Sánchez y Díaz llaman a sus huestes a una batalla que prolongará la crisis del PSOE

Susana Díaz, jaleada y abrazada por seguidoras en la localidad de Jabugo (Huelva) el pasado 2 de diciembre. / Julián Pérez (Efe)
Susana Díaz, abrazada por una seguidora en la localidad onubense de Jabugo, el pasado día 2. / Julián Pérez (Efe)

Los dos candidatos no declarados (aunque descarados) a la Secretaría General del PSOE, Pedro Sánchez y Susana Díaz, mantienen su pulso divisorio con arengas a sus huestes en los próximos días en Asturias y en Jaén, respectivamente. Mientras, la Gestora trata de templar los ánimos y recuperar el preciado bien de la unidad o, al menos, esto dice su presidente, Javier Fernández. Pero los movimientos de “militantes en pie” le piden que no se atribuya competencias que no tiene y que cumpla cuanto antes la finalidad para la que fue nombrado: la convocatoria del congreso extraordinario. A falta de lo que decida el Comité Federal en enero, Fernández comentó ayer a algunos periodistas que se podría celebrar en mayo o junio próximo.

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El acto programado el próximo sábado por Sánchez y sus seguidores en El Entrego (Asturias), corazón de la minería, en la cuenca del Nalón, servirá para medir su capacidad de atracción de la militancia en territorio hostil, es decir, en la comunidad autónoma que gobierna Fernández. Se sabe que la militancia asturiana se revolvió contra los barones que defenestraron a Sánchez el 1 de octubre pasado. Las bases no asumieron la operación de dejar pasar a la derecha. En Avilés y en las cuencas mineras, la mayoría de los afiliados socialistas recogieron firmas reclamando elecciones primarias y congreso extraordinario de inmediato. Las asambleas clamaron en contra de los barones sin atender la razón de que unas nuevas elecciones, las terceras, habrían sido peores para el PSOE.

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La capacidad de atracción o querencia de Sánchez en Asturias se supone, por eso, muy elevada. Pero está por ver. El exsecretario general y sus seguidores no quieren que los ánimos se enfríen y estiman que Asturias es parte de ese norte en el que Sánchez tiene mayoría frente a su contrincante Díaz. Estamos hablando de la cornisa cantábrica, desde el Miño al Bidasoa: Galicia, Asturias, Cantabria y Euskadi. La correlación de fuerzas es favorable al exsecretario general por más del 60% de la militancia, según fuentes conocedoras de la realidad territorial del PSOE. Bien es cierto que estas federaciones representan en torno al 15% de la organización.

El acto de Asturias, que irá seguido de un viaje de Sánchez a Berlín para hablar con los dirigentes socialdemócratas –su adversaria Díaz se entrevistó hace una semana en Bruselas con Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo y probable candidato del SPD en las elecciones alemanas frente a Angela Merkel–, llega precedido de la celebración del 125º aniversario de la agrupación de Gijón, al que acudieron quinientos afiliados a escuchar al presidente de la Fundación Pablo Iglesias, Alfonso Guerra, quien estuvo acompañado de Javier Fernández y de otros dirigentes locales.

Guerra aprovechó su alocución para defender la línea pactista con el PP que han marcado Díaz y los barones y que según el histórico dirigente sirve para obtener mejoras sociales. “El odio a la derecha no puede ser el programa del PSOE”, fue su frase más destacada, a la que añadió la tradición del PSOE de alcanzar acuerdos con sus adversarios políticos “sin tener ningún miedo a hablar con todos y a obtener, preservando los principios del partido, los pactos que sean necesarios. Con convicciones no importa entrar en la gruta del dragón”, rubricó. Arrancar mejoras es para Guerra hacer oposición. De paso cargó contra los nacionalistas y contra el PSC, a cuyos dirigentes recordó que “España es una sola nación”.

La política de Sánchez es, precisamente, la contraria. “España es una nación de naciones”. Hay que hablar, sí, pero con la izquierda para fortalecer la socialdemocracia, dice, frente a la amenaza de las derechas y su voracidad contra el Estado Social y Democrático de Derecho (el profesor socialista Elías Díaz plasmó esos principios en los años setenta en la obra del mismo título). Para Sánchez, la alianza con la derecha es un error porque “difumina” la socialdemocracia y aleja a los afiliados y a los electores. Así lo dijo en México hace seis días.

Las diferencias no son sólo de dirigentes, sino de estrategia política. Sánchez, que cuenta con la simpatía mayoritaria de los afiliados del PSC en Cataluña, de la organización en Baleares, Navarra, La Rioja y está por ver si también en Aragón y en Castilla y León, protagonizará varios actos con afiliados en Andalucía después de Navidades, según fuentes de los movimientos de base que surgieron tras su defenestración. Algunos miembros relevantes del movimiento crítico con Díaz señalan que la división es profunda y que la mayoría de los afiliados andaluces respaldan a Sánchez. Los partidarios de Díaz admiten que puede tener el apoyo de un 30% de los afiliados. “Los que cobran están con el que manda, en este caso con Susana, y los demás no”, resume un exdiputado y militante histórico.

Precampaña de ‘la Sultana’

Díaz ha recabado el apoyo del expresidente de Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y reunirá a sus huestes el viernes, 16 de diciembre, en Jaén. La percha de la convocatoria es el 10º aniversario de la aprobación de la Ley de la Dependencia que reconoció el derecho de miles de mayores y personas dependientes a recibir asistencia de cuidadores y que representó un yacimiento de empleo (subempleo), pronto paralizado por la depresión económica y el Gobierno del PP. La candidata al liderazgo del PSOE quiere un acto masivo y las principales agrupaciones ya han contratado autocares para acudir desde todos los puntos de Andalucía.

La presidenta andaluza no descuida otros frentes: en Bruselas habló hace una semana ante el Grupo Socialista del Parlamento, si bien, de 190 eurodiputados solo 35 acudieron a escucharla, lo que demuestra el escaso predicamento de los nuevos jefes de filas, José Blanco, Elena Valenciano y Ramón Jaúregui. Y en Madrid acudió el viernes pasado a una cena con el valenciano Ximo Puig en desagravio al exsecretario general madrileño Tomás Gómez, defenestrado por Sánchez. Gómez, que fue persuadido por Puig y Zapatero para que apoyara a Sánchez como secretario general frente a Eduardo Madina, simboliza con Antonio Miguel Carmona el sector crítico frente a la secretaria general “pedrista” Sara Hernández, alcaldesa de Getafe con el respaldo de UP.

‘La Sultana’, como llaman a Susana sus detractores, mantiene a raya a los críticos en su feudo. Citan el hecho de que la Plataforma pro Congreso creada en Sevilla tuvo que reunirse en el local alquilado de un club deportivo porque los afiliados no pudieron disponer de ninguna sede del partido. “Fue una sensación de semiclandestinidad”, confiesa un militante. A pesar de esto y de no disponer de ningún apoyo ni tener eco en los medios de comunicación, esta plataforma creada hace un mes agrupa ya a casi 700 militantes de Sevilla, una rebelión en toda regla en la capital andaluza. “Y esto va a más”, subraya un simpatizante.

¿Qué está pasando en el PSOE de Andalucía para que Díaz pierda apoyos internos? Aparte del reflejo de las protestas sociales contra la gestión sanitaria de la Junta, algunos cuadros del partido consultados reconocen la existencia de un divorcio creciente entre los militantes y la mayor parte de cargos orgánicos y públicos. “Hay una derechización de los cargos y una radicalización hacia la izquierda de los militantes de base, con un fuerte movimiento a favor de Sánchez o cualquier otro candidato que vire hacia la izquierda”, resume un cualificado observador.

De momento, para contrarrestar el arrastre de Díaz, los militantes críticos han invitado al sancionado “pedrista” Odón Elorza a participar en un acto en Sevilla la víspera de la concentración jienense. Los críticos valoran además el gesto del expresidente Felipe González de recoger velas tras haber alentado el desalojo de Sánchez. Cuentan como anécdota que González “puso de los nervios a ‘la Sultana’ y sus palmeros al no darle explícitamente su apoyo y reclamarle directamente, mirándola, un congreso ya”. Y especulan que la consideran tan amortizada como a Sánchez y que podrían apoyar a un tercer candidato.

El PSC y Fernández al fondo

Con todo, sin el apoyo de la mayoría de los afiliados del PSC ni Díaz ni Sánchez podrán ganar la batalla. Aunque la abrumadora mayoría prefiere a Sánchez, todavía no está claro que los cerca de 20.000 afiliados catalanes puedan votar en las primarias para elegir al secretario general del PSOE, como ocurría hasta ahora. La supresión de ese derecho escoraría claramente la elección a favor de la precandidata andaluza. La comisión que negocia el nuevo protocolo de relaciones que sustituirá al de 1978 mantendrá la participación del PSC en el Comité Federal del PSOE, pero no ha decidido sobre el voto en las primarias.

Mientras tanto, el presidente de la Gestora repite, como si hubiera sido elegido para una travesía del desierto más larga de lo que Sánchez desearía, que hay que dejar atrás “las barreduras de la historia” y “dar forma al futuro para que el futuro no nos deforme a nosotros”. “Queremos unir a la gente y no dividirla”. Y sin citar la gestión y los fracasos electorales de Sánchez, invita a los militantes, como hizo el domingo pasado en Gijón, a preguntarse “si ahora tenemos ese sentimiento profundo de nuestra dignidad como grupo ejemplar en la sociedad”. Y a los cuadros “si sentimos esa percepción de nuestra responsabilidad como dirigentes de un partido fundamental para la transformación social. Ponernos ante el espejo y también mirar si somos capaces de atraer a los intelectuales, a los pensadores, a los mejores profesionales de la sociedad. Mirar a esa sociedad y decirle que transmitimos no solamente confianza social, sino garantía y credibilidad económica, que es lo que nos da reputación gubernamental”.