Iceta y Batet debilitan a Sánchez mientras crece el guirigay en el PSOE

Pedro Sánchez e Iceta en septiembre de 2015, durante la pasada campaña electoral catalana. / Jaume Sellart (Efe)
Pedro Sánchez y Miquel Iceta en septiembre de 2015, durante la pasada campaña electoral catalana. / Jaume Sellart (Efe)

Poco dura la alegría en casa del pobre. Apenas una semana después de haber sobrevivido al sorpasso demoscópico en general y del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) –cuyo presupuesto aumentó un 6,1% este año y nos cuesta ya 8,3 millones de euros–, en particular, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, asiste mudo y en paradero desconocido a las torpezas, contradicciones y traiciones de algunos destacados valedores y colaboradores. Aunque la dirección del partido ha anunciado que Sánchez se reunirá esta semana con los barones regionales, uno por uno, para preparar el Comité Federal del próximo sábado, entre los socialistas crece la impresión de que es incapaz de gobernar su propio partido.

Nadie esperaba que el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, se descolgara a estas alturas con la propuesta de celebrar un referendo sobre la independencia de Cataluña al estilo de la provincia canadiense y francófona de Quebec, pero así ha sido. Iceta era uno de los firmes apoyos con los que contaba Sánchez. Su deslealtad con la posición acordada con el PSOE (la declaración de Granada sobre el modelo federal, adoptada en 2013) debilita todavía más a Sánchez y ha reabierto las disensiones internas en el PSC, como si el socialismo catalán no hubiera tenido suficiente con la crisis que comenzó en 2008 y ha venido arrastrando hasta la escisión definitiva, hace dos años, de los sectores más nacionalistas.

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La “deslealtad” de Iceta, por emplear el término más suave de los que se escuchan en el PSOE desde el sábado pasado, tras el debate en el Consell Nacional del partido, reabre la lucha interna sobre el modelo catalán hasta el congreso de noviembre próximo y desorienta y desalienta más todavía a los militantes y a la organización. Como es sabido, Iceta no supo explicar las cinco líneas propugnando el modelo por el que en su día abogó Jordi Pujol. Los dirigentes territoriales rechazaron la ponencia política que les presentó la dirección y que, previamente, había filtrado a la prensa sin que la conocieran ni hubieran aprobado los miembros del Consell. Entre las dos alternativas: la aprobación del documento sin la consulta soberanista y el voto en contra, se optó por no votar la ponencia política. De este modo se llega al congreso sin ponencia marco y será el cónclave, fijado para los primeros días de noviembre, el que conozca y debata las propuestas que sobre el futuro político de Cataluña se puedan plantear.

Con el dirigente catalán periclitado –lleva 30 años en la dirección del PSC--, tampoco la opción de Maritxell Batet, cabeza de lista al Congreso por Barcelona y coordinadora del programa electoral de Sánchez, parece sólida para dirigir el partido catalán, habida cuenta de sus malos resultados. No es que haya sacado 32.000 votos menos que el 20D, es que, además, por primera vez, los socialistas catalanes no tienen ni un diputado en Lleida. Descartada la exministra Carme Chacón, que abandonó el tormentoso Consell Nacional del sábado antes de que terminara y se halla perfectamente acomodada en la Fundación Ortega-Marañón, la persona con mayores posibilidades de ganar las elecciones primarias para sustituir a Iceta es la alcaldesa de Santa Coloma, Nuria Parlón, aunque está por ver si decide presentarse.

Mientras Iceta abundaba ayer en TV3 en que la vía canadiense es compatible con la propuesta federal y sólo tendría virtualidad si los catalanes rechazasen la eventual reforma federalizante de la Constitución, el secretario de organización del PSOE de Andalucía, Juan Cornejo, aseguraba que no admitirán el plan B de Iceta ni tampoco les parece adecuada la consulta a la militancia. Como es sabido, el PSC es una organización independiente del PSOE y, según reconocen algunos dirigentes catalanes consultados, la mayoría de su electorado ha ido a En Comú Podem tras la decisión de los catalanistas de seguir los pasos de Pasqual Maragall y abandonar el partido.

Con Iceta y Batet seriamente tocados, otros personajes de la confianza de Sánchez como Josep Borrell, miembro de su equipo de ministrables en la sombra, se han pronunciado a favor de la abstención para facilitar la investidura de Mariano Rajoy. El otrora presidente del Parlamento Europeo y director hasta el año pasado del Instituto Europeo de Florencia, al que el Gobierno español aporta medio millón de euros cada año, conoce la posición actual del Comité Federal del PSOE y el criterio de Sánchez de votar “no” a Rajoy y al PP. Otro ministrable como Jordi Sevilla sugirió ayer al PP que busque otro candidato si nadie quiere apoyar la investidura de Rajoy. Como es sabido, el extremeño Guillermo Fernández Vara se ha pronunciado a favor de dejar pasar a Rajoy aunque sea con la abstención de un solo diputado socialista. ¿Un extremeño, por ejemplo?

Más allá del “gay-trinar”, que dijera Antonio Machado sobre el girigay modernista, la auténtica cuestión es la falta de coherencia y unidad del discurso socialista. Algo que, a fin de cuentas, revela la precariedad y falta de carisma de Sánchez. Tras la jugada de Iceta, el líder socialista sólo cuenta con el menguante apoyo interno de los secretarios generales regionales de Euskadi, Navarra, La Rioja, Baleares, Canarias y Madrid. Y la otrora poderosa federación madrileña se halla dividida casi al cincuenta por cien entre partidarios y detractores de Sánchez.

Hasta las Juventudes Socialistas dudan de la conveniencia de seguir respaldando a la actual dirección del partido. Ni siquiera habiendo sido secretario general de la organización juvenil el actual secretario de organización, César Luena, ha tenido la habilidad de reconocer el importante papel de las JSE y asignarles al menos un representante en el comité electoral ante el 26J. Curiosamente, la interpretación del resultado de las elecciones que ha publicado Izquierda Socialista, la corriente crítica del PSOE, incide en la pérdida de apoyo de los jóvenes, “que nos identifican con la vieja política”.