Las diferencias en la izquierda catalana abocan a Colau a una cuestión de confianza

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La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. / Efe

BARCELONA.– La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, tiene hasta el próximo 23 de diciembre para conseguir apoyos de otros grupos a los presupuestos presentados por su Gobierno en minoría en el Ayuntamiento de Barcelona, del que forman parte Barcelona En Comú y el PSC, después de que la oposición en bloque rechazara las cuentas. No hubo acuerdo con la izquierda para "unos presupuestos que incorporan muchos elementos sociales de importancia", según los define el propio equipo de Gobierno. Si no consigue esos apoyos antes de esa fecha, como parece que va a ocurrir, la propia Colau anunció que activará una cuestión de confianza

Si la oposición consiguiera en el plazo de 30 días crear una alternativa para la Alcaldía que supere en votos al acuerdo entre "los comunes" (11 concejales) y el PSC (4), Colau abandonaría el cargo. No parece fácil esta opción, tendrían que unirse fuerzas de posiciones políticas contrapuestas y la composición del Pleno está muy fragmentada: CIU (10), C´s (5), ERC (5), PP (3) y CUP (3). Si la oposición es incapaz de ponerse de acuerdo en esos 30 días, a partir del 23 de diciembre, automáticamente se renovarán los presupuestos de Colau. El eje izquierda-derecha, pero también las posturas sobre el proceso independentista hacen que parezca imposible un acuerdo en ninguno de los sentidos. Pero hay otros factores, como la simultaneidad del proceso de los presupuestos de la Generalitat, el propio calendario del proceso independentista y la aparición del nuevo sujeto político del espacio de En Común a nivel catalán, que también afectan al desencuentro de la izquierda.

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El teniente de alcalde de Barcelona y concejal de Trabajo, Economía y Planificación, Gerardo Pisarello, asegura a cuartopoder.es que en estos presupuestos "hay un crecimiento exponencial de la inversión social" y que "son unos presupuestos que no recortan y que consolidan derechos sociales", sobre todo "en los barrios que están más necesitados". "Sabemos que no compartimos el modelo de ciudad de la derecha, por eso no nos sorprende la posición de CIU, C´s y PP; sin embargo, detrás de las decisiones de ERC y CUP creemos que hay intereses partidistas", valora Pisarello, que lamenta que "las izquierdas no sean capaces de entenderse en un contexto en el que la extrema derecha está tomando mucha fuerza en muchos sitios". También lamenta "que se haya roto el acuerdo con la izquierda" la concejala de Comercio y Mercados, del PSC, Montserrat Ballarín, quien considera también que "los presupuestos son buenos". "Barcelona tiene una situación financiera saneada desde hace muchos años y esta solvencia la queremos poner al servicio de la ciudadanía", dice. Además cree que "hay otros intereses que van más allá de la ciudad", en referencia al no apoyo a los presupuestos por parte de los otros grupos.

Los motivos para decir 'no' de ERC, según comenta a este medio su concejal Jordi Coronas son que "Barcelona En Comú no ha cumplido con ninguno de los tres acuerdos que teníamos desde los anteriores presupuestos", a los cuales sí que habían apoyado. Estos acuerdos tienen que ver con la prolongación de una línea de metro o la gratuidad del transporte público para jóvenes. Pero además, Coronas comenta: "Era una condición del acuerdo que ellos tuvieran la misma actitud de entenderse en el Parlament que nosotros habíamos tenido el Ayuntamiento". Desde ERC relacionan la aprobación de los presupuestos del Ayuntamiento por su parte, con el apoyo a las cuentas del Govern de JxSi por parte de Catalunya Sí Que Es Pot, la coalición en la que participan partidos que forman parte de Barcelona En Comú. Desde ERC recuerdan: "El pasado año discutimos, negociamos y aprobamos los presupuestos del Ayuntamiento y, cuando llegaron los del Parlament, los representantes de Colau no dejaron ni discutirlos votando al lado del PP y C's; no puede ser que luego saquen pecho de los acuerdos con la Generalitat en temas como sanidad o bienestar social".

Pisarello ve en esta decisión de ERC una muestra de que les consideran sus adversarios políticos. "Lo ha dicho Gabriel Rufián en unas declaraciones, que somos sus adversarios, como también dicen que descartan un gobierno conjunto en la Generalitat para el futuro; es una mala noticia que no sean capaces de liberarse de la subordinación que tienen de CIU", considera el teniente de alcalde de Barcelona En Comú. Desde ERC explican con respecto a las declaraciones de Rufián: "Siempre ha dicho que Barcelona En Comú era el rival electoral, que no el enemigo, pero parece que algunos tienen muchas ganas de decir que somos el enemigo". También influye la aparición del nuevo sujeto político que lidera Xavier Doménech, ganador de las dos últimas elecciones generales en Cataluña y que incluirá, además de a Barcelona En Comú, a Podem, ICV y EUiA. "Esto puede generar reticencias entre otras fuerzas de las izquierdas, pero creo que todos deberíamos hacer un ejercicio de contención y de lectura de la situación de crisis que vivimos, donde está creciendo la extrema derecha en Europa y es suicida que las izquierdas se vean como adversarias por razones electoralistas", reflexiona Pisarello, quien tampoco entiende cómo en el Área Metropolitana de Barcelona sí que se han aprobado las cuentas con el apoyo de "los comunes", PSC y ERC, mientras que en el Consistorio barcelonés no es posible.

Los motivos por los que la CUP tampoco apoya los presupuestos de Colau son distintos a los de ERC. "Nosotros avisamos cuando entró en el gobierno el PSC de que nuestra disposición a negociar se iba a notar, el PSC es el partido que gobernó en esta ciudad durante muchos años, instaurando leyes como la del civismo que criminalizaba a los sectores más vulnerables de la ciudad", explica a este medio el edil de la CUP Josep Garganté, quien además pone como condición necesaria para negociar "la retirada del dispositivo policial especial que desde hace unas semanas está en el centro de la ciudad mostrando imágenes duras como controles en el metro a vendedores ambulantes, porque es un dispositivo policial contra la pobreza". "También pusimos como condición desde el principio la disolución de los antidisturbios de la Guardia Urbana", añade. "Por otro lado, nos pasaron los documentos de los presupuestos con dos o tres días de margen, muy poco tiempo y más cuando nuestra manera de tomar decisiones es asamblearia y necesitamos algo más de tiempo", describe Garganté. La falta de voluntad y de plazos de negociación de los presupuestos es algo de lo que acusa toda la oposición, desde la CUP al PP, a Barcelona En Comú. Sobre la cuestión de los manteros, Pisarello argumenta que desde el Ayuntamiento se están desarrollando planes sociales de formación y ocupación. La CUP considera que son totalmente insuficientes estas medidas.

El representante de Barcelona En Comú no entiende "por qué la CUP apoya los presupuestos para la Generalitat de JxSí, donde está Convergéncia, que son mucho menos sociales, y sin embargo no lo hace con los de Barcelona". Sobre esto, desde la CUP consideran que "nuestra forma de decisión, en nuestras asambleas, depende del territorio; para Cataluña decidieron entre todas las asambleas dejar gobernar a JxSí porque era apostar por un proceso para la creación de un Estado independiente, tomar aquella decisión costó mucho". En cambio, en el caso de Barcelona, asegura que "permitieron que gobernara Colau porque era el cambio". "Desde que ha entrado el PSC y mientras siga una situación no normalizada de presencia policial en el centro de la ciudad, nuestro diálogo tampoco será normalizado, ese no es el cambio por el que apostamos", prosigue Garganté.

Difícil alternativa a Colau

Lo que parece muy complicado es que, si se activa la cuestión de confianza, la oposición pueda ponerse de acuerdo en consolidar una alternativa a Colau. Ningún grupo lo ve viable, tendrían que darse comuniones tan dispares como la de ERC con C´s o con el PP. "Sería un gran Frankestein. Veo difícil que eso pueda prosperar", considera Pisarello. "Es muy difícil poner de acuerdo a todas estas fuerzas políticas. Desde CIU podríamos haber logrado acuerdos con ERC y haber llegado a contar con el PSC si no hubiera entrado a gobernar, pero ahora hay que sumar también al PP o a Ciudadanos", describe a este periódico Joaquim Forn, de CIU. "En C´s prefieren votar a un alcalde socialista antes que a un independentista, pero nosotros no aceptamos que, con 10 concejales CIU y el PSC con cuatro, eso pueda pasar", añade. Desde C´s habla Paco Sierra: "De momento no parece que se vea un acuerdo, pero nunca se sabe". "Están muy seguros, pero si en ese mes siguiente nos ponemos de acuerdo los grupos de la oposición, puede haber un presupuesto alternativo". No tira la toalla el edil de C´s, que añade: "En lo que sí han puesto de acuerdo a todos los grupos de la oposición es en que les digamos que no".

Desde ERC han pedido a la alcaldesa "que retire la cuestión de confianza" y le invitan a que "si de verdad tiene intención de negociar, que lo demuestre". "El año pasado estuvimos tres meses negociando los presupuestos, no tienen por qué estar en diciembre, si de verdad quiere negociar, negociemos", argumenta Coronas. "La cuestión de confianza expresa que el gobierno no es todo lo fuerte que debiera, pero esa figura se contempla en la ley y evita que la ciudad se pare; por tanto, valentía y a tirarla adelante, pues son unos buenos presupuestos para la ciudad", asegura Montserrat Ballarín, del PSC, que tampoco vislumbra una alternativa coherente. "Con el resto de grupos de la oposición podemos tener coincidencias en algunos proyectos concretos que habría que ir trabajando, pero las diferencias políticas son inmensas", dice Javier Mulleras, del PP. Por su parte, Garganté, de la CUP, advierte: "Nosotros no apoyaremos los presupuestos de Barcelona En Comú, pero que tampoco nos venga a buscar ni CIU ni C´s".