El entorno de Rajoy cree que puede tener que esperar a septiembre para ser investido

Mariano Rajoy en rueda de prensa el pasado 13 de julio. / PP (flickr)
Mariano Rajoy en rueda de prensa el pasado 13 de julio. / PP (Flickr)

El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, pretende celebrar el debate de investidura lo antes posible y, públicamente, se fija un calendario en el que, de lograr la abstención del PSOE y el cambio de postura de C's, sería investido presidente el próximo 5 de agosto. Sin embargo, el entorno de Rajoy maneja otro calendario más pesimista: admiten que lo más probable es que no se cumplan los plazos porque, según un miembro de la dirección del PP, "el PSOE necesita más tiempo".

Fuentes de la cúpula popular han asegurado a cuartopoder.es que "no es nada descabellado pensar que tengamos que esperar a septiembre a que Rajoy sea investido presidente". Otro miembro de la Junta Directiva Nacional, que pide públicamente la mayor celeridad a la hora de permitir la investidura de Rajoy argumenta, en conversación privada con este diario, que "el PSOE necesita tiempo y espacio político para asimilar y hacer que sus votantes asimilen su abstención". Considera este mismo dirigente que "el PSOE necesita también que Ciudadanos nos apoye en lugar de abstenerse y que haya concesiones políticas... Y eso no se consigue en dos semanas, salvo milagro".

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Milagros aparte, en el PP manejan varios supuestos en el caso de que Rajoy no sea investido presidente el 5 de agosto. Algunos de los miembros de la cúpula popular apuestan porque Rajoy se presente en todo caso a la investidura, "aunque no le den los números... Pero sólo así presionará de verdad a PSOE y a Ciudadanos, porque en el momento en que haya votación de investidura y no haya presidente, empieza a correr el contador para la repetición de las elecciones... ¡por tercera vez!". Quien suscribe esta tesis asegura que "si la culpa de la nueva repetición de las elecciones recae en PSOE y C´s, ambos están políticamente muertos".

Otros, del entorno más cercano a Rajoy, no quieren oír hablar de un Mariano Rajoy derrotado en la investidura, entre otras cosas porque "es precisamente un fracaso que ya tuvo en su día Pedro Sánchez (el secretario general del PSOE) y nosotros lo criticamos e hicimos hasta burla de eso...¡Cómo va a hacer lo mismo Rajoy ahora!".

No sólo es cuestión de coherencia, sino también de imagen: la de Rajoy. Sus allegados no quieren escenificar la derrota del presidente en funciones ante el Parlamento aunque esa imagen obligase a acelerar los plazos, forzando una nueva sesión de investidura en la que tanto C´s como PSOE tuviesen más "razones de Estado" que les empujaran a cambiar el sentido de su voto y a acelerar los acuerdos de gobernabilidad y sus contenidos. Prefieren evitarle esa imagen, por cuestiones de liderazgo a nivel nacional, pero también de cara a su imagen en el exterior,  "para transmitir solidez ante la Unión Europea y ante los mercados, algo que es muy importante tener en cuenta".

Por todo ello, los partidarios de no exponer a Rajoy a una derrota previa en dos votaciones antes de ser investido presidente en una nueva sesión, creen que ha sido un acierto introducir ese "periodo de reflexión" que advirtió Rajoy que se tomaría, en caso de no lograr los apoyos suficientes tras la primera ronda de conversaciones entre el Rey Felipe VI y los partidos políticos. Ese "período de reflexión" podría alargarse en el tiempo e incluso retrasar el calendario de Rajoy sin llegar a la "traumática" derrota de su líder.

Las cábalas de unos y otros no concuerdan, por tanto, con el calendario "oficial", el que maneja Mariano Rajoy y que ha flexibilizado y alargado, por el momento, una semana, ya que ahora plantea el día 2 de agosto para iniciar el debate y el 5 de agosto para celebrar la segunda votación, mientras que, hace tan sólo una semana  se planteaba el mismo escenario, pero la última semana de julio. En todo caso, de un modo u otro, buena parte de los dirigentes del PP tienen ya amortizado un retraso de la investidura de Rajoy, así como un retraso más que probable en su calendario.