Rajoy se erige en la "única alternativa" y descalifica cualquier otra

Sanchez y Hernando conversan sonrientes durante el discurso de Rajoy.
Sanchez y Hernando conversan sonrientes durante el discurso de Rajoy. / Juan Carlos Hidalgo (Efe)

Actualizado a las 20:30 

Mariano Rajoy se ha presentado a la investidura con un discurso ayuno de novedades con el que ha tratado de demostrar que él es la única alternativa, ya que los nacionalistas y Unidos Podemos, a los que no ha citado, desafían a las instituciones democráticas. Aunque colocó la diana en la cabeza del socialista Pedro Sánchez ("No podemos seguir jugueteando con la crisis"), desvió una flecha con la punta envenenada hacia UP y los nacionalistas: "No existe alternativa más que para desafiar a las instituciones democráticas", dijo como si los ayuntamientos y las autonomías en las que tienen responsabilidad de gobierno fueran objeto de demolición por sus adversarios políticos.

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Con razón el líder de UP, Pablo Iglesias, comparó la presentación de Rajoy con una portada histórica de la revista de humor Hermano Lobo en la que un viejo político situaba a la gente ante el dilema "o yo o el caos" y cuando la gente contestaba "el caos", el político replicaba: "Yo soy el caos". Aparte de ese esfuerzo en deslegitimar cualquier otra alternativa, Rajoy, que habló hora y media, se esforzó en demostrar la necesidad de que España tenga "un gobierno cuanto antes". Apeló a la urgencia por razones presupuestarias, de cumplimiento del pacto de estabilidad con Bruselas y porque "casi 14 millones de españoles perciben alguna prestación pública" y no se puede andar jugando con la gente. Pidió además un "gobierno estable, sólido, duradero y tranquilizador".

Aunque dijo que ha dialogado con todos los grupos de la Cámara --no consta que haya hablado con el PDC o antigua CiU, que todavía no tiene grupo parlamentario, ni con ERC, ni negociado con el PNV--, reconoció que el pacto con C's y Coalición Canaria no es suficiente y, a partir de ahí, intensificó el lanzamiento de dardos al PSOE invocando "la responsabilidad compartida" y amenazando con nuevas elecciones. "Debo suponer que todos deseamos que España evite unas elecciones y si no, digan cuantas veces estarían dispuestos a hacerlas". Señaló que la responsabilidad de permitir la formación de gobierno "no tiene que ver con el papel de cada uno en la legislatura" y, por tanto, quienes no la asuman, pagarán el coste.

Después de lanzar una dura arenga contra los nacionalistas catalanes que quieren romper la unidad de España y desprecian la soberanía nacional, que data nada menos que del día de San José de 1812, en que los españoles dejaron de ser súbditos del rey para convertirse en ciudadanos (grandes aplausos), apeló en un tono cercano y de campechana complicidad a los que comparten los valores constitucionales básicos que "obligan más", dijo, para que aparquen las diferencias y por una vez tengan en cuenta las concordancias. Reforzó su solicitud al PSOE, al que no citó ni una sola vez, diciendo que "estamos en la encrucijada más grave de la democracia", como si hubiera algún peligro o acechanza pretoriana.

Su discurso fue el esquema del acuerdo suscrito con Albert Rivera, con promesas de pactos de Estado en materia institucional, educativa, de financiación autonómica, de pensiones y contra la corrupción. Quizá porque había familiares delante --su esposa ocupaba lugar preferente en la tribuna de invitados junto a la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes--, no dedicó ni un minuto a explicar las medidas contra la corrupción política y administrativa, pactadas con C's, como bien detectó y criticó el coordinador de IU Alberto Garzón.

También ofreció un pacto de Estado contra la violencia de género, no sin recordar que su gobierno ha facilitado la asistencia jurídica gratuita a las víctimas y no ha indultado a ningún condenado por ese delito. Gran parte de su monólogo estuvo orientado a cantar las excelencias de una gestión que ha permitido al país remontar la crisis y ser el primero en crecimiento y creación de empleo de la eurozona. En ese sentido incidió en que se puede alcanzar los 20 millones de empleados en 2020 y bajar dos puntos el IRPF cuando, dentro de dos años, se consiga reducir el déficit público al 3% comprometido con la UE.

Si para el portavoz socialista Antonio Hernando, el discurso de Rajoy resultó "complaciente", de "autobombo" y propio de "un político cansado, con un proyecto agotado", el socio y portavoz de C's, Juan Carlos Girauta, detectó "falta de voluntad, energía y fe". A los nacionalistas catalanes, el discurso de Rajoy les sonó "rancio", dijo Francesc Homs y "amenazante y franquista", según Joan Tardà. El vasco Aitor Esteban denunció el intento de Rajoy de "achicar el espacio para el acuerdo del PSOE con los nacionalistas catalanes".