15-j, ADIÓS A LA DICTADURA / La violencia de la ultraderecha y las amenazas golpistas condicionaron los comicios

Rajoy cuenta con el Rey para frenar el reto independentista en el 40 aniversario del 15-J

LUIS DÍEZ | Publicado: - Actualizado: 12:49

Carles Puigdemont recibe a pie de coche al rey Felipe VI, a la legada de éste último a Barcelona, en febrero de 2016, para presidir la inauguración del Mobile World Congress
Carles Puigdemont recibe a pie de coche al rey Felipe VI, a la llegada de éste último a Barcelona, en febrero de 2016, para presidir la inauguración del Mobile World Congress. / Efe

El rey Felipe VI de Borbón protagoniza este miércoles, 28 de junio, una sesión solemne del Congreso de los Diputados para celebrar el 40º aniversario de las primeras elecciones democráticas, el 15 de junio de 1977. La principal finalidad política del acto, al que están invitados todos los presidentes autonómicos, así como el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que no es diputado, consiste en realizar un serio llamamiento a la unidad frente a los independentistas catalanes. El Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, considera conveniente utilizar el prestigio del Rey en una campaña institucional por la unidad, según reconocen personas cercanas a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.

Ya el pasado viernes Rajoy se declaró dispuesto a iniciar el diálogo con el secretario general socialista, a quien aún no ha contactado desde su reelección, para tratar de encontrar puntos de vista comunes sobre las cuestiones más acuciantes del panorama nacional. “No he hablado (con Sánchez) pero estoy dispuesto a hablar cuando él lo desee”, manifestó el presidente del Consejo de Ministros en una rueda de prensa posterior al Consejo Europeo celebrado en la Bruselas.

El jefe del ejecutivo recalcó que el líder socialista, y jefe de la oposición, y él tienen que hacer un esfuerzo para entenderse, porque “hay cuestiones de Estado que están ahí”, como es el caso catalán y la postura del PSOE sobre la plurinacionalidad del Estado. Rajoy aseguró que va a hacer el máximo esfuerzo –“tenga la total y absoluta certeza de que yo lo voy a hacer”, dijo– tanto sobre esta cuestión como sobre el rechazo al CETA. El primer contacto se producirá sin duda el miércoles 28 durante la sesión solemne para festejar el 40 aniversario de aquellas primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, el 15-J.

Unos 25 millones de españoles del total de 46,5 millones de personas que viven en el Reino de España no habían nacido cuando se celebraron las primeras elecciones libres tras cuatro décadas de dictadura. Entonces, el actual rey emérito, Juan Carlos I, designado por el dictador Francisco Franco como sucesor en la jefatura del Estado a título de Rey, se mostró contrario a que el Partido Comunista de España (PCE), la principal fuerza de oposición al régimen, se presentara a las elecciones.

Juan Carlos I propuso al PCE que se presentasen a los comicios como independientes. Carrillo amenazó con apoyar la República y Suárez legalizó al Partido Comunista

Juan Carlos de Borbón maniobró para que El Partido, como se conocía entonces al PCE, no soliviantara a los militares ni pusiera en riesgo la apertura diseñada por los reformistas del régimen. Llamó y envió un mensaje al presidente de Rumanía, Nicolae Ceaucescu, amigo del secretario general del partido, Santiago Carrillo, para que le transmitiera la oferta de concurrir como independientes a los comicios. Carrillo la rechazó de plano.

Para entonces, según me contó Teodulfo Lagunero, don Juan de Borbón, sucesor dinástico de Alfonso XIII y padre de Juan Carlos I, ya estaba de acuerdo con su hijo en que lo importante era recuperar la Corona de España. El empresario Lagunero era el enviado de Carrillo a negociar con don Juan cuando éste se dejó querer por la Junta Democrática. En su opinión, “a los Borbones les importaba tres huevos el destino de los españoles, lo que querían era recuperar la Corona, la jefatura del Estado y los privilegios”.

Carrillo fue a Bucarest a hablar con Ceacescu y, tras conocer la oferta de Juan Carlos, regresó a París, donde tenía su residencia, y convocó una rueda de prensa para dejar claro que si el monarca instalado por Franco excluía al PCE, los comunistas (eurocomunistas) apostarían por la República. Tras aquel rechazo sería Adolfo Suárez, designado por el rey para instaurar el sistema democrático, quien comprendería que una democracia sin la mayor fuerza real (y casi única) de oposición a la dictadura, carecería de credibilidad, de modo que se armó de valor y, como bien sabemos por los vídeos de Victoria Prego, acabó legalizando al PCE mes y medio antes de las elecciones del 15-J.

Esto no quita para que Juan Carlos de Borbón sea considerado el restaurador de la democracia tras cuatro décadas de dictadura. De hecho, una vez consagrada la Monarquía como forma de Estado en la Constitución de 1978 con el refrendo de las fuerzas dinásticas (incluido el PCE) y de la mayoría del pueblo español, el Rey se ganó la corona haciendo frente, con su ayudante militar Sabino Fernández Campos, al golpe de Estado militar el 23 de febrero de 1981. La frase de que “el Rey se ganó la Corona aquella noche, con el Congreso y el Gobierno secuestrado por los golpistas a mano armada”, no por cierta deja de ser exacta.

Las elecciones del 15 de junio de 1977 estuvieron marcadas por las amenazas de los franquistas y los golpistas. La matanza de Atocha y la ultraderecha campando por las calles, con una estrategia de desestabilización social y de terror perfectamente calculada, alimentaron el miedo a la democracia y retrajeron el voto a la izquierda, especialmente al PCE, que se quedó en el 9,3% de los votos y 19 de los 350 escaños. Los resultados no hicieron justicia a la hegemonía del partido en el mundo sindical y universitario, y habrían sido más decepcionantes sin la solidez del PSUC en Cataluña.

En 1977, a los 14 años eras mayor para trabajar. A los 16 podías ir a la cárcel. A los 18 te llamaban a la mili, para servir dos años a la patria… pero no te dejaban votar hasta los 21 años

En aquellas elecciones solo pudieron votar los mayores de 21 años. Entonces se era mayor de edad a los 14 años para trabajar, te podían meter en la cárcel a los 16, te llamaban a la mili, que era de dos años, a los 18, pero no te dejaban votar hasta los 21. Las votaciones se celebraron sin grandes alteraciones. Pero el escrutinio era muy lento y los primeros resultados pintaban mal para el presidente Suárez y su improvisado partido, la Unión de Centro Democrático (UCD).

El entonces subsecretario de Suárez y experto en el dispositivo electoral del Ministerio de Gobernación, José Manuel Otero Novas (había estado con Manuel Fraga en Gobernación) manifestaba sus dudas sobre el triunfo electoral. Y eso que en Galicia, de donde el propio Novas era natural (nació en Vigo en 1940) se acarrearon (otros prefieren la expresión: “Metieron de extranjis”) más de 100.000 votos a favor de la UCD. Suárez lo tranquilizó diciendo que ya lo arreglaría él. Fue una madrugada larga, en la que se registraron contactos y cabildeos con los dirigentes del PSOE, cuyo jefe electoral era Alfonso Guerra. Finalmente el resultado fue favorable a la UCD con el 34,4% de los votos y 165 escaños, seguida por el PSOE de Felipe González, con el 29,3% de los votos y 119 diputados.

Los socialistas aparecían como una fuerza unitaria (y federal) frente al magma de grupos de la unión del centro constituida por Suárez cinco semanas antes de las elecciones y que no pasaba de dos mil afiliados. Casi la mitad de sus candidatos eran “independientes” que procedían de sectores moderados del franquismo. Destacaban “los azules”, capitaneados por Rodolfo Martín Villa, el propio Suárez y su amigo Fernando Abril Martorell. Otros procedían del Partido Popular de José María de Areilza (quien se fue con Fraga) y Pio Cabanillas Gallas. Estaban los demócrata-cristianos de Fernando Álvarez de Miranda y Landelino Lavilla, los liberales de Joaquín Garrigues e Ignacio Camuñas, los socialdemócratas de Francisco Fernández Ordóñez. La leche materna (el dinero) fluía de algunas empresas estatales como la Unión de Explosivos Riotinto que manejaba Leopoldo Calvo Sotelo.

A la derecha de la UCD, la Alianza Popular (AP) de Fraga atrajo a la mayor parte del voto inmovilista, consiguiendo el 8,8% de las papeletas y 16 diputados. Trece de ellos habían sido ministros con Franco. Con la disolución de la UCD en 1982, gran parte de los azules, democratacristianos y liberales acabaron coaligados con la AP de Fraga en 1986.

Las primeras elecciones a la salida del franquismo también demostraron la realidad insoslayable de España como nación de nacionalidades. Los nacionalistas catalanes se agruparon en el Pacte Democràtic per Catalunya de Jordi Pujol, consiguiendo el 2,8% de los votos y 11 diputados y el PNV de Xabier Arzalluz alcanzó el 1,7% del voto y 8 escaños. Me contó el general Andrés Casinello, persona de confianza de Adolfo Suárez en los servicios de inteligencia del Estado, cómo fue a ver a Josep Tarradellas, el presidente de la Generalitat, exiliado en Francia, y le transmitió el mensaje de que volviera. La impresión de Casinello ante aquel hombre humilde, cordial, bondadoso, grande, la cabeza en torre, fue extraordinaria. Aceptó regresar.

Casi la mitad de los 18,5 millones de personas que votaron aquel 15-J, ha muerto. Y más de la mitad de los 46,6 millones de españoles de hoy, aún no había nacido

La respuesta de Tarradellas llenó de alegría al propio Suárez y a quienes con él compartían la idea de reponer la legitimidad democrática cuanto antes, por delante de la norma, entendida como el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña. El propio Martín Villa realizó los preparativos de la vuelta de Tarradellas, quien encarnaba esa legitimidad histórica y democrática catalana. En cambio, la operación no fue posible con el vasco José Antonio Aguirre. “Rodeado de precauciones y guardaespaldas, ni siquiera aceptó una entrevista conmigo”, recordaba Casinello, quizá el hombre más leal que tuvo Suárez en 1977.

Cuarenta años después de aquellas primeras elecciones, casi la mitad de los 18,5 millones de españoles que fueron a votar (el 78,7% del censo) ya han fallecido. De los que pudieron votar entonces por contar más de 21 años y tienen ahora más de 61 años quedan vivos 9,7 millones de españoles. España tenía 36,2 millones de habitantes en 1977. Hoy tiene 46,6 millones. Más de la mitad, concretamente 25.396.625 personas, no habían nacido aquel 15J, cuya efemérides se celebra ahora con un discurso del rey Borbón para llamar a la unidad frente al independentismo catalán.

  • florentino del Amo Antolin

    En este País, con dos Repúblicas y unas cuantas dictaduras.. No se puede demostrar entero y verdadero nada; pero se debe dejar de lado las imposiciones del Nacional catolicismo y recuperar el valor de aceptar lo inevitable. Vamos a ver.. En que referéndum decidió Catalunya pertenecer al estado Español?.. Y Navarra?.. Y Galiza ?. En los centros educativos, se debe enseñar sin ningún miedo una realidad oculta por la patina de las dictaduras habidas hasta la fecha. Todos debemos colaborar de una forma u otra; no echar la culpa a los Nacionalismos, porque el peor de todos ellos es el impuesto de una forma unilateral!.

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