ALFONSO PÉREZ MEDINA | Publicado: - Actualizado: 17/5/2017 13:57

Alejandro de Pedro, en una imagen de archivo.
Alejandro de Pedro, en una imagen de archivo. / Efe

De todos los personajes que habitan en el universo de la trama Púnica destapado por la investigación del juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco hay uno que recuerda al protagonista de Bel Ami, la novela de Guy de Maupassant que reflejaba la ascensión social de un joven apuesto y sin demasiados escrúpulos que aprovechaba su encanto personal para trabar relaciones, de forma que los contactos que iba haciendo le servían para conseguir otros nuevos que le ayudaban en esa constante e imparable escalada.

El Bel Ami de la Púnica es Alejandro de Pedro, el experto en redes sociales que en su página web se presentaba como “el informático que conoce a todo el mundo”, el conseguidor de contratos públicos y privados, el aguililla que con sus trabajos para mejorar la reputación en las redes sociales engatusó a medio Partido Popular, desde el equipo de comunicación de Esperanza Aguirre e Ignacio González hasta los exconsejeros Lucía Figar o Salvador Victoria, hoy imputados por los tratos que hicieron con él. O al expresidente de Murcia Pedro Antonio Sánchez, al que su intención de contratarle para que le limpiara la imagen que le había dejado su imputación en el caso Auditorio le ha valido la atribución de otros tres delitos y, al fin y a la postre, su dimisión por imperativo legal de Génova.

En su declaración ante el juez Eloy Velasco, la entonces directora general de Medios de Comunicación de la Comunidad de Madrid, Isabel Gallego, le definió de la siguiente manera: “Cuando le conocí, me pareció un fantasma”. La propia esposa de De Pedro, María Díaz, aseguró en una entrevista con El Mundo en noviembre de 2014: “Es una cabeza de turco, es la única figura desconocida de esta operación contra la corrupción y es más fácil meterse con un desgraciado que con empresarios gordos de los que ni tan siquiera han salido sus fotos”. Y vaticinaba que los investigadores no encontrarían nada contra su marido más allá de las “conversaciones telefónicas típicas de un comercial que pueda fanfarronear de sus buenos contactos con excesos verbales”. Por eso, De Pedro colgaba en las redes sociales sus fotos con políticos, “de la misma manera que el propietario de un restaurante las cuelga en la pared de su local”.

Las conversaciones intervenidas en el teléfono de De Pedro, un modesto empresario valenciano que comenzó trabajando en un piso de 38 metros cuadrados, reflejan que, siempre que podía, alardeaba de sus relaciones con el matrimonio Aznar, al que intentó acercarse a través del exministro Eduardo Zaplana; con el presidente de ACS y del Real Madrid, Florentino Pérez, al que consiguió colocar un contrato por valor de 300.000 euros; con el directivo de OHL Javier López Madrid, yerno del presidente de la compañía, al que aconsejó que destruyera su móvil y ofreció su apoyo moral cuando le arreciaban las denuncias por acoso y amenazas de la dermatóloga Elisa Pinto; y con políticas como Lucía Figar o Leire Pajín, de las que decía ser “un buen amigo”.

Alejandro de Pedro entró en contacto con el PP valenciano a través del presidente de la formación en el municipio alicantino de Benissa y de ahí trabó relación, a base de cafés, almuerzos y copas, con dirigentes de la formación como el expresidente de las Cortes Juan Cotino, con el que se fotografió comiendo una paella con amigos. También aprovechó las relaciones de su socio, el exalcalde socialista de Cartagena José Antonio Alonso Conesa, quien le presentó a su contacto en el campo de la eficiencia energética David Marjaliza, la llave que le abrió la puerta del exsecretario general de los populares madrileños Francisco Granados, presunto cabecilla de la red Púnica.

De parte de Alonso Conesa escribió, el 7 de agosto de 2013, al exministro popular Eduardo Zaplana para intentar contactar con la entonces alcaldesa de Madrid, Ana Botella, a la que había hecho un estudio sobre su reputación on line. “Hola, Eduardo. Soy Álex, amigo de José A. Alonso. Le envíe a Mitsouko el informe de Ana. Yo estaré en Estepona sobre el 26-27. He quedado con Paco Granados, el presidente del Societe generali (en referencia a Donato González) y Pilar G. de la Granja (creo que la conoces). Lo comentaba por si existiera la posibilidad de vernos esas fechas con Ana, tal y como comentaste. Un abrazo”. El día 16 De Pedro reiteró su petición y dos días más tarde, respondiendo a su insistencia, Zaplana le contestó: “Te arreglo la cita y te llamo. Un abrazo”.

El 30 de julio, sin embargo, daba por hecho el encuentro con los Aznar en una conversación con Donato González, director general para España y Portugal de Société Générale, el banco que dio cobijo a Francisco Granados cuando tuvo que dejar la política después de que se publicara que tenía una cuenta en Suiza. “Tengo que bajar a Marbella en agosto, me ha puesto una reunión Aznar en su casa, aprovechamos y nos vemos, me tienes que dejar invitarte al menos en dongiovanni ;-)”, decía. Y el 11 de agosto, cuando Zaplana ni siquiera le había contestado, aseguraba: “Pues igual voy la semana del 20, he quedado con tu amigo David (en referencia a Marjaliza), con Zaplana y los Aznar para cenar”.

A la periodista Pilar García de la Granja también le confiaba en esos días: “Igual tengo que ir a casa de Aznar. Esa semana. Es que le preparé un informe de reputación a Ana y Eduardo Zaplana se lo ha dado. Me dijo que intentaría ponerme una reunión con ella en su casa”. A otro contacto le trasladó que en realidad era el exministro el que quería quedar con él: “Mañana estaré por Estepona hasta el domingo, he quedado con Zaplana, me quiere presentar a José María Aznar”.

De sus mensajes se deduce que el encuentro llegó a celebrarse a finales de agosto aunque parece que no estaba concertado de antemano porque a un amigo le dijo que iba a ser un lunes, a otro que un jueves y a un tercero que el viernes. En todo caso, el 7 de septiembre proclamó en otra conversación: “He cerrado con Aznar. Ya te contaré. Y con Zaplana”.

Donato González es también la persona que abrió al informático de la Púnica las puertas del Real Madrid, tal y como reconoció Florentino Pérez en la declaración como testigo ante el juez Eloy Velasco que protagonizó el 2 de marzo de 2015, en la que aseguró que el directivo bancario, asiduo del palco del Santiago Bernabéu, le explicó que De Pedro estaba en una compañía “especializada en redes sociales” que “trabajaba para empresas del Ibex” aunque nunca le preguntó para cuáles. En varias ocasiones el magistrado mostró su extrañeza por el hecho de que el mejor club de fútbol del mundo contratara a una empresa de Valencia que tenía “diez empleados y veinte clientes”. “Da la sensación de que la poca relación que tuvo con él era por otro motivo y esto era una cobertura”, le llegó a decir. “No me gusta la pregunta”, le contestó el mandatario madridista.

Al directivo del banco también le reveló De Pedro que iba a tomar café con el embajador de Chile y a cenar con “el tío más rico de Brasil, dueño de Burger King y diferentes marcas de cerveza”. “La pena es que es del Barça”, añadía. También alardeaba de codearse con el alcalde de Miami o de estar trabajando en un proyecto “muy guapo” para la ONU.

A Francisco Granados, en otra ocasión, le daba las gracias por que le propusiera comer, ya que no le apetecía ir a un acto del ministro de Industria. “De pm, macho, así tengo la escusa (sic) y no voy a una comida con el ministro Soria, pedazo rollo”, le contestó. Cuando en febrero de 2014 dimitió de todos sus cargos, ocho meses antes de que estallara el caso Púnica, De Pedro le trasladó a Granados toda su solidaridad: “Paco, ya sabes que estoy para lo que necesites y que tienes los diarios a tu disposición. Si quieres que traslademos algún mensaje para contrarrestar lo que sale, dímelo. Abrazo”. A continuación borró la página de Facebook del político de Valdemoro. “¿Estás seguro de que quieres que lo elimine todo?”, le llegó a preguntar el informático. “Sí. No quiero impertinencias”, contestó Granados. Demasiado tarde. El jefe de la Púnica y Bel Ami se vieron unos meses más tarde pero esta vez en el patio de la cárcel de Estremera.

(*) Alfonso Pérez Medina es periodista.

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