ESTHER JAÉN | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 19:51

José María Aznar y Mariano Rajoy, en una imagen de archivo. / Efe

Muecas de fastidio y algún escueto “es su decisión” es lo que muestran los semblantes y los comentarios de buena parte de los dirigentes del PP que están con Mariano Rajoy  y consideran una “mosca cojonera” al ex presidente de Gobierno, José María Aznar,  tras hacerse pública la decisión del ex presidente de abandonar la Presidencia de Honor del PP. Lo hizo ayer por carta, dirigida a Rajoy y colgada en su web, y a través de una llamada telefónica que, desde Moncloa, aseguraban anoche que se produjo en “buen tono”.

Oficialmente, la desvinculación de FAES, que nació a la sombra del PP y fue su principal think tank durante décadas y la ausencia de dirigentes políticos entre los patronos de la fundación son el motivo que ha llevado a Aznar a presentar su renuncia. Pero, en privado, ningún dirigente popular comulga con esa “rueda de molino”. Más bien se inclinan a creer que son las “otras consideraciones que alargarían innecesariamente estas líneas”, como dice Aznar en su carta, las que han llevado a Aznar a dar carpetazo, a las puertas del Congreso Nacional del PP, al que, por cierto, no acudirá (ni había recibido invitación alguna por parte de la dirección del PP hasta ayer).

Algunos de los consultados suspiraban con cierto alivio al saber a Aznar fuera de los cargos orgánicos del PP, pero los más avezados se echaban las manos a la cabeza, conscientes de que, si hasta la fecha Aznar se había contenido mínimamente en sus manifestaciones contrarias a la línea política y económica trazada por el PP que preside Rajoy, a partir de ahora no tiene ninguna cortapisa. Es un militante de base más, pero un militante muy cualificado, que puede hacer mucho daño al PP.

El desamor se apoderó de la relación Aznar-Rajoy hace ya mucho tiempo, pero en los últimos tiempos había ido in crescendo. De hecho, fuentes del PP reconocen que, si bien en público el expresidente se ha mostrado crítico con el PP y con Rajoy en un sinfín de ocasiones, en privado ha sido mucho más duro.

Algunos de los asistentes a un veraniego almuerzo de trabajo en FAES al que acudieron el exministro Josep Piqué y el hijo menor de Aznar, Alonso Aznar, entre otros, poco antes de la celebración de las elecciones del 26-J,  recuerdan cómo Aznar hizo una disección del PP y destripó un partido con las esencias perdidas, tanto en materia económica como social. El expresidente fue entonces muy crítico, aunque, en opinión de uno de los comensales  “mantuvo las formas”. Quien no las mantuvo tanto fue su hijo Alonso, aquel  que siendo niño se sentaba en el suelo, en primera fila, y sorbía las palabras de su papá cuando Aznar iba de mítines. En el mencionado almuerzo de FAES, Alonso hizo una crítica demoledora del PP y de Rajoy, mientras su padre sonreía condescendiente a la par que orgulloso de su retoño. De principio a fin, incluido el momento en el que Alonso declaró que ni él ni su entorno pensaban votar a Rajoy.

Para entonces, Aznar había irrumpido por sorpresa, meses atrás, en el Comité Ejecutivo Nacional del PP posterior a las elecciones del 20 de diciembre para criticar los resultados, la pérdida de casi 4 millones de votos y para pedir la celebración de un Congreso que no se produjo.

Desde entonces hasta ahora han seguido lloviendo las críticas y creciendo la manifiesta discrepancia de Aznar. La última la puso recientemente sobre la mesa cuando consideró que el PP se rendía ante los nacionalistas, tras escuchar las palabras de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, quien entonó un cierto compás de autocrítica al apuntar que, tal vez, el PP no debió recurrir el Estatuto de Cataluña ante el Tribunal Constitucional y que debió buscar otra vía de entendimiento. Entonces, en el PP, su partido, le recordaron que él habló catalán en la intimidad e iniciaron una campaña de desprestigio si no contra Aznar, sí atacando su falta de coherencia política.

En estos últimos años, Aznar se ha dedicado a aclarar a quien ha querido escucharle (en la intimidad) que se equivocó al nombrar a Rajoy, pero también ha querido descargar su conciencia por haber hecho tal elección alegando en sus memorias que, si optó por Rajoy fue porque Rodrigo Rato le dijo en dos ocasiones que no quería ser el sucesor. Ahora es Aznar quien no quiere ser florero en el PP, ni jarrón chino, como decía Felipe González, un objeto de gran valor, pero que molesta a todo el mundo.

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