Los disidentes del PSOE: por qué Sánchez no logra pacificar al grupo parlamentario

Antonio Trevín dimite por diferencias con Sánchez
El diputado asturiano Antonio Trevín renunció a su escaño el lunes por diferencias con Pedro Sánchez. / FSA-PSOE (Flickr)

Ni integrar todas las corrientes en la dirección de grupo, ni un primer discurso conciliador. Nada le ha servido a Pedro Sánchez para evitar la fuga de algunos diputados susanistas del grupo socialista parlamentario. Ya han sido dos los que han entregado el acta por sus diferencias con el dirigente: el asturiano Antonio Trevín, que lo hizo este martes, y el vasco Eduardo Madina, que anunció su marcha a finales de julio. El nuevo secretario general no ha logrado seducir a los críticos ni pacificar el fracturado grupo parlamentario.

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Pedro Sánchez no ha podido cambiar la composición de este órgano como sí ha hecho con otros como la Ejecutiva y el Comité Federal, donde apenas ha habido integración. Al no tener escaño con el que enfrentarse a Rajoy, el grupo se ha convertido en imprescindible para visibilizar la oposición al Gobierno. Sin embargo, los números juegan en su contra: de los 84 diputados socialistas, solo 19 se declararon fieles a Sánchez en la campaña por las primarias.

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Antonio Trevín fue, precisamente, uno de los susanistas convencidos. Este martes ha presentado su dimisión ante el secretario general del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, Rafael Simancas, alegando un cambio en “la estrategia parlamentaria” que no comparte, aunque reconoce “la legitimidad”  de esta modificación. Lo mismo expresó Eduardo Madina en un comunicado el pasado 28 de julio, cuando deseó “la mayor de las suertes” al nuevo secretario general.

Tras la victoria en primarias de Sánchez, el primero en presentar una renuncia fue el entonces portavoz del grupo parlamentario, Antonio Hernando, que  dejó su cargo (aunque no su escaño) minutos después de que se conociesen los datos de la votación. Según fuentes parlamentarias, se mostró muy colaborador con el nuevo equipo cuando se inició el traslado de poderes con la nueva dirección parlamentaria, aunque nadie ignora que es uno de los perfiles más complicados tras la “traición” al secretario general defendiendo la abstención al gobierno de Rajoy. Sin embargo, Hernando es un experto equilibrista político.

Sabiendo Sánchez que sería imposible controlar al grupo, decidió abrir la mano e integrar a todos los sectores en la dirección. Mientras eligió a una fiel como portavoz, Margarita Robles, lo compensó colocando a Rafael Simancas, que había apoyado a Patxi López, como candidato a secretario general. También hubo sitio para el susanismo, representado por Felipe Sicilia como secretario adjunto.

Una brecha que no se acaba de cerrar

Sin embargo, esta buena voluntad inicial no acabó de calar en algunos díscolos, que observaron maniobras que no les convencen. Por un lado, el cambio de decisiones en temas como el acercamiento a Podemos o la abstención al CETA, cuyo cambio de postura fue anunciado por la nueva presidenta del PSOE, Cristina Narbona, por Twitter. “No reconozco a este PSOE”, se lamentaba un diputado tras las primeras modificaciones.

Por otro lado, el hecho de que Sánchez eligiera a Margarita Robles como portavoz tampoco gustó a los críticos, que preferían un perfil más pacificador. El problema no fue que la jueza no sea afiliada, sino que fuera una de las defensoras más acérrimas de Sánchez y una de las diputadas del ‘no’ a Rajoy, que abrió una brecha en el partido que aún no se ha cerrado y que supuso incumplir la disciplina de partido.

De hecho, el pasado 23 de mayo Robles protagonizó algunos de los roces más sonados, precisamente con Trevín, en la comisión de Interior. Se debatía la Ley de Precursores de Explosivos y la diputada le preguntó en público a la portavoz socialista en este asunto, Ana María Botella, por qué se votaba en contra, lo que hizo estallar al diputado asturiano, que consideró ese gesto una desautorización.

Los díscolos

Desde que Sánchez llegó a Ferraz ha ido moldeando los órganos a su gusto, como suelen hacer los nuevos dirigentes. Esto se tradujo en que las portavocías volvieron a sus fieles, tras ser arrebatadas cuando llegó al gestora tras el comité de 1 de octubre, y algunos diputados que no le fueron favorables fueron desplazados al gallinero, la última fila del hemiciclo.

Pese a que el grupo ha ido alcanzando poco a poco la normalidad, no se han subsanado todas las relaciones que se han roto en el último año. Las primarias fueron tan tensas, que partieron el grupo en dos. Susana Rodríguez, Antonio Pradas o Miguel Ángel Heredia fueron algunos de los más fieles defensores de Díaz.

Pero tras la victoria de Sánchez, algunos no se callaron y expresaron sus dudas al secretario general, como el veterano Cipriá Ciscar, que antes de que se formase la nueva dirección del grupo, le pidió que tuviera “en cuenta” su composición, en una advertencia velada para recordar a Sánchez que el grupo parlamentario es mayoritariamente susanista.

Tampoco han ayudado ciertas maniobras de Sánchez, que sacó de la dirección del grupo a la manchega Isabel Rodríguez para confiarle la portavocía de Justicia, a pesar de que incluso los sanchistas reconocían su buen trabajo en los últimos meses. Quien no quiso poner su cargo a disposición de la nueva dirección fue el secretario segundo de la Mesa del Congreso, Juan Luis Gordo. Sánchez decidió mantenerlo y no forzar su salida para no crear más problemas.