Herrera dejará la presidencia de Castilla y León a Rosa Valdeón en primavera

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Juan Vicente Herrera y Rosal Valdeón en una imagen de archivo. / Efe

Lo tiene decidido. El presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, abandonará la presidencia de su comunidad en abril o mayo, inmediatamente después de que se celebre el Congreso Nacional del PP tras las elecciones generales de diciembre y antes de que se lleve a cabo el Congreso Regional en abril o mayo. Su sucesora como presidenta será la actual vicepresidenta, Rosa Valdeón, y, si depende de él, la ex alcaldesa de Zamora será también la presidenta regional del PP, según fuentes calificadas de su entorno.

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Y digo si depende de él porque, en ese punto del control del partido, ya está enfrentado al presidente nacional, Mariano Rajoy, quien apuesta por el también zamorano Fernando Martínez Maillo, ex número dos de la FEMP y ahora vicesecretario general de Organización del PP nacional en sustitución de Carlos Floriano. El presidente del Gobierno central no puede evitar que Herrera ceda el puesto de presidente de la Junta a Valdeón, una mujer progresista y de centro que hace chirriar los goznes conservadores del PP nacional y regional. Pero sí quiere evitar que controle el partido si, como  pretende él sigue liderándolo tras el Congreso de febrero o marzo.

El presidente nacional no se rendirá tras las generales si, como espera, el PP sigue siendo el partido más votado de España. Aunque sólo consiga una victoria pírrica que no le permita formar Gobierno quiere seguir liderando el partido, bien para esperar una segunda oportunidad de volver a La Moncloa o ya será para dirigir y controlar  su sucesión colocando a uno de sus nuevos cachorros en lo más alto de la pirámide organizativa de Génova.

Rajoy no descarta gobernar a lo Adolfo Suárez en el 79, alcanzando una minoría, si no absoluta o suficiente, sí al menos capaz de encontrar aliados que le permitan alcanzar los 176 diputados necesarios para sacar las leyes adelante. Pero sabe que lo tiene difícil aunque la dispersión del apoyo electoral a varias candidaturas favorezca su aspiración de alcanzar el 32 o el 35 por ciento de los votos que, gracias a la Ley D´Hont, le lleve a conseguir un número de diputados superior a los 155.

Ahora, como ya publicamos en cuartopoder.es a primeros de agosto, el presidente tiene prohibido hablar de congreso. Ni del nacional ni de los regionales. Pero eso es como prohibirle a la yerba que salga por las rendijas de las aceras que ha resquebrajado el cambio climático. Y, si no, que se lo digan a Esperanza Aguirre, a Alberto Núñez Feijoó o al propio Herrera, cada uno a los suyo aunque los motivos que les muevan a desear el cambio sean bien dispares.

Desde que Herrera dijo en Onda Cero eso de «Rajoy debe mirarse al espejo y pensar si debe ser el candidato», las relaciones son insostenibles. Ya lo eran casi con anterioridad, cuando utilizando al ministro de Industria, José Manuel Soria, y al secretario regional del PP de Castilla y León, el alcalde de Salamanca Alfonso Fernández Mañueco –quien se opuso a la política de ordenación territorial de Herrera y le puso en contra al mismísimo Comité Regional-, Rajoy dejó bien sentado que, mientras fuera presidente,  no permitiría feudos territoriales en el PP.

Ahora, Herrera, que lleva dos legislaturas anunciando su deseo de abandonar la presidencia, lo tiene claro. Y hay quien dice que, de no haber perdido la mayoría absoluta, aunque haya sido por un solo escaño, habría abandonado ya y que, si no lo hecho, es precisamente para que no parezca que hace mutis por el foro en los momentos complicados. De momento, para no hacer daño al partido de cara a las generales, dicen sus allegados, calla y apoya a Rajoy. Pero, pasadas las generales, acudirá al Congreso Nacional a explicar sus motivos para hacer lo que va a hacer, que es irse, cederá su puesto a Valdeón y la apoyará para que, en el Congreso Regional posterior, sea también la presidenta del partido. Pase lo que pase con Rajoy. Sabiendo, además, que el presidente apostará por Maíllo y por Mañueco para, ya que no podrá nombrar a la presidenta del Gobierno autonómico, no sea ella la que controle el partido, sino Génova.