Este país no es normal

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Pedro Sánchez, ayer, durante la rueda de prensa que ofreció tras la reunión de la Permanente de la Ejecutiva Federal del PSOE./ J. P. Gandul (Efe)
Pedro Sánchez, ayer, durante la rueda de prensa que ofreció tras la reunión de la Permanente de la Ejecutiva Federal del PSOE./ J. P. Gandul (Efe)

Decíamos ayer –que cuatro años después merece la pena empezar a lo Fray Luis de León– que los caminos de Rajoy son inescrutables y que lo que entonces parecía un rescate de hasta 100.000 millones a la banca española era, en realidad, una genialidad del gallego para salvar a Europa y al euro de una tacada. Más que un político, Rajoy oficia de redentor e igual salva un continente que a su amigo Soria, al que le han llovido del cielo 226.000 euros anuales libres de impuestos de un carguito en el Banco Mundial. Lo de este hombre sí que es una religión como Dios manda.

Con todo, lo de salvar a la patria se le ha puesto complicadísimo por culpa, según  repite él y su entorno, de un tal Pedro Sánchez, al que los suyos pusieron al frente del PSOE para moverle los hilos mientras cantaba flamenco y que hasta el momento se resiste al cante jondo. De Sánchez se ha dicho de todo, fundamentalmente que lo que tiene de guapo lo tiene de corto, algo que está en abierta contradicción con su supervivencia política. Y en los últimos tiempos se ha lanzado la especie de que será el culpable de todos los males presentes y venideros si no se aviene a facilitar que Rajoy forme finalmente gobierno, algo desproporcionado para el líder de una fuerza que ha cosechado los peores resultados de su historia y que no puede ni lamerse las heridas sin que le interrumpan a cada instante.

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Así que después de deletrear el ‘no’ por activa, pasiva y perifrástica, Sánchez se ha visto obligado a mover ficha y a anunciar, previo aval de su ejecutiva, una ronda de consultas exploratorias con todos los partidos menos Bildu, a los que preguntará sus ideas sobre cómo cuadrar el círculo aunque sea a martillazos. Lo suyo viene a ser como el acertijo de Einstein, ese en el que el dueño del pececito era el alemán, con la diferencia de que aquel tenía solución y lo del nuevo gobierno es una conjetura más complicada que la de Poincaré, tal es la cantidad de vetos cruzados existentes.

La maniobra de Sánchez tiene mucho de brindis al sol, aunque cada cual es libre de decidir como mata el tiempo o a sí mismo. Desde el sultanato de Susana Díaz ya ha partido una paloma mensajera con el aviso de que un gobierno del PSOE con Podemos y C’s es inviable, aunque para disimular y hasta que pasen las elecciones vascas y gallegas se conformen con pedir a Rajoy que haga mutis, lo cual es otro imposible metafísico. El caso es que Podemos y C’s piensan exactamente igual que la baronesa y su corte de baroncitos con lo que la partida está prácticamente acabada antes de empezar.

Lo que en cualquier otro país resultaría normal aquí se torna imposible. Son las dichosas circunstancias. No es normal que el principal partido del país sea la cueva de Alí Babá ni que el único interés de la principal fuerza de la oposición sea dar matarile a su secretario general, ni que al tercero en disputa le haya importado más el sorpasso que la gente a la que dice defender. Como no lo es que se trate como apestados a quienes democráticamente defienden el independentismo y a los que el llamado partido bisagra tiene declarada la guerra porque la cruzada contra el populismo se le queda pequeña.

En otro país y con otras circunstancias, y sin tener que recurrir a la gran coalición que muchos profetizaban, habría sido posible cualquier combinación, desde ese gobierno del cambio por el que suspiraba Sánchez hasta uno del PP, consentido por un PSOE que habría puesto un alto precio a su colaboración. ¿Acaso sería un desdoro que, a cambio de la abstención de seis diputados, los socialistas exigieran, por ejemplo, un salario mínimo de 1.000 euros o que a los parados mayores de 52 años se les asegurara una prestación digna mientras no retornen a la vida laboral?

Esta última opción será la última en cerrarse y sólo saldrá adelante si colma los intereses particulares de algunos. Habrá que esperar a los resultados del 25-S en Euskadi y Galicia. Olviden al PNV. Si son malos para el PSOE, la reina del sur intentará dar la puntilla a Sánchez, cruzar Despeñaperros y presentarse como candidata a las terceras elecciones. Si no lo son tanto, promoverá una abstención patriótica que, en buena lógica, debería conducir a la dimisión del secretario general del partido. Díaz podrá así salvar al PSOE y Rajoy a la patria. Todos contentos.