EDUCACIÓN / Ya hay 515 centros públicos bilingües en la Comunidad de Madrid

Bilingüismo en las aulas: ¿la solución para aprender inglés o aberración educativa?

SARA MONTERO | Publicado: - Actualizado: 10:07

El bilingüismo, a debate
Cristina Cifuentes inauguró el curso escolar 16/17 en el colegio bilingüe de Carmen Laforet. / Comunidad de Madrid (/Flickr)

En el curso 2004/2005, la Comunidad de Madrid comenzó a implantar el sistema de enseñanza bilingüe en la que fue pionera respecto al resto de España. Transcurridos 13 años, aquel plan que parecía la solución al viejo complejo español con el aprendizaje del inglés, divide a la comunidad educativa entre los que lo consideran un éxito y los que creen que es un fracaso. La presidenta, Cristina Cifuentes, pretende extenderlo también a la etapa de 3 a 6 años de Educación Infantil.

“Hay 17 comunidades autónomas con modelos distintos de bilingüismo. El de la Comunidad de Madrid, con todas sus deficiencias, sigue siendo el mejor de todos”, explica Xavier Gisbert, actual presidente de la Asociación Enseñanza Bilingüe, que se incorporó al gobierno madrileño en 2004 y coordinó el programa en 2007. Este método no ha parado de crecer desde su inicio. Si en el curso 2004/05 comenzó con 26 colegios públicos, actualmente lo cursan 365 colegios y 150 institutos, lo que supone que para septiembre cerca de la mitad de sus colegios públicos (46,5%) y más de la mitad de sus institutos (50,3%) estarán en este programa. Además, se ha extendido también a la Formación Profesional en cinco ciclos formativos de Grado Superior. La inversión ha crecido al mismo ritmo. Mientras que en 2004 se destinaron cuatro millones, en 2017 la cifra ascendió hasta los 37 millones de euros.

El pasado junio los primeros alumnos de este programa que han cursado todas las etapas hicieron la Prueba de Acceso a la Universidad. Los resultados que arroja la Comunidad de Madrid son contundentes: “Los alumnos -1.148 de 32 centros- procedentes del programa bilingüe han obtenido 0,78 puntos más que la media de la Comunidad, 7,28 frente a 6,50, en la fase general de la PAU de 2016”. Sin embargo, algunas voces críticas alertan de que los números pueden engañar: “Esas son las notas de los niños que ya han sido segregados. Los que han fracasado se van del sistema bilingüe en segundo de la ESO y no llegan a tercero, pero se han quedado muchos por el camino. No se ha evaluado la repercusión de este sistema en cuestiones como la igualdad o la integración”, explica José Carlos Tobalina, maestro y miembro de Acción Educativa para la Renovación Pedagógica.

Frente a unas cifras positivas, los problemas aparecen cuando se pone el ‘zoom’ en la vida cotidiana en las aulas. María (nombre ficticio) lleva cuatro años dando clases de Historia tanto en inglés como en castellano a alumnos de la ESO: “Mi experiencia con el bilingüismo es negativa. Si el único objetivo es aprender lengua inglesa, entonces funciona bien, pero si es adquirir conocimientos en asignaturas como Ciencias o Historia, es un fracaso”. Esta profesora habla de libros que simplifican contenidos, alumnos que se distraen con más facilidad porque no son capaces de seguir la clase en otro idioma y de conceptos específicos que se sacrifican en favor de la lengua: “No tiene sentido que tenga que hablarles del ‘Tagus river’ en vez de del Tajo. Además se empobrece el español. Los historiadores llevan años discutiendo sobre si un pronunciamiento es lo mismo que un golpe de estado y llega el bilingüismo y decide que sí. Lo mismo ocurre con la desamortización, que es traducida como confiscación, pero es una traducción mala porque la palabra desamortización corresponde a un periodo muy concreto de la historia de España”, ejemplifica esta profesora.

Aunque por el momento son escasos, sí que hay estudios que cuestionan el sistema de enseñanza bilingüe, como el que publicó la Fundación de Estudios de Economía Aplicada en 2013 y que analizaba los resultados en las pruebas de nivel CDI que se realizan en sexto de primaria. Comparaba los resultados entre pupilos bilingües y no bilingües de las dos primeras promociones del programa. Sus conclusiones apuntan a algunos fallos del sistema. El primero, relativo a la cultura general o las ciencias: “Parece que el esfuerzo adicional que se hace al aprender inglés utilizándolo como idioma de enseñanza en una asignatura que no es la lengua inglesa tiene como coste un peor desempeño al aprender esa asignatura”.

El segundo incide directamente en la importancia de las condiciones socioeconómicas del alumno para triunfar en esta modalidad. Según sus conclusiones, aquellos cuyos padres no tienen estudios superiores tienen más riesgo de fracasar al no tener ese refuerzo lingüistico en casa. “Algunos padres reconocen que no pueden ayudar a sus hijos porque no comprenden los ejercicios y no todo el mundo puede pagar un profesor particular”, explica María.  En asignaturas no bilingües como las Matemáticas o la Lengua los resultados eran similares. 

“El argumento de la segregación es el más manido de todos. Si en primaria empieza el 100% de los alumnos a recibir enseñanzas bilingües y pudiendo elegir centro no sé dónde está la discriminación”, asevera el presidente de la Asociación Enseñanza Bilingüe. Tobalina le sale al paso con una batería de preguntas: ¿Qué ocurre con los niños con necesidades especiales que quedan fuera de los programas? ¿Por qué hay ratios mayores en las aulas en castellano y menos niños en las bilingües? ¿Por qué a estos profesores se les paga un plus? No todas las familias tienen los mismos recursos”. Los profesores que dan clase de inglés reciben un pequeño aumento en el sueldo por considerar que necesitan más tiempo para preparar las clases, al igual que los que tienen, por ejemplo, una tutoría.

María Teresa Rosero es profesora de inglés en un colegio público y discrepa en algunos puntos con sus ‘colegas’: “Los niños que salen de los centros bilingües tienen mucho mejor nivel que los no bilingües. Yo sí creo que cuanto antes se introduzca una lengua, más natural será para el niño”, contraargumenta: “Antes del sistema bilingüe solo aprendían inglés los alumnos cuyos padres podían pagarles una academia, un viaje de inmersión a Inglaterra o una Au per”.

El profesorado, también dividido

La formación del profesorado que enseña en inglés es otro de los grandes ‘hándicaps’ que encuentran los críticos de este sistema, según ‘La encuesta al profesorado sobre el Programa Bilingüe de la Comunidad de Madrid’ de UGT, que apunta a que “un 73% de los encuestados considera insuficiente la oferta formativa en bilingüismo para el profesorado”. Sin embargo, Gisbert sí valora el alto nivel de los profesores de Madrid: “El ministerio pide un B2 y en muchas comunidades también. En Madrid el profesorado tiene más nivel porque les exigen un C1”.

David Cervera, subdirector de Programas de Innovación de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, despliega la lista de los recursos disponibles para los profesores: “Tenemos cursos para profesores que duran entre dos a cuatro semanas y una formación online que empiezan en octubre y acaban en mayo. Además ofrecemos planes de inmersión lingüistica en verano. Solo este julio, hemos formado a 2.340 docentes”. Sin embargo, para aquellos que tienen menos de un B2, recomienda apuntarse a cursos en la Escuela Oficial de Idiomas que, aunque son económicos, el coste corre a cargo de los maestros.

María reconoce también las dificultades del lenguaje específico de cada materia: “Yo soy profesora, no traductora y mi carrera la he estudiado en español. Cuando tengo alguna duda muy concreta sobre una palabra, a veces los asistentes tampoco pueden ayudarme porque saben inglés, pero no saben nada sobre la historia de España. Por ejemplo, si tienes un asistente de Estados Unidos no sabe nada de historia europea”.

Algunos profesores sin habilitación también sienten un agravio comparativo respecto a los compañeros que sí la tienen, tal y como afirma Isabel Galvín, de Comisiones Obreras: “Dentro de las listas de interinos, a veces se ha dado la situación de que a los profesores con la habilitación les llaman antes que a la gente que ha sacado más nota en su especialidad, pero sin inglés. Esto pasa mucho en materias como Dibujo, Educación Física o Música, pero las demás también”. En cambio, Cervera lo explica como un criterio más dentro de los requisitos que se les pide habitualmente a los interinos, como la experiencia.

Alternativas al bilingüismo

Ninguna fuente consultada niega la importancia de aprender inglés, pero discrepan en el cómo. “La UNESCO recomienda no introducir una segunda lengua si aún no se tiene desarrollado el pensamiento abstracto en la lengua materna. Esto suele suceder en torno a los 11 años. Se confunde manejar fonéticamente una lengua con ser capaz de construir un pensamiento con ella”, explica con Tobalina con preocupación. María coincide en el diagnóstico: “Los alumnos que han estado siempre en programas bilingües tienen más problemas para elaborar una argumentación en español o para redactar”, asegura en base a su experiencia personal. Sin embargo, esta profesora también reconoce los puntos positivos del sistema: “La asignatura de Inglés avanzado funciona muy bien. Comprenden mejor la lengua y no se limitan a memorizar vocabulario o gramática como en mi época”, explica.

Ver películas subtituladas, escuchar y cantar canciones en inglés o usar la lengua para profundizar en la cultura anglosajona son técnicas que recomiendan todos los expertos. “Hay experiencias alternativas en las escuelas europeas. A partir de los 8 años reciben ‘duchas lingüísticas’. Introducen otras lenguas en juegos, canciones para contar una determinada historia o en determinados momentos no ligados a asignaturas concretas. Cuando llegan a secundaria ya están preparados para aprender otra lengua”, aclara Tobalina.

Maria Teresa Rosero también trabaja en proyectos alternativos en su colegio, no bilingüe y situado en el sureste de Madrid: “Existen programas como el Erasmus + que mejoran la competencia lingüistica. Por ejemplo, en el Acción K1 y el K2 varios colegios europeos se coordinan para llevar a cabo un proyecto común. Si en mi centro tengo una población migrante se trabaja sobre integración, pero siempre en inglés. También son muy útiles plataformas como la eTwinning, en la que los alumnos de varios centros europeos pueden hacer trabajos de arte, música o cultura relacionándose con otros niños europeos y a través de llamadas de ‘skype’.

El sistema bilingüe está en plena discusión en una comunidad tan rica en ideas como la educativa. Las dudas se plantean en todo tipo de foros. De hecho, el próximo octubre, la Asociación de Enseñanza Bilingüe celebrará el IV Congreso internacional de enseñanza bilingüe en centros educativos, cuyo lema es ‘La enseñanza bilingüe a debate’. La polémica está servida.

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