Esperanza Aguirre y la venganza de ‘El Toyota’

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Esperanza Aguirre durante una rueda de prensa, en una imagen de archivo. / Fernando Alvarado (Efe)

Viernes 11 de noviembre, cinco y pico de la tarde en una calle con nombre de mar de un polígono industrial de las afueras de Madrid. Dos hombres y una mujer cargada de carpetas y archivadores hablan y se ríen... Cinco, diez, quince minutos...  Comentan la jugada, la mastican, podría decirse que se están recreando en algún pasaje de la declaración judicial a la que acaban de asistir. Y, mientras lo hacen, se siguen riendo.

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La mujer es Isabel Jordán, pieza clave de la red de corrupción Gürtel, que sale, escasamente airosa, de las más de 22 horas de interrogatorios a las que ha sido sometida, en los que ha llegado a reconocer que se quedó más de 200.000 euros de la empresa para autoadjudicarse la indemnización que creía que le correspondía por un despido que nunca llegó a producirse. Hizo eso e intentar sostener la tambaleante versión de que, a pesar de ser administradora única de varias sociedades del entramado corrupto, no tenía ningún poder de decisión en ellas.

Uno de los hombres es Gustavo Galán, su abogado, quien a punto estuvo de sacar de quicio al presidente del tribunal, Ángel Hurtado, con una retahíla interminable de preguntas y respuestas pactadas que fue mezclando con la tediosa lectura de rutas de acceso a documentos, plagadas de barras, corchetes y asteriscos, que llevaron a la exhibición en la sala de cientos de papeles, la mayor parte irrelevantes a juicio de los pocos abogados que tuvieron el arrojo de aguantar la sesión hasta el final.

El tercer hombre es Alberto López Viejo, el ambicioso concejal de Limpieza de José María Álvarez del Manzano que en los tiempos en los que se montó el Selur se ganó el mote de 'El Toyota' por su llamativa fijación por comprar los vehículos municipales en el concesionario Supra Gamboa de Madrid, que administraba, según declaró Jordán, un "primo o un amigo". En 2003, el entonces flamante diputado se defendió argumentando que Toyota es el primer fabricante de vehículos del mundo y añadió que su tienda favorita era “la que más vendía en España y Portugal”.

López Viejo, el hombre que le salió rana a Esperanza Aguirre en el estanque en el que se convirtió la Comunidad de Madrid durante los nueve años en los que se prolongó su chapoteo de mandato chulapo. La figura ascendente del PP de Madrid a la que se reservó el caramelo de la propagandística Consejería de Deportes en los tiempos en los que la clase dirigente de la capital empezaba a soñar con organizar unos Juegos Olímpicos con el objetivo, finalmente revelado, de difundir por el mundo el "relaxing cup of café con leche". Y, a la postre, el hombre caído en desgracia, repudiado por la lideresa cuando trascendió que sus manejos con la Gürtel le llevaron a ingresar solo en 2002, el año del apogeo de los Toyota de la limpieza, 450.731,01 euros en el banco suizo Mirabaud. “Ha sido la gran traición que he sufrido en mi vida política”, dijo Aguirre de él el 8 de abril de 2014, en una rueda de prensa celebrada en la sede de la calle Génova que el presunto líder de la red, Francisco Correa, llegó a considerar su “casa”.

Lo que une a los tres personajes del polígono con el del estanque son las preguntas que la hábil abogada de López Viejo, Laura Martínez, dirigió a Jordán durante su tercer día de declaración, que dejan entrever que el exconsejero podría apuntar por elevación en su esperada comparecencia, prevista para después de las Navidades. La acusada aseguró que la relación con el PP madrileño comenzó en 2003, con las dos campañas del ‘tamayazo’, y que Esperanza Aguirre “opinaba y muchas veces” sobre los actos que la Gürtel le organizaba. Y que a López Viejo, al que la expresidenta carga con la traición de contratar a Correa y los suyos, no le conoció hasta el año siguiente, en un encuentro preparatorio del acto de homenaje a las víctimas del 11-M que la Real Casa de Correos albergó el 26 de marzo de 2004. “Hubo unas reuniones previas a esa reunión que yo tuve y era en la Puerta del Sol, con gente, no sé si de la Vicepresidencia Primera, un tal Regino (García Badell, jefe de gabinete de Aguirre). López Viejo no estaba todavía en la Comunidad”, dijo.

Esa previsión de que López Viejo podría involucrar a los que eran sus superiores cuando le toque dar explicaciones en el juicio la alimentó él mismo el pasado viernes cuando, a su llegada a la sede judicial, le preguntaron si tenía ganas de declarar. "Ni te imaginas", dijo girando la cabeza para mostrar su amplia sonrisa. La venganza de ‘El Toyota’ parece prepararse a fuego lento. Fuentes de su entorno dicen en voz baja que nunca hasta ahora ha "enseñado la patita" en sus escritos de defensa pero es consciente de que ha llegado el momento de jugar "el partido de su vida" y va a ir a él "con todo". Y advierten de que, como anunciaba Correa antes de consumar una maniobra que luego se quedó en amago de tirar de la manta, tiene previsto contar "toda la verdad".

Entretanto cae la noche en el polígono. Los tres interlocutores se despiden. La pareja se sube al mismo coche. El tercer hombre enseña su sonrisa por última vez y enciende las luces de lo que, a lo lejos, parece un Toyota. Y se marcha. Pero volverá.

(*) Alfonso Pérez Medina es periodista.