CATALUÑA / Las posturas sobre el 1-O parecen más alejadas que antes de la crisis

Tierra de paz, palabras de guerra

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Tras el atentado del pasado jueves en Barcelona y en Cambrils tanto Ada Colau, alcaldesa de la capital catalana, como Carles Puigdemont, president de la Generalitat de Catalunya, comparecían en público para explicar que actos de barbarie terrorista como los que han costado la vida a 14 personas y herido a más de 100, no amedrentarán ni doblegarán a ese territorio, ya que "Cataluña siempre ha sido, es y sera una tierra de paz y de bienvenida". Sin embargo, a la hora de los agradecimientos, el mandatario autonómico tan sólo citaba al Sistema d'Emergències Mèdiques, a la Guàrdia Urbana y a los Mossos d'Esquadra, que desempeñaron de manera ejemplar su papel en una situación tan compleja y delicada como la provocada por el atropello terrorista de Las Ramblas.

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Ni una palabra para la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que inmediatamente después del atentado se desplazó a la capital catalana. Tampoco, por supuesto, para Mariano Rajoy, al que le llevó varias horas suspender sus vacaciones en Galicia y viajar a Cataluña, y que no compareció en rueda de prensa hasta pasadas las 24h00. Además su alocución (ver vídeo) estuvo exenta de cualquier gesto de acercamiento, un protocolario apretón de manos con Puigdemont, y la insistencia en la importancia de la "unidad de todos". El viejo discurso.

Tras tantos meses de tensión, las espadas siguen desenvainadas. Además, esta brutal crisis y el ejemplar desempeño de los cuerpos de seguridad catalanes y de su sistema sanitario, han reforzado la convicción de los ya convencidos de que Cataluña es una nación capaz de iniciar su andadura en solitario, siempre con la esperanza de que el País Valenciano y Baleares se sumen rápidamente a su proyecto.

Tampoco la llegada del rey Felipe VI, con una actitud más próxima a la gente que lo que habituaba su padre, improvisando en ocasiones sus discursos y multiplicando sus actividades (asistencia al minuto de silencio, momento de recogimiento ante el altar por las víctimas en Las Ramblas, visita a las víctimas en los hospitales...) ha tenido ningún eco por parte de las instituciones catalanas, que ahora se encuentran en manos de representantes del ala dura proindependentista, que sale reforzada de esta crisis.

El "incidente Zoido"

Por si la situación no fuese suficientemente tensa, Juan Ignacio Zoido, ministro del Interior y tercera personalidad del Estado que se desplazó a Cataluña, como su cargo exige, anunciaba el viernes 19 de agosto que se mantenía el nivel 4 --sobre cinco--, de alerta antiterrorista, y anunciaba que la célula terrorista responsable de las acciones de Las Ramblas y de Cambrils, había quedado desarticulada.

La respuesta llegó, rápida como un latigazo. "No quiero contradecir al ministro Zoido ni mucho menos, pero esta es una investigación que se está llevando a cabo desde los Mossos d'Esquadra", manifestaba Joaquim Forn, conseller de Interior de la Generalitat, quien agregó que: "El Govern no dará por desarticulada a esta célula terrorista hasta detallar el paradero de todas las personas que forman parte de ella".

La reacción debió de provocar serias tensiones entre el Ministerio y la Consellería, porque forzó la intervención del propio Puigdemont para explicar que "no hay discrepancia entre cuerpos policiales" y que "a lo mejor el ministro no se ha expresado correctamente", pero que en cualquier caso  "todos compartimos la idea que ha expresado el conseller" Forn --figura clave para la celebración del referéndum del 1-O-- y que, de todas formas, "la versión que se tiene que dar sobre la actuación policial la tienen que hacer los Mossos". Un bonito zasca.

Catalanas y españolas

Para culminar esta oda al desencuentro, Forn daba la relación de víctimas mortales identificadas, haciendo la distinción entre las catalanas y las españolas: "Hay 13 muertos, de los cuales hemos identificado ya a siete personas: una mujer italiana, una mujer portuguesa, una mujer con doble nacionalidad española y argentina, dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española".

En cualquier caso, estos datos demuestran que, a pesar de lo que hubiese cabido esperar tras un acontecimiento tan traumatizante como los atentados del 17-A, las posturas siguen tan alejadas como en los días previos a estos luctuosos sucesos, con la salvedad de que las tornas parecen haberse invertido y ahora son los proindependentistas quienes han logrado situarse, gracias a sus aciertos, en una situación de fuerza.

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