El PSOE tendrá toda la presión de derecha e izquierda para evitar las terceras elecciones

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Actualización de las 19:04 con información y vídeos de las reuniones con el rey

Sobre el PSOE recaerá a partir de hoy toda la presión de la derecha y la izquierda para evitar las terceras elecciones en menos de un año. Su secretario general, Pedro Sánchez, mantuvo el voto contrario a la investidura del candidato del PP y presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, y lo propio hizo el dirigente de Podemos, Pablo Iglesias en su despacho con el rey Felipe VI. El presidente de Ciudadanos (C’s), Albert Rivera, tampoco modificó su postura de votar no a Rajoy en la primera vuelta y abstenerse en la segunda. En esta tesitura, todas las presiones se centrarán en el PSOE, que mantiene la llave de la gobernabilidad si, como ha anunciado, Rajoy le pide al rey un “plazo de reflexión” de un mes porque carece de los votos suficientes para salir airoso del trance parlamentario.

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El primero en despachar con el jefe del Estado, Albert Rivera, no se movió un milímetro de sus posiciones, aunque le comunicó dos posibles escenarios: un gobierno de amplia mayoría en el que estuvieran el PP, el PSOE y C’s con un presidente que no fuera Rajoy, y un gobierno en minoría del propio Rajoy con la abstención de su grupo y de los socialistas. En esta tesitura contempló incluso la abstención de todos los grupos para evitar la desventaja de los socialistas como primer partido de la oposición. Rivera destacó el mérito de su partido de haberse movido del no a la abstención y se colocó la medalla de ser los únicos que lo han hecho.

Por su parte, el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, expuso al monarca su voto contrario a la investidura de Rajoy aduciendo la distancia sideral que les separa del PP y apelando a la responsabilidad del PSOE de optar por uno de los dos escenarios que se plantean tras los resultados de las elecciones del 26 de junio: o los socialistas gobiernan o facilitan el gobierno del PP o apuestan por gobernar con Podemos y los nacionalistas vascos y catalanes. Iglesias reconoció que la segunda opción es muy difícil tras la decisión adoptada ayer por el Parlament de Catalunya de optar por la constitución de un Estado propio en contra de la resolución del Tribunal Constitucional y porque en el seno del propio PSOE hay sectores que prefieren el acuerdo con el PP a un gobierno con Podemos. En su comparecencia ante los periodistas en la sala de prensa del Congreso confió en que Ciudadanos pase de la abstención al «si» y facilite de ese modo la abstención de los socialistas.

El despacho del jefe del Estado con Sánchez se saldó según lo previsto. El secretario general del PSOE trasladó al Borbón la negativa a facilitar la investidura de Rajoy por activa o por pasiva, es decir, mediante el voto favorable o la abstención de sus 84 diputados porque, según explicó a los periodistas, no «vamos a apoyar aquello que queremos cambiar». Enumeró las condiciones que le trasladó a Rajoy: derogación de la reforma laboral, pacto para garantizar las pensiones públicas, renta mínima para las más de 700.000 familias sin ingresos, reimplantación de´l derecho a la sanidad pública universal, plan contra la pobreza energética y contra la pobreza infantil, paralización de la LOMCE y pacto educativo y plan contra la violencia de género, además de la reforma de la Constitución para el encaje de Cataluña y las demás nacionalidades históricas en un Estado federal y el reconocimiento de los nuevos derechos humanos y sociales.

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Sánchez insistió una y otra vez en que Rajoy ha de asumir su responsabilidad constitucional y presentarse a la investidura. «Hacer lo contrario es alterar los resultados electorales», dijo antes de recordar que el PP es la primera fuerza política y lo que tiene que hacer es tender puentes con sus afines ideológicos, incluidos los nacionalistas catalanes. El 19 de julio pasado lo consiguió para repartir los sillones en la Mesa del Congreso, y «si son capaces de ponerse de acuerdo y recibir los votos de los nacionalistas catalanes para el reparto de cargos, lo han de ser para adoptar las medidas que le interesan a la gente».

El dirigente del PSOE rechazó de ese modo las presiones de los nacionalistas, que en marzo pasado votaron no a su investidura, y reiteró que su partido no contempla otra opción que no sea la de encabezar la oposición en una legislatura que deseó «larga». En respuesta a si el PSOE no está forzando unas nuevas elecciones con su posición de bloqueo, Sánchez contestó que «si hay terceras elecciones es porque alguien quiso las segundas» y reiteró que «es el tiempo de Rajoy». «No me cabe en la cabeza que Rajoy vuelva a decir no». De ahí no se movió.

Sin embargo, las presiones sobre el PSOE (exministros y notables impacientes a favor del PP) tanto internas como externas (nacionalistas vascos, catalanes y confluencias de UP) proceden de la derecha y de la izquierda, y obligarán en última instancia a Sánchez a consultar a los barones, convocar el Comité Federal y plantear la forma de evitar los nuevos comicios. Los escenarios son tres, aunque en la práctica se reducen a uno: la llamada “abstención técnica” del número de diputados necesarios o de los 84 sometidos a la disciplina del grupo para que Rajoy sea investido y pueda seguir gobernando con sus 137 escaños y la mayoría absoluta que el 26J obtuvo en el Senado.

El primer escenario, la grobe koalition a la alemana, está descartado de antemano por los socialistas, debido a la raíz autoritaria y a la trayectoria reaccionaria y nada ejemplar de la derecha española. El segundo, la posibilidad de articular una alternativa con UP, como ha sugerido el dirigente de IU, Alberto Garzón en su despacho con el rey, requerirá la renuncia a la consulta catalana, algo que Iglesias rechazó en la fallida legislatura, y exigiría el concurso de los nacionalistas catalanes que apuestan por el Estado propio, algo que el PSOE no puede aceptar. Se repite aquí el dicho de Ortega y Gasset de que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía, aunque en este caso la melancolía afecte a la izquierda, incluida Izquierda Socialista, la corriente crítica del PSOE, y a gran parte de los militantes y electores socialistas.

Queda, en fin, el tercer escenario, esa abstención que ya han comenzado a contemplar en voz alta algunos presidentes autonómicos del PSOE hasta ahora silentes, como el castellano-manchego Emiliano García Page, miembro de la Ejecutiva de Sánchez. Sin necesidad de apelar a Thoreau, el precursor de la desobediencia civil, García Page y los demás barones saben que no conviene ordenar a la gente que traslade un montón de pesadas piedras al otro lado de un muro para, a continuación pedirle que las vuelva a llevar al lugar donde estaban. Nadie obedecería. Lógico. La ley física de la fatiga de los materiales también opera en política: la gente se cansa o, como dice el extremeño Guillermo Fernández Vara, “la gente está harta”. Y aunque el investible Rajoy no se haya hartado de poder ni cansado en esa «discreta negociación» sin resultado, el dilema (desbloqueo o elecciones) deberá resolverlo el PSOE, según reconocen ya algunos diputados consultados.

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