La España inmortal en Fuenlabrada

Soraya Sáenz de Satamaría, acompañada de Cristina Cifuentes, ayer durante intervención en un acto electoral en Fuelabrada. / Luis Díez
Soraya Sáenz de Satamaría, acompañada de Cristina Cifuentes, ayer, durante su intervención en un acto electoral en Fuenlabrada (Madrid). / Luis Díez

Paquita y Raquel esperan sentadas la llegada de Cristina Cifuentes y Soraya Sáenz de Santamaría a la plaza de España de Fuenlabrada. Quieren escuchar a la presidenta de la Comunidad de Madrid y a la vicepresidenta en funciones del Gobierno, aunque Paquita no necesita oír lo que digan para votar al PP porque “yo soy cristiana y católica y los otros partidos están en contra de la religión”. El observador se sorprende. Paquita añade: “Los católicos estamos perseguidos”. ¿Quién les persigue? “¿No sabe usted que la Carmena les ha dado 150.000 euros a los musulmanes para el Ramadán? Está en todas las redes sociales; yo estoy apuntada a todas las que son del PP y me entero de todo”. El observador le pregunta si sabe cuánta subvención del Estado recibe la Iglesia Católica, pero Paquita solo sabe que “los otros están en contra de la religión y quieren suprimir hasta la Semana Santa. Además, ¿no ha visto usted cómo atacan a monseñor Cañizares por defender el matrimonio como debe ser?”

Su compañera Raquel evita pronunciarse sobre la cuestión religiosa. Respeta a los devotos de Frascuelo y de María, las exageraciones de esa España eterna de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, a la que se refirió Antonio Machado. Ella siempre ha votado al PSOE “y lo seguiré votando en las municipales porque Manuel Robles es un buen alcalde”. Pero ahora se plantea votar al PP “porque está bajando el paro”. En esta ciudad del suroeste madrileño donde el desempleo afecta a uno de cada cuatro trabajadores y las fábricas y pequeños talleres han ido cayendo uno tras otro y pasando a manos de los chinos, que han convertido el antiguo polígono industrial en un gran almacén al por mayor, Raquel quiere creer que es verdad que los gobernantes de derechas hacen algo para crear empleo y han recuperado 600.000 puestos de trabajo en los dos últimos años. Es una forma de creer como otra cualquiera.

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Paquita vota al PP porque es católica y cree que los demás partidos los atacan. Su amiga Raquel, mas joven, cree que la derecha creará más empleo. / L. D.
Paquita vota al PP porque es católica y cree que los demás partidos los atacan. Su amiga Raquel, mas joven, cree que la derecha creará más empleo. / L. D.

Un poco alejadas de estas dos mujeres, Silvia, en paro, también cree que la derecha puede hacer más que la izquierda para ofrecer puestos de trabajo, aunque como ocurre aquí, casi todo sean empleos precarios. Cuando el observador le pregunta qué razón la ha traído a escuchar a la vicepresidenta, responde que “la buena opinión que tiene de ella”. Le han dado un sombrero de paja con una cinta roja y gualda y un abanico también muy español. Eso que se lleva. También reparten banderitas de plástico con la gaviota blanca encerrada en el círculo con fondo azul, aunque, al contrario que en los mítines de Ciudadanos, no dan botellas de agua. Una pena, con el calor que hace.

Juan, de pelo blanco, tiene claro que votará al PP porque le parecen “los más serios”. A su izquierda, Antonio dice que se lo está pensando, y a su derecha, Eduardo, con su sombrero Panamá, asegura que no votará al PSOE “porque tenemos los impuestos municipales más altos de la zona y, además, no pueden hacer nada”. Van llegando dirigentes, se colocan en las sillas de la primera fila, vienen de Parla, de denunciar el dispendio del tranvía. Son las candidatas de la lista al Congreso Belén Bajo, Teresa de Lara, el jefe de campaña y también candidato Juan Carlos Vera y el alcalde de Alcorcón, en traje azul y con gafas de sol. Del Eurovegas y los doscientos mil empleos del lugar ya ni se habla.

Juan, de pelo blanco, ya tiene decidido votar al PP. Sus amigos Antonio y Eduardo se lo están pensando. / L. D.
Juan, de pelo blanco, ya tiene decidido votar al PP. Sus amigos Antonio y Eduardo se lo están pensando. / L. D.

Algunos militantes se niegan a opinar y a salir en la foto, “no sea que me lleven a la cárcel”, dice un tipo con bigote y sombrero de regalo. Aumentan los decibelios. Los dos centenares de personas, sentadas a la espera, se incorporan y agitan las banderolas. “Vente”, anuncia la canción de campaña. Mira, ya vienen. Son Cifuentes y Santamaría, repartiendo besos y chocando manos. La primera se explaya sobre lo bueno que ha sido Rajoy, que nos ha librado del rescate y las consiguientes subidas de impuestos, bajadas de salarios y pérdida de derechos sociales. Nadie osa interrumpirla con aplausos. A Santamaría sí la interrumpen. Cuando dice: “El PSOE nos dejó la empana...”, alguien lanza un grito: “¡Gurtel!” E inmediatamente surgen otros: “¡Fuera, fuera!”

Cifuentes ha proclamado que “la calle es nuestra, no de ellos”, y eso se nota en esta plaza de España donde el líder local del PP, Sergio López Vaquero, aprovecha la presentación de “estas dos pedazo de mujeres” para lanzar un monólogo en defensa de las tres “e”, de “experiencia, estabilidad y empleo”. Pero sobre todo de la “e” de España, “con sus valores culturales, su Semana Santa, sus encierros y corridas de toros... Y al que no le gusten, que no vaya”.

A los valores típicos apela Santamaría para elogiar a Mariano Rajoy, haciendo saber al personal que es un hombre con experiencia “y la experiencia es un grado”. No aclara de qué escala (Celsius, Fahrenheit o Rèamur), pero se entiende. Ya transportados a lo imperecedero es lógico que el mayor aplauso de la tarde se lo lleve un anciano de cien años que, sentado junto a otros colegas del hogar del pensionista, trasladados para la ocasión, escuchan a los orates. Algunos miran hacia un lado y ven la farmacia del coopago y otros hacia otro y leen el rótulo No lo tire, de la tienda de compra-venta de objetos usados. Y debajo: Medicina contra la crisis.

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