La parte contratante de la primera parte

Imagen del debate a tres celebrado este lunes entre los tres candidatos a las primarais socialistas. / Flickr PSOE

Díaz, Sánchez, López llegaron vestidos de calle. Díaz con un vestido rojo; Sánchez con una camisa ligeramente albiceleste; López con una camisa blanca y chaqueta azul sin corbata, un atuendo equidistante entre ambos, ni muy serio, ni muy desenfadado, ni muy de derechas, ni muy de izquierdas. Por sorteo le tocó en el centro, con Díaz a su derecha y Sánchez a su izquierda, una división que no quería decir nada, ya que, visto justo desde la perspectiva de enfrente, la del espectador, era Sánchez quien estaba a la derecha de López y Díaz a la izquierda. Eso tampoco quería decir nada. El PSOE lleva décadas buscando recobrar la O de Obrero (la S de Socialista ni está ni se la espera) pero lo único obrero que ofrecieron los tres candidatos durante el debate, aparte de las palabras huecas, son los apellidos, proletarios hasta la médula. Dos de ellos con la -ez (que no la hez) del gran sufijo histórico, González. Todo fue elegido por sorteo, la disposición ante las cámaras, el orden de los discursos, etc. Una lástima que no eligieran también al candidato por sorteo.

Los debates a tres suelen ser mucho más divertidos que los debates a dos, porque el tres casi nunca es 1+1+1, sino 2 vs 1, lo cual, en seguida se tradujo en varios puñetazos y patadas. Casi todas se las llevó Sánchez en la boca, a quien las encuestas dan unos pocos puntos de ventaja, y a quien López y Díaz dieron varios puntos de sutura tras vapulearlo en diversos ámbitos. Especialmente doloroso fue el gancho a la mandíbula que le propinó el candidato vasco cuando se pusieron a discutir sobre el concepto de nación y López le preguntó de pronto: "¿Pero tú sabes lo que es una nación?" "Por supuesto" respondió Sánchez, "un sentimiento compartido por unas gentes". El amor podría ser una nación, sí, y también podrían serlo Eurovisión, Falcon Crest y el vermú de media mañana. Cualquier cosa excepto, quizá, el PSOE.

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Díaz y Sánchez intentaron definirse por la vía negativa, como definían a Dios Santo Tomás y los neoplatónicos, y como definen los socialistas pata negra a Felipe González. López hizo una gran metáfora cuando dijo que el PSOE se había convertido en "el ibuprofeno de la derecha". Se le olvidó decir que también era el omeoprazol y el placebo. Luego intentó deconstruir el socialismo del siglo XXI según fórmulas de alta cocina: un centro izquierda pero tirando un poco a la derecha, no muy de derechas pero tampoco muy de izquierdas.

"No digo que seas voluble, digo que vas cambiando de opinión en función de lo que te viene bien" le espetó Díaz a Sánchez con el mismo estilo florentino con el que inició su defenestración pública. "Hablamos de coherencia con una candidata que aún no ha presentado un proyecto" se revolvió Sánchez, y ahí no le faltaba razón, aunque quién necesita un proyecto cuando tiene detrás un aparato. A falta de aparato, y con mucho menos apoyo de la militancia, López iba adquiriendo el protagonismo del debate hasta el punto de que, por momentos, parecía un ventrílocuo con un muñeco en cada mano. Lo cierto es que, mientras Sánchez y Díaz se tiraban los recuerdos a la cabeza, mientras Sánchez recitaba de corrido un programa que le ha copiado a López y Díaz se lo iba inventando sobre la marcha, López demostraba, sin esforzarse mucho, que tiene más tablas, más labia y, en definitiva, más política dentro que los otros dos juntos. Quizá por eso mismo va a quedar el último.

El debate fue tenso, abierto, educado y al mismo tiempo violento. "Yo no soy tu problema, Pedro, háztelo mirar", dijo Díaz, y casi dijo la verdad, porque, si la andaluza ha sido el enemigo mortal de Sánchez en los últimos meses, durante el debate el principal enemigo de Sánchez fue Sánchez. Daba lástima verlo sacando folletos y gráficos, y encadenando citas una detrás de otra como un vendedor de crecepelo. López le recordó que durante su campaña había llamado a los suyos ratas, traidores y fascistas. Puede que la alianza Díaz-López les pase factura: Sánchez no muestra mucha vida interior pero tiene un exterior con balcones a la calle y el traje de mártir que viste desde octubre le sienta tan bien como a Cristo los clavos.

Cuando intentaron dar su visión del partido, delimitando las fronteras ideológicas del PSOE, el debate alcanzó profundidades insondables. Estaban analizando el agua de borrajas, intentando recuperar la identidad de un partido que durante más de veinte años en el poder -desde el referéndum de la OTAN hasta la abstención a favor de Rajoy- no ha tenido ninguna. En un debate a tres siempre acecha la sombra de los Hermanos Marx, pero Díaz, Sánchez y López ni siquiera se han puesto de acuerdo en cuál de los tres hacía el papel de Groucho, los tres intentaron timar a los militantes al estilo de Chico y sus respectivos discursos sonaron con el clamor de un bocinazo de Harpo.