La izquierda despierta del sueño de una noche de verano con un PP fortalecido

Mariano Rajoy, junto a su mujer y sus más directos colaboradores, estrecha la mano de Soraya Sáenz de Santamaría en el balcón de la sede del PP en la calle Génova. / Javier Lizón (Efe)
Mariano Rajoy, junto a su mujer y sus más directos colaboradores, estrecha la mano de Soraya Sáenz de Santamaría, la pasada noche, en el balcón de la sede del PP en la calle Génova. / Javier Lizón (Efe)

El PP ha ganado las elecciones del domingo, no se ha producido el sorpasso o adelantamiento del PSOE por parte de Unidos Podemos (UP) y se mantiene la situación de bloqueo parlamentario, de modo que Mariano Rajoy tendrá que pactar y buscar apoyos para salir investido jefe de Gobierno. Si no consigue el apoyo de Ciudadanos y la abstención de los socialistas, será difícil que pueda permanecer en La Moncloa. Es la primera lectura general de los resultados del 26J, una jornada en la que absolutamente todas las encuestas, empezando por el macrosondeo del Centro de Investigaciones Sociologicas (CIS), se han visto desmentidas por las urnas.

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El PP ganó los comicios con 14 diputados más de los 123 que obtuvo el 20 de diciembre de 2015 y que llevaron a Rajoy a negarse por dos veces ante el jefe del Estado a asumir la investidura. Los 137 escaños conseguidos en esta ocasión le refuerzan como candidato del primer partido político en votos y escaños, pero le obligan a buscar los 39 votos que le faltan en el Congreso para conseguir la investidura en la primera votación. Aunque sea por solo un escaño, el PSOE sigue teniendo la llave de la gobernabilidad.

La derrota demoscópica ha sido espectacular, no solo porque ningún sondeo daba al PP más del 30% de los votos y ha sacado el 33%, sino, sobre todo, porque coincidían en el sorpasso de UP, la formación que encabeza Pablo Iglesias, a los socialistas. Ese adelantamiento era, de hecho, la principal atracción o intriga de la segunda vuelta de una carrera electoral que comenzó en diciembre del año pasado. Sin embargo, el PSOE ha mantenido su base de 5,5 millones de electores (5.424.709 exactamente) y la coalición entre Podemos e Izquierda Unida (IU) sólo ha sumado los 2 escaños que obtuvo IU a los 69 que el 20D consiguieron Podemos y las confluencias.

El PSOE se mantiene como primera fuerza de la izquierda, aunque ve reducida su representación de 90 a 85 diputados. El partido histórico (137 años) que encabeza Pedro Sánchez no ha sido rebasado por la izquierda, aunque sí por la derecha en Andalucía, donde mantenía su hegemonía, y en todas las demás autonomías donde gobierna. De los 5 escaños menos, dos corresponden a circunscripciones andaluzas y los otros tres a la Comunidad Valenciana, Extremadura y Cataluña. El análisis territorial del resultado es relevante porque la pérdida de 77.651 en Andalucía, donde los socialistas quedan en el 31%, dos puntos por debajo del PP, atempera la fuerza de la presidenta Susana Díaz y de algunos barones para relevar a Sánchez.

Con 71 diputados, UP y las confluencias han visto frustrada su expectativa de convertirse en primera fuerza de la izquierda, disputando al PSOE el espacio socialdemócrata. Esa frustración ha sido directamente proporcional a los augurios demoscópicos por no haber entendido, como avisó Julio Anguita, que “las encuestas las carga el diablo” y, sobre todo, por haber confiado en que el millón de votos que aportaba IU a los cinco que obtuvo Podemos (más las confluencias) permitían rebasar ampliamente a los socialistas en papeletas y diputados. Lo cierto es que no ha sido así: la suma de la coalición y las confluencias ha logrado 5.049.464 votos, se sitúa con 375.245 votos menos que el PSOE y 14 diputados por debajo.

Con este escenario, la suma de las fuerzas de izquierda, que según las encuestas rozaba la mayoría absoluta, se cifra en 156 diputados, y se ve ampliamente superada por la adición del PP (137) y de Ciudadanos (32), que arroja 169. Si para la izquierda los sondeos han sido el sueño de una noche de verano, para la formación de Albert Rivera eran menos negativos que el veredicto de las urnas. C's pierde 390.759 votos y 8 de los 40 escaños que consiguió el 20D. La transferencia del voto útil al PP les ha castigado especialmente. Tras conocer los resultados, Rivera afirmó que no entregarán sus votos a cualquier precio al PP ni al PSOE y mantuvo que Rajoy tendrá que elegir entre el sillón o España, con lo que quiso dejar sentado una vez más su propósito de que se vaya para facilitar el pacto con su partido.

De este modo, los partidos que pactaron para intentar formar gobierno tras la negativa de Rajoy a aceptar el encargo de Rey, como fueron el PSOE y C's, han perdido 13 escaños, uno menos de los que gana el PP. Y Podemos, IU y las confluencias, que votaron contra la investidura de Sánchez, se quedan como estaban. Sánchez volvió a reprochar ayer a Iglesias su voto contrario a un gobierno progresista y reformista –algo que ha repetido durante toda la campaña electoral- e Iglesias se quejó de que no haya contestado el mensaje que le envió fechas atrás.

Como en la obra de Shakespeare, tras el alegre sueño de la noche de verano sobre el balcón de andamiaje de la sede del PP, en la madrileña calle de Génova, habrá que saber quién se casa con quién. Rajoy reivindicó su derecho a formar gobierno y anunció la inminente petición de mano. Sus dos principales y casi únicas opciones dependen del PSOE: la poco probable "gran coalición" o la abstención en la investidura. La tercera consiste en pactar con C's (sumarían 169) y conseguir los votos del PNV (5) y Coalición Canaria (1) a favor de su investidura, lo que le situaría en 175, exactamente los mismos que sumarían PSOE (85), UP (71), ERC (9), CDC (8) y EH-Bildu (2) si decidiesen votar en contra. En caso de empate, el reglamento del Congreso dispone la repetición de la votación y si persiste, el candidato tendría que someterse a la investidura por mayoría simple (más votos a favor que en contra), para la que necesitaría el apoyo de C's y, al menos, la abstención del PSOE, de UP o de los nacionalistas catalanes de CDC.