La gestión del caso de Barberá abre una brecha generacional en la dirección del PP

De derecha a izquierda, Pablo Casado, Andrea Levi y Javier Maroto, en unas jornadas organizadas el pasado mes de abril en Córdoba por las Nuevas Generaciones del PP. / Efe
De derecha a izquierda, Pablo Casado, Andrea Levy y Javier Maroto, en unas jornadas organizadas el pasado mes de abril en Córdoba por las Nuevas Generaciones del PP. / Efe

La muerte de Rita Barberá ha sacudido a la familia ‘popular’. Han tocado vísceras  y conciencias las palabras del expresidente del gobierno, José María Aznar, quien puso el dedo en una llaga que escuece enormemente al PP de Mariano Rajoy. Aznar se lamentaba de que Rita Barberá “haya muerto habiendo sido excluida del partido al que dedicó su vida”. Esa “circunstancia” había sido soslayada desde que la noticia de la muerte de la senadora sorprendió y dejó a los ‘populares’ con el corazón encogido. Pero, tras ponerla Aznar sobre la mesa con toda crudeza, algunos empezaron a buscar culpables. Públicamente señalaron a los medios de comunicación y denunciaron la “cacería” a la que se sometió a la que fuera alcaldesa de Valencia. En privado, empezó la búsqueda de un chivo expiatorio dentro de sus filas. Y los “ganadores”, en una destacada primera posición, son los flamantes vicesecretarios de comunicación, Pablo Casado,  y de política sectorial, Javier Maroto. Tampoco se libraban de formar parte de ese “ruido” el responsable de organización, Fernando Martínez Maíllo, y la vicesecretaria de estudios y programas, Andrea Levy.

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Los jóvenes, el relevo generacional que Rajoy colocó a su alrededor, se convertían horas después del fallecimiento de Rita Barberá en aquellos a los que se reprochaban palabras, gestos y actitudes. Desde el “Rita Barberá no tiene dignidad”, que dijo Maroto en su día, a las palabras de Casado pidiendo a la senadora valenciana que se preguntase “qué aporta al PP”, señalándole así la puerta de salida, eran citados y reprobados, especialmente por algunos de los cargos públicos del PP que, hasta el último aliento de Rita Barberá, estuvieron esquivándola y evitando salir en foto alguna a su lado, algo que dolía especialmente a la fallecida, según cuentan sus allegados.

Con todo, a poco más de dos meses de la celebración del Congreso Nacional, lo que parecía iba a ser una cita sin sobresaltos y al que los ‘populares’  llegaban supuestamente con todo “atado y bien atado” se ha complicado en la medida en que algunos de los que reprueban la “beligerancia” de los jóvenes hoy dudan, incluso, de su idoneidad para seguir ocupando puestos de relevancia en el partido. Ellos fueron los encargados de verbalizar, de puertas para afuera, lo que esperaban de Barberá el PP y Rajoy, quien jamás le pidió que dejara el acta de senadora, pero sí le mandó emisarios con esa intención. Y lo logró.

Probablemente, el congreso del PP decida hacer justicia a su exmilitante, Rita Barberá, y una injusticia contra la nueva cúpula dirigente del PP, que hizo, con más o menos pericia,  aquello que le exigía el guión para que Rajoy pudiera, por fin, convertirse en presidente del gobierno.

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