentaria. Antes de que hace dos meses cayera enfermo departía con los periodistas y con otros diputados vascos como Emilio Olabarría en la tertulia que improvisábamos al mediodía en Casa Manolo. Sus análisis eran escuetos, sinceros y casi siempre certeros. Su amistad y cordialidad nos deja un gran vacío. Tuvo dos hijos con Maite Urabayen: Teresa y Pablo Benegas, compositor y guitarrista de La Oreja de Van Gogh. Reciban nuestro pésame. Adiós, Txiki, no te olvidaremos.